NUESTRA
OPINIÓN
-
Certificación de Veracel por el FSC: ¿un
punto de inflexión o todo sigue igual?
Durante
más de una década, el WRM ha recogido, producido y difundido información
y análisis sobre el impacto social y ambiental
de las plantaciones de madera rápida
(“fast wood”), definidas como monocultivos de árboles de rápido
crecimiento en gran escala. Asimismo, hemos destacado que esas
plantaciones no deberían ser certificadas, y pusimos
el énfasis en el Consejo de Manejo Forestal (FSC, Forest Stewardship
Council), por ser éste el organismo que ha certificado la mayoría
de tales plantaciones.
Pese
a haber iniciado
en setiembre de 2004 una revisión de la certificación de plantaciones,
el FSC ha continuado certificándolas, afectando así su propia
credibilidad y debilitando las luchas locales contra las mismas.
El grupo de trabajo creado para estudiar el tema presentó su informe
final a la Junta Directiva del FSC en octubre de 2006, pero nada
parece haber cambiado desde entonces y el FSC ha seguido certificando
plantaciones incertificables.
En
este contexto, la firma certificadora SGS, acreditada por el FSC,
comenzó a llevar adelante el proceso de certificación de una empresa
-Veracel Celulosa- con una larga y comprobada historia de impactos
sociales y ambientales negativos en Bahía, Brasil (ver el artículo
siguiente). La noticia sobre la posible certificación de Veracel
provocó fuertes
reacciones de numerosas organizaciones del estado de Bahía y de
otras partes de Brasil, que durante años han sufrido el impacto
de éstas y otras plantaciones “fast wood” y realizado campañas
contra ellas. Aunque nunca fueron formalmente “consultadas” por
SGS, igualmente lograron hacerse oír.
En
apoyo a su lucha, varias organizaciones (entre ellas el WRM) manifestaron
su preocupación a la junta directiva del FSC en una carta (disponible
en inglés en:
http://www.wrm.org.uy/countries/Brazil/Letter_Board.html)
de fecha 6 de julio, en la que invitaban a los miembros de la
junta a visitar la zona acompañados por representantes de organizaciones
brasileñas. “Durante la visita”, decía
la carta, “podrán reunirse con comunidades locales y conocer de
primera mano su opinión sobre las plantaciones y su percepción
acerca de la empresa que procura la certificación”.
“Tal
visita”, agregaba la carta, “les permitiría comprender mejor por
qué tantas organizaciones de todo el mundo se oponen a la certificación
de plantaciones como éstas y por qué el FSC pierde credibilidad
cada vez que certifica plantaciones como la de Veracel”.
Sin
embargo, la junta rechazó la invitación, respondiendo que “No
consideramos que sea apropiado ni que sea el papel de la junta
intervenir en un proceso de consulta pública o directamente en
una evaluación de certificación”. (disponible en inglés en:
http://www.wrm.org.uy/countries/Brazil/Board_letter_07.pdf)
La
pregunta obvia es: ¿entonces cuál es el papel de la junta
directiva? ¿El futuro de la escasa credibilidad
que le resta al FSC está en juego y la junta considera que no
es “apropiado” intervenir? ¿Acaso el papel que elige la junta
es el de ignorar la certificación de plantaciones “fast wood”?
Si éste es el caso, entonces tendría mucho sentido la propuesta
de uno de nuestros amigos brasileños, quien dijo: “Nuestra campaña
no debe centrarse en señalar que Veracel no merece la certificación
del FSC; lo que debemos decir ahora es que ¡el FSC y Veracel se
merecen mutuamente!”.
El
caso de las plantaciones de Veracel es absolutamente claro y está
bien documentado. De ninguna manera esos monocultivos pueden considerarse
“un manejo ambientalmente
apropiado, socialmente
beneficioso y
económicamente viable de los bosques del mundo”, y su certificación
claramente violaría el mandato del FSC. Los pobladores locales
(las verdaderas “partes interesadas”) están allí para demostrar
esto a quienquiera que vaya a preguntarles su opinión.
Pero
también es importante destacar que Veracel es apenas una gota
en un mar de millones de hectáreas de plantaciones que ya obtuvieron
el sello del FSC a través de SGS, SCS, Smartwood y otras firmas
certificadoras, que se han burlado del sistema del FSC mediante
procesos de “consulta” en los que nunca participaron los verdaderos
interesados y cuyas evaluaciones jamás tuvieron en cuenta el real
alcance de los impactos sociales y ambientales de tales plantaciones.
Es
claro que Veracel no debe recibir la certificación del FSC, pero
al mismo tiempo es esencial que el FSC deje de certificar plantaciones
“fast wood” y comience a anular la certificación de un gran número
de plantaciones que nunca debieron recibir su sello. Solo entonces
el FSC podrá cumplir con su propio mandato.
inicio
VERACEL: LA HORA
DE LA VERDAD PARA EL FSC
-
Brasil: Veracel y la certificación imposible
La
empresa Veracel Celulose -propiedad de la sueco-finlandesa Stora
Enso y de la noruego-brasileña Aracruz Celulosa- ha iniciado el
proceso para obtener la certificación por parte del FSC de sus
plantaciones de eucalipto en el extremo sur del estado de Bahía,
para lo cual ha contratado a la consultora SGS.
Esto
ha generado una fuerte reacción de más de 300 organizaciones brasileñas
e internacionales, las cuales el 14 de agosto enviaron una carta
al FSC y a SGS (disponible en
http://www.wrm.org.uy/paises/Brasil/Carta_SGS_esp.html) denunciando
a Veracel, impugnando el proceso y reclamando que no se le otorgue
la certificación.
Es
que Veracel tiene un largo prontuario de acciones nefastas para
la zona. Sus plantaciones de eucaliptos han ocupado parte de tierras
que históricamente han pertenecido a la población indígena del
Extremo Sur de Bahía, violando así sus derechos indígenas territoriales.
La tala y el uso indiscriminado de venenos en zonas de nacientes
y ríos han sido prácticas de la empresa que distan mucho de considerarla
“ambientalmente correcta”.
Entre
otros perjuicios denunciados en la carta se señala el problema
con el agua -que está siendo afectada por
los monocultivos forestales de Veracel, tanto en cantidad como
en calidad- y la contribución de la empresa
a la despoblación del medio rural.
Las
organizaciones firmantes de la carta enviada el 14 de agosto impugnan,
además, el proceso de evaluación y reconocimiento realizado por
la empresa certificadora SGS. Contrariamente a lo que podría entenderse
como una verdadera consulta, la certificadora no se puso debidamente
en contacto con las organizaciones sociales de la zona que se
ocupan activamente de los problemas causados por Veracel. El 23
de julio de mañana llamó por teléfono a la organización CEPEDES
–de conocida trayectoria- para informar que sólo disponía de ese
mismo día y el siguiente para celebrar una reunión con las organizaciones
del Foro Socioambiental del Extremo Sur. La inminencia de la fecha
impidió la reunión pues las organizaciones ya tenían compromisos
previos. Y, como se denuncia en la carta, hubo varias organizaciones
que ni siquiera se enteraron del proceso.
Las
escasas organizaciones locales del Foro Socioambiental del Extremo
Sur que recibieron un formulario para responder, enviaron una
carta a SGS solicitando una reunión e invitándola a que realizara
una visita de campo acompañada de organizaciones sociales que
actúan en la zona desde hace varios años, ya que los auditores
enviados por la certificadora eran oriundos de otra región y no
conocían el Extremo Sur de Bahía. Pero SGS no atendió la solicitud.
También
se denuncia que los auditores destinaron apenas cinco días para
realizar la evaluación de campo en las diez localidades que conforman
la zona de actuación de la empresa y que totalizan 1.421.773 km2.
¡Algo humanamente imposible!
Como
afirman las organizaciones denunciantes, “Entendemos que una empresa
como Veracel Celulose, uno de los símbolos del modelo de “desarrollo”
que se impuso de forma arbitraria, ilegal y violenta, que origina
diversas consecuencias negativas y causa violencia, miseria y
hambre a la gente del Extremo Sul de Bahía, no puede ser considerada
ambientalmente correcta, socialmente justa y económicamente viable”.
La
acción conjunta tuvo sus frutos. El 22 de agosto, el Director
Ejecutivo del FSC, Heiko Liedeker, respondió a la misiva enviada
por las organizaciones sociales, expresando su agradecimiento
por el aporte que éstas hicieron al proceso de certificación,
aporte que califica de “valioso”.
También
da cuenta de que dicha información fue enviada a la entidad de
certificación acreditada por el FSC - que evalúa si Veracel cumple
con las normas del FSC- y a los Servicios Internacionales de Acreditación
(ASI, por su sigla en inglés), que tienen la responsabilidad de
acreditar y supervisar a las entidades certificadoras –en este
caso a SGS.
Finalmente,
Liedeker invita a las organizaciones a que sigan enviando información
y planteando sus preocupaciones a las autoridades del FSC.
El
proceso continúa. Quien debía ser escuchado alzó su voz y se hizo
escuchar, a fuerza de organizarse y movilizarse. Los habitantes
del Extremo Sur de Bahía siguen alertas, en espera de que el FSC
diga lo que debe decirse ante los monocultivos industriales de
rápido crecimiento (o plantaciones “fast wood”) de Veracel: que
su certificación es imposible.
Artículo
basado en la carta enviada al FSC y a SGS: “Argumentos que evidencian
que Veracel no debe ser certificada”,
http://www.wrm.org.uy/paises/Brasil/Carta_SGS_esp.html
inicio
- Por qué
motivos no se puede certificar a Veracel,
desde la perspectiva de la sociedad
Una vez más, Stora Enso y Aracruz
utilizan su poderío económico para engañar y engatusar. Además
de engañar y engatusar al pueblo brasileño, ahora están engañando
y engatusando a la sociedad del Norte con el objetivo de aumentar
el precio de sus productos, aumentar sus ventas y por lo tanto,
¡sus ganancias!. Con ese propósito, la empresa de celulosa Veracel
se presentó voluntariamente a la certificación FSC y recurrió
a la empresa SGS ICS, con sede en San Pablo, como certificadora.
Montó
en escena un teatro, en el que los actores pertenecen a la propia
empresa y el público está formado por socios financiados para
mostrar que no hay conflictos. Una vez más, la sociedad se quedó
afuera. Nuevamente, se cuenta la historia de la forma que conviene
a las empresas y por personas sin compromiso ni responsabilidad
con el medio ambiente, el futuro de las próximas generaciones
y del planeta. Frente a esto, la sociedad reacciona y argumenta:
Por
qué
motivos Veracel no puede ser certificada:
Marlene Pataxó, de la Aldea Meio da Mata, en uno de los discursos
de la 6ª Asamblea del Frente de Resistencia y Lucha Pataxó, realizada
los días 17, 18 y 19 de agosto,
relata llorando las dificultades vividas por su gente. “Veracel
dice que tiene una sociedad con los indios Pataxó, esto es una
mentira; esa empresa invadió nuestro territorio y plantó eucaliptos.
Eso le costó muy caro a nuestra gente, que ahora vive acorralada
y con miedo porque la empresa tiene seguridad privada dentro del
eucaliptal para impedir que los indios ejerzan su derecho de ir
y venir libremente según nuestra cultura, nuestros hábitos. Nuestras
nacientes y nuestros ríos están contaminados por el veneno usado
en la plantación. Soy madre de 14 hijos, necesito asegurarles
sus derechos y su sustento. Por lo tanto, imploro a las autoridades
que determinen el fin de la plantación de eucalipto en nuestras
tierras, que están bajo dominio de la empresa Veracel Celulose,
la que continúa agrediendo a nuestro medio ambiente. Una empresa
que actúa de esa forma y que provoca la muerte de mi gente nunca
podrá recibir una certificación”.
El
Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra -MST-
propone
que las tierras brasileñas se destinen a los trabajadores brasileños
y no a empresas como Veracel, que se apropian de nuestros recursos
naturales, explotan nuestra fuerza de trabajo y envian sus ganancias
para fuera de Brasil. “Precisamos sembrar alimentos para alimentar
a nuestra gente”, dice Cabacinha, integrante del MST. Para él,
es una vergüenza que una región como ésta, con tantas riquezas
naturales y con un clima propicio para la agricultura, tenga a
tanta gente que pasa hambre. “El avance del eucalipto expulsa
a los pequeños productores agrícolas, ya sea por la presión del
agronegocio o por el aislamiento en medio del desierto verde”,
dice Evanildo Costa, integrante de la dirección estadual del MST.
Eliezer Lucas Tavares Leite, ingeniero agrónomo y agricultor,
afirma que certificar a la empresa Veracel significa continuar
masacrando a la gente y condenarla a muerte. “Fuimos los mayores
productores de frutas del mundo. El número de empleos generados
anualmente para la población era de 28.497. No podemos de ninguna
forma compararlo com el número irrisorio de empleos generados
por la empresa que es de apenas 741. Muchas familias están pasando
hambre, la violencia crece día a día. Con la certificación en
su poder, la empresa seguramente aumentará la plantación de eucalipto,
comprometiendo aún más nuestro sustento”.
Melquíades Spínola, ambientalista e integrante de CEPEDES, recalca
que estamos frente a un 'infierno verde' porque nada sobrevive
a esta destrucción. “La naturaleza y las personas están agonizando.
Falta trabajo, falta comida, falta la belleza escénica a la que
tenemos derecho. Aquí, en la región del extremo sur, después de
la plantación de eucaliptos
se produjo una violenta reducción de la biodiversidad, exterminio
de fauna y flora, disminución de los cursos de agua, contaminación
del suelo y del agua por el uso exagerado de venenos. Varios rios
y arroyos se están secando. Están plantando eucaliptos
dentro de las ciudades, dentro de cementerios y en zonas de Preservación
Permanente,
lo cual
está prohibido por ley; o sea, ellos no respetan ni a vivos ni
a muertos. La gente perdió su tierra, su cultura y está perdiendo
su dignidad”. Y agrega: “La única cosa perfecta en Veracel es
la mente fértil y la capacidad intelectual de los directores y
funcionarios de la empresa para inventar tanta mentira, tanto
engaño, así como la competencia para esconder la verdad, los delitos
cometidos. Es un crimen contra la humanidad conceder la certificación
a una empresa como Veracel”.
El
avance del eucalipto en la región sur de Bahía, por parte de la
empresa Veracel Celulose, está causando bastante preocupación,
afirman los representantes de CIMI, región sur, Comisión Pastoral
de la Tierra, Centro de Estudios y Acción Social, Movimiento de
los Trabajadores sin Tierra, Cédula de la Tierra - Sur, Juventud
Campesina e indios Tupinambá. Se constató que la "plaga"
ya llegó a algunas poblaciones de la región sur, perjudicando
el sustento de los trabajadores
del campo. “La reforma agraria está siendo inviabilizada
por la falta de tierras en el extremo sur y también lo está en
la región sur de Bahía”, relata Jairson, integrante de la
Federación de los Trabajadores
de la Agricultura (Fetag/Ba)
y del Sindicato de los Trabajadores Rurales.
Organizaciones del sur y del extremo sur de Bahía se reunieron
para lograr
un emprendimiento regional protagonizado por la sociedad rural
y urbana en el que las actividades no utilicen solo la racionalidad
económica sino la racionalidad ambiental y humana, compatibles
con la cultura de la población local y la sustentabilidad social
y ambiental.
Por todo esto, la sociedad toma una posición muy firme: las plantaciones
de árboles no son BOSQUES y no deben certificarse por los motivos
antes expuestos y además, porque expulsan
directa e indirectamente a la gente del campo, principalmente
a los pequeños productores rurales, causando falta de alimentos
y aumento de los precios de los mismos; concentra la tierra en
manos de pocos, dejando a la mayoría de la gente sin oportunidades
de conseguir su sustento; aumenta el desempleo en el campo; aumenta
el número de familias desempleadas en las periferias de las ciudades;
aumenta la violencia y la prostitución; es decir, provoca desequilibrio
social, ambiental y económico.
Enviado por: Ivonete Gonçalves, correo electrónico:
cepedes@cepedes.org.br
inicio
COMUNIDADES
Y BOSQUES
-
Bangladesh: el bosque fortificado de Modhupur
El
libro de Philip Gain, Stolen Forests, publicado en 2006,
denuncia las nefastas consecuencias de la introducción de plantaciones
en los bosques nativos de Bangladesh (monocultivos de teca, hevea,
eucalipto y acacia).
A
excepción de los Sundarbans, las plantaciones de monocultivos
se han expandido rápidamente en los últimos tiempos sobre todas
las regiones boscosas de Bangladesh. En
el marco de la rápida expansión de monocultivos
forestales que ha tenido lugar en el
mundo entero. Los proyectos de plantaciones
son llevados a cabo por el gobierno pero financiados principalmente
por las instituciones financieras internacionales (IFIs): el Banco
Asiático de Desarrollo (ADB) y el Banco Mundial (BM).
La
promoción de los monocultivos forestales
es uno de los principales factores subyacentes de la destrucción
de los bosques y la miseria de las comunidades étnicas que dependen
de ellos. Las estadísticas son alarmantes: los bosques públicos
que, según cifras oficiales, ocupaban el 18% del territorio, se
han reducido al 6 por ciento aproximadamente, del
cual forman parte los manglares y más
de 400.000 hectáreas de plantaciones forestales.
Las
tierras boscosas “degradadas”, “despojadas” y “menos productivas”,
son en general las elegidas para las plantaciones. Sin embargo,
lo que a menudo es rotulado como “menos productivo” o “degradado”,
es en realidad bosque nativo que encierra un inmenso valor social,
cultural, tradicional, educativo y medioambiental.
En
el bosque de shorea de planicie (Shorea
robusta) de Modhupur, se han introducido
especies invasivas bajo la apariencia de “forestación social”,
que es, en esencia, una plantación. Y ahora que el bosque tradicional
de Modhupur ha desaparecido en gran parte, ¡el departamento forestal
quiere proteger lo último que queda! Inspirado en un estudio financiado
por el Banco Mundial bajo el Proyecto de Gestión de los Recursos
Forestales, quiso construir un muro de 20 kilómetros en torno
a las más de 1.400 hectáreas de Parque Nacional que han sido definidas
como área central.
Pero
los hechos no fueron en el sentido que
quería el departamento forestal. Los
indígenas Garo que habitan los alrededores de esta zona se opusieron
firmemente al muro. Durante una manifestación que tuvo lugar el
3 de enero de 2004, los guardias del departamento forestal y la
policía abrieron fuego para detener a los manifestantes. Un hombre
Garo, Piren Snal, fue asesinado. Utpal Nokrek, otro joven Garo
de la aldea de Beduria, fue herido de gravedad y quedo paralítico
para el resto de su vida. Muchos otros fueron heridos por los
disparos. La construcción de los muros fue suspendida frente a
las fuertes críticas y la resistencia. Desde entonces, el tema
del muro en Modhupur se ha hecho conocido a nivel nacional e internacional.
De los aproximadamente 20.000 pies de muro construido, casi la
mitad ha sido demolida.
Pero
no solo los muros fueron destruidos como consecuencia de los disparos
sobre los manifestantes Garo. Las extensiones de bosque restantes
fueron drásticamente reducidas. Bandas organizadas de contrabandistas
de madera aprovecharon el problema y cortaron cualquier cosa que
se pudieran llevar. Los cultivadores de banana también talaron
decenas de hectáreas. Los funcionarios del departamento forestal
culparon de esta situación al movimiento anti-muro. Por su parte,
los miembros de la tribu Garo se quejan de que el departamento
forestal ha cerrado los ojos ante esta situación para culparlos
a ellos.
El
pasado enero, el departamento forestal intentó nuevamente levantar
los muros del parque, cuya construcción había tenido que posponer.
Dichos muros involucran a aproximadamente 1.200 de las 25.500
hectáreas que ocupa la reserva forestal de Modhupur. ¿Qué ha sucedido
y qué sucederá con la porción mayor de bosque que ha quedado fuera
de los muros? Al viajar a cualquier rincón del bosque de Modhupur
podemos ver enormes cultivos de banana, papaya y ananá,
que han reemplazado las tierras boscosas
y han causado la destrucción en gran escala del acervo genético
de los bosques. Los Garo, que se han visto forzados a rentar la
mayor parte de las tierras altas que poseen a los cultivadores
de banana, están de acuerdo en que es un serio problema para su
medio ambiente, su economía y su sociedad.
La
destrucción del bosque de Modhupur ha afectado severamente la
vida de los Garo y otros pueblos que dependen del bosque. La mayor
parte de la población Garo y Koch de Modhupur (aproximadamente
20.000 personas), está concentrada en dos unidades, Aronkhola
y Sholakurry, y distribuida en unas 40 aldeas. Hubo un tiempo
en que tenían acceso total al bosque y sus recursos. Pero acciones
como la prohibición del cultivo itinerante en
los años 50, el establecimiento de parques nacionales, la promoción
de la economía de plantaciones, la agresión de las plantaciones
de banana a gran escala, la construcción de vías
y las ocupaciones, han reducido el bosque a dimensiones lamentables
y han desestabilizado la vida tradicional de los Garo y los Koch.
El
proceso de destrucción del bosque de Modhupur parece estar fuera
de control. Mucha gente cree que su destrucción total es solo
una cuestión de tiempo.
Extraído
y adaptado de: Comentarios sobre el libro de Philip Gain, “Stolen
Forests”,
http://www.sehd.org/pubnew12.html; y “Modhupur walls to protect
wilderness or marauders!”, Philip Gain, Earth Touch, No. 10, abril
de 2007, una publicación de SEHD (Society for Environment and
Human Development),
http://www.sehd.org/reports-features/modhupur-wall-2007.doc
inicio
-
Brasil: la lucha de los Pataxó por su territorio
continúa
La
VI Asamblea del Frente de Resistencia y Lucha Pataxó se reunió
en Monte Pascoal el 19 de agosto pasado para evaluar los problemas
que enfrentan como consecuencia de la insuficiencia de tierras,
lo cual atenta contra su sustentabilidad y su cultura.
La
historia de los Pataxó y su desarraigo se remonta a 1861, cuando
junto a otras comunidades indígenas fueron expulsados de sus tierras
por el gobierno de la Provincia de Bahia, para congregarlos a
todos en un solo poblado.
Posteriormente
los Pataxó lograron ocupar una zona de bosque atlántico que se
extendía entre la base del Monte Pascoal, el litoral, el río Cariaba
y el río Corumbau, y que hoy se conoce como Barra Velha, donde
se refugiaron y lograron mantenerse en relativo aislamiento.
Pero
en 1961 el gobierno federal convirtió 22.500 hectáreas
de tierras ocupadas tradicionalmente por los Pataxó en
unidades de conservación de lo que pasó a ser el Parque Nacional
de Monte Pascoal. Los Pataxó fueron violentamente expulsados y
de la noche a la mañana se encontraron con que no podían circular
por su propia tierra.
En
el Boletín Especial sobre los Pataxó que publicamos en el año
2000, decíamos: “El resto de la otrora extensa Mata Atlántica
continuó siendo sistemáticamente destruida por diversos actores
no-indígenas, en tanto que a los Pataxó se les negaba el derecho
a sus propias tierras destinadas -a la fuerza- a la preservación.
Una situación injusta que no podía durar”. Y así fue. El 19 de
agosto de 1999, numerosos indígenas Pataxó se encaminaron al pie
de la montaña, desde donde declararon que el ‘Monte Pascoal es
de los Pataxó’ y retomaron su territorio para, como expresaron
en esa oportunidad “transformar lo que las autoridades denominan
Parque Nacional de Monte Pascoal en parque indígena, tierra de
los Pataxó, para preservarlo y recuperarlo”. En octubre de ese
año, un representante del WRM visitó el parque y ofreció su apoyo
a los Pataxó. Desde ese entonces, los Pataxó han estado luchando
para que el gobierno reconozca sus derechos.
En
otras zonas de Bahía, otras comunidades indígenas Pataxó se han
visto enfrentadas a la expulsión y luchan por la recuperación
de sus tierras, como es el caso de familias Pataxó en el municipio
de Prado, y los Pataxó-Hã-Hã-Hãe de la región sur del Estado de
Bahía cuyos territorios ancestrales abarcan 53.000 hectáreas,
otrora densos bosques de “mata atlántica” y que actualmente están
ocupadas ilegalmente por ganaderos y convertidas en pasturas y
plantaciones de cacao.
Acosados
por las tensiones permanentes por la falta de tierras, por propuestas
de proyectos de "desarrollo sustentable" que no hacen
más que generar tensiones y conflictos internos, los Pataxó se
reunieron y emitieron la siguiente declaración:
VI
ASAMBLEA DEL FRENTE DE RESISTENCIA Y LUCHA PATAXÓ
Territorio
del Monte Pascoal y el derecho histórico del pueblo Pataxó
Nosotros,
del Frente de Resistencia y Lucha Pataxó, reunidos los días 17,
18 y 19 de agosto de 2007, realizamos nuestra VI Asamblea en el
Monte Pascoal, corazón de nuestro territorio, representados por
las aldeas: Corumbauzinho, Tauá, Craveiro, Pequi, Tibá,
Alegria Nova, Aldeia Nova do Monte Pascoal, Meio da Mata, Boca
da Mata, Cassiana; con la presencia de los aliados Anaí, Cimi,
Cese, Cepedes, Sindicato de los Bancarios, CUT-Bahia, Fetag y
de la organización indígena Apoinme, y de las comunidades Coroa
Vermelha, Tupinambá da Serra do Padeiro y Pataxó Hã Hã Hãe, evaluamos
la situación de nuestro territorio y las dificultades enfrentadas
como consecuencia de la insuficiencia de tierras para garantizar
la sustentabilidad, la valorización y el fortalecimiento de nuestra
cultura y afirmamos y reivindicamos lo siguiente:
1
– Demarcación inmediata de nuestro territorio como área continua,
respetando nuestros derechos históricos. Por ello decidimos iniciar
una campaña internacional por la demarcación de nuestro territorio.
No aceptamos ningún tipo de negociación que tenga como objetivo
la reducción de nuestra tierra y repudiamos las persecuciones
y criminalización de nuestros líderes que están luchando por nuestro
legítimo derecho;
2
– Una política específica que garantice la sustentabilidad de
nuestras comunidades, así como la seguridad alimentaria de nuestro
pueblo;
3
– Garantía de una política de salud que respete la diversidad
y especificidad de nuestro pueblo conforme determina la Constitución
Federal, promoviendo una asistencia médico-hospitalaria eficaz
y ágil, pero que también valorice y respete las prácticas curativas
tradicionales;
4
– Una política de educación específica que respete nuestra realidad
sociocultural, garantizando una infraestructura con construcciones
de escuelas y equipamientos, materiales didácticos adecuados,
la formación de nuestros profesores con la participación de las
comunidades en la definición de una educación diferenciada, comunitaria
y de calidad;
5
– Implantación inmediata de una política de vivienda y saneamiento
básico como un derecho humano;
6
- Exigimos la erradicación del monocultivo del eucalipto y de
cualquier otro monocultivo en nuestras tierras y reafirmamos nuestro
compromiso de defensa del medio ambiente
y autogestión de nuestro territorio.
Considerando
la dura realidad que vivimos a lo largo de los años, combatiendo
políticas de negación de identidad y de derechos de nuestro territorio,
la discriminación y exclusión social, afirmamos que continuaremos
resistiendo todas las formas de injusticia que afectan a
nuestro pueblo, sectores explotados y excluidos de nuestra sociedad,
como quilombolas (afrobrasileños), sin tierra, pequeños
agricultores, pescadores y otros. Exigimos atención a nuestras
reivindicaciones como forma de respeto por nuestros derechos garantizados
constitucionalmente.
Por
la justicia y demarcación de nuestro territorio único del Monte
Pascoal: ¡Avanzaremos!
Monte
Pascoal, 19 de agosto de 2007.
inicio
-
Costa Rica: el turismo depredador que se lleva
todo
El
turismo llegó para quedarse en Costa Rica, y a través de él tomó
fuerza el saqueo y la depredación de los pródigos ecosistemas
de ese país (ver Boletín Nº 84 del WRM). Así lo denuncia el costarricense
Juan Figuerola, de la Federación Costarricense para la Conservación
del Ambiente (FECON), en el comunicado de prensa “El diablo ambiental:
amo y señor de Costa Rica” (http://www.wrm.org.uy/paises/CostaRica/Diablo_Ambiental.html).
Entre
los ejemplos denunciados como reflejo de la crítica situación
ambiental, Figuerola menciona que “Los recientes apagones que
azotaron al país son el pretexto perfecto para justificar la construcción
de más represas y proyectos geotérmicos en las áreas silvestres
protegidas, léase: la destrucción de los Parques Nacionales y
los sitios Ramsar que tanto renombre internacional le han dado
a Costa Rica”.
Por
otro lado, las restricciones no se sufren de igual manera por
toda la población: “Nos dicen que apaguemos la luz y que gota
a gota el agua se ahorra… Pero no les dicen a los empresarios
turísticos y a los hoteles cinco estrellas de Guanacaste - la
región más seca del país - que no rieguen los campos de golf en
verano y que no le cambien el agua a las piscinas todas las semanas.
¿Cuánta agua consumen en temporada seca en Guanacaste solamente
los proyectos de construcción de condominios, hoteles, residenciales
de lujo? Ya las comunidades están denunciando que las constructoras
están secando el emblemático río Tempisque”.
Los
mejores lugares pasan a manos privadas ... y extranjeras, como
las del canadiense Paul Lambert, “propietario de varios proyectos
millonarios en Quepos y Manuel Antonio que incluyen la venta por
internet del patrimonio natural del estado, construcciones monumentales
en terrenos de altas pendientes, talas de árboles para despejar
la vista panorámica, construcciones en medio de bosques”. También
se da cuenta que “en el Refugio de Vida Silvestre Golfito, en
el Cerro Adams, un individuo conocido como Carrión, embriagado
por los delirios de un cuestionado proyecto de Marina, está construyendo
miradores y talando árboles para despejar la vista, en terrenos
de fuertes pendientes, amenazando con provocar un desastre que
podría cobrar decenas de vidas humanas si se llegaran a producir
deslizamientos de tierra debidos a la deforestación, que caerían
sobre el pueblo de Golfito”.
Los bosques son uno de los ecosistemas
con los que arrasa el megaturismo: “En Liberia, en el proyecto
Polo Turístico Papagayo, declarado de interés nacional, se tala
el bosque seco costero para establecer hoteles, piscinas y campos
de golf”. “En Tamarindo, en la zona de amortiguamiento del Parque
Baulas, la empresa Tamarindo Preserve pretende desarrollar
un proyecto residencial ecológico en cientos de hectáreas.” “Ya
hay edificaciones en áreas donde en enero del presente año era
manglar, en el estero de San Francisco”. “En Nicoya, en playa
Sámara, los últimos relictos de humedales que son hogar de aves
migratorias y de una rica y diversa fauna silvestre, están siendo
rellenados, drenados y talados para abrirle paso al desarrollo
turístico y residencial”. “A lo largo de la Fila Costeña, entre
Dominical y Palmar, los proyectos turísticos y residenciales son
la principal causa de la deforestación que está terminando con
la biodiversidad, los suelos forestales y los arrecifes de coral.
En la zona se construyó una de las mejores carreteras del país,
precisamente con el fin de atraer la inversión extranjera”.
En marzo de 1993, en ocasión de la Feria
de Turismo de Berlín, el Ministro de Turismo de ese entonces había
sido “galardonado” con el Premio Diablo Ambiental. A tantos
años de esa advertencia, el supuesto “desarrollo” sigue cobrando
pérdidas a las que es imposible ponerle precio.
Artículo
basado en: “El diablo ambiental: amo y señor de Costa Rica”, Federación
Costarricense para la Conservación del Ambiente, FECON, enviado
por Juan Figuerola:
quijongo@gmail.com
inicio
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República Democrática del
Congo: tras
el letal rastro del coltan
En
abril de 2003, en el boletín nº 69 del WRM, escribimos un artículo
sobre la República Democrática de Congo centrado en la explotación
de columbita-tantalita (coltan, en su forma abreviada), un mineral
ampliamente utilizado en teléfonos celulares, computadoras portátiles
y videojuegos, y en cómo la explotación de este mineral había
devastado bosques como el de Ituri, cambiando para siempre un
hábitat que antes sustentaba a la comunidad Mbuti y donde vivían
gorilas, okapis (parientes de la jirafa), elefantes y monos. De
esta manera, el coltan ha dejado
tras de sí un panorama
de guerra y depredación en los bosques de ese país.
Ahora,
queremos seguir el rastro de este mineral hasta su procesamiento,
para ver si esa destrucción vale la pena de algún modo.
Para eso, viajaremos a través del relato
de Mvemba Phezo Dizolele, periodista y escritor independiente
que escribió un excelente informe a partir del recorrido que hizo
por su país en el verano de 2006, en el
marco de una beca del Centro Pulitzer.
Mvemba vio por sí mismo lo que el coltan le deja a los congoleños.
El
periodista visitó la ciudad de Bukavu, “alguna vez conocida como
la perla del Congo debido a su hermoso clima y sus montañas” y
actualmente un centro de explotación de coltan. “La Buvaku que
encontré el verano pasado apenas se asemeja a la famosa ciudad
de la que oía hablar cuando era niño”, escribió.
Siguiendo
el rastro del coltan, Mvemba visitó el barrio de Ibanda y fue
“hasta el fondo de una casa de dos plantas que alguien convirtió
en oficinas”. “Olive Depot”, relata, “es una de las mayores empresas
de coltan de la ciudad, pero para mi sorpresa, es poco impresionante.
Considerando la publicidad que el coltan ha recibido en la prensa
occidental recientemente, esperaba encontrarme con un gran centro
de procesamiento, un edificio imponente con complejas máquinas
e ingenieros que ladraran órdenes a sus subordinados. En cambio,
me encontré con el sistema de procesamiento más rudimentario y
con una veintena de hombres que trabajaban con sus manos y parecían
jugar con tierra como niños. Nadie ladraba órdenes. Los hombres
trabajaban en silencio, solo interrumpido por el sonido de sus
propios movimientos. Nos echaron una rápida mirada y volvieron
a su tarea. Estaban cubiertos de polvo, de coltan. Un par de ellos
tamizaba un gran tazón de tierra y soplaba el polvo, que caía
sobre sus rostros. La imagen era terrible. La mayoría no usaba
máscara ni uniforme. Tampoco llevaban zapatos, quizá por elección.
No pregunté... En el proceso, los hombres del galpón debían separar
todas las impurezas del producto en sí. Mezclado con la tierra
estaban el coltan y sus productos hermanos, la casiterita y la
wolframita, y ellos debían encontrarlos. El producto final parecía
grava aplastada”.
Mvemba
cuenta que la mayoría de los trabajadores no tienen contrato:
“Cada mañana, un gran grupo de trabajadores forma fila frente
a la puerta del establecimiento para pedir trabajo. Unos pocos
son elegidos, y el resto es enviado de vuelta a casa. Ganan menos
de un dólar al día, mientras que en el mercado internacional el
coltan cuesta entre 8 y 18 dólares por libra”.
Además,
está el trabajo en las minas. “En Mushangi, un camino peligroso
lleva a las minas, en las que solo se ve a
unos pocos adultos.
La mayoría de los mineros son niños y adolescentes de diferentes
edades, que trabajan en condiciones precarias. De sol a sol, trabajan
en pozos abiertos con los instrumentos más primitivos y sin protección
alguna contra las piedras que caen y los derrumbes de tierra.
Andan a gatas por túneles oscuros que no cuentan con ningún soporte
estructural”.
“En
mi viaje por Congo vi mucho sufrimiento. Ver a los niños arrastrarse
por esos pozos y túneles puso a prueba mi firmeza. Bahizi, de
10 años, me cuenta: ‘Hago este trabajo duro porque mi padre está
muy viejo para mantenerme’. El niño ha trabajado en la mina durante
varios meses. ‘Es lo único que hay para hacer aquí’, lamenta".
“Los
niños forman un enjambre a nuestro alrededor, buscando atención
y pidiendo que los fotografiemos. Les saco varias fotos, a la
vez que hablo con ellos y escucho sus relatos. A través de la
lente, veo infancias perdidas y sueños rotos”.
“Le
preguntamos a Baruti, de 16 años, y a sus amigos si entienden
adónde va el coltan de Mushangi. ‘Va a Bukavu’, responden. ‘¿Saben
que el coltan se cotiza muy bien en Estados Unidos y Europa? Se
precisa para las computadoras, los teléfonos móviles y los videojuegos’,
les explico. ‘No’, responde Baruti. Su mundo gira en torno a los
pozos abiertos, donde pasan siete días a la semana y ganan menos
de 20 centavos por día”, relata Mvemba.
“Una
última pregunta antes de partir hacia Bukavu. Son las 3 p.m.,
y es tarde para estar en este lugar. ‘¿Saben que la explotación
del coltan estimula la guerra en el Congo?’, les pregunto. Baruti
me mira a los ojos y responde: ‘Si lo supiéramos, no trabajaríamos
aquí’ ”.
Artículo
basado en el informe “In Search of Congo’s Coltan”, de Mvemba
Phezo Dizolele, publicado en Pambazuka News 316. E-mail:
,
http://www.pambazuka.org/
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COMUNIDADES
Y MONOCULTIVOS DE ÁRBOLES
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Australia: la democracia
reducida a pulpa
Esta semana, el parlamento del
estado australiano de Tasmania debatirá el proyecto de instalación
de una fábrica de celulosa que la empresa Gunns planea construir
sobre el puerto de Bell Bay. Si se concreta, el proyecto de 1.400
millones de dólares insumirá cuatro millones de toneladas de troncos
por año, es decir que duplicará el ritmo actual de tala de los
bosques nativos de Tasmania por parte de Gunns. La fábrica de
celulosa producirá grandes cantidades de toxinas, lo que contaminará
el aire y las aguas del estrecho de Bass.
El
día antes de que el parlamento de Tasmania iniciara sus discusiones,
el ministro federal de Medio Ambiente de Australia, Malcolm Turnbull,
anunció una “decisión preliminar” de aprobación del proyecto.
El
proceso de aprobación se ha transformado en un engaño de millones
de dólares. En julio de 2006, Gunns presentó un Proyecto de Declaración
de Impacto Integrado sobre la proyectada
fábrica de celulosa al Comité de Planificación y Desarrollo de
Recursos (RPDC, por sus siglas en inglés), un organismo estatutario
independiente. Mientras, el gobierno estatal de Tasmania ha invertido
millones de dólares de los contribuyentes en un “Grupo de trabajo
sobre la fábrica de celulosa” para promover el proyecto.
En
enero de 2007, dos miembros del RPDC renunciaron, alegando interferencia
política en el proceso de evaluación. Cuando Gunns amenazó con
no construir la fábrica si no recibía la aprobación en seis meses,
el primer ministro tasmanio, Paul Lennon, se reunió con el presidente
de la empresa, John Gay, y le dijo que trabajaría en el proceso
y haría su máximo esfuerzo para lograr la construcción de la fábrica.
En marzo de 2007, Gunns retiró su solicitud al RPDC y pidió a
Lennon que cambiara la ley sobre la evaluación de la fábrica propuesta.
Al día siguiente, el gobierno anunció que aceleraría el proceso
de evaluación. Después de reunirse con los abogados de Gunns,
el gobierno presentó una nueva propuesta legislativa que fue aprobada
por el parlamento como la Ley de Evaluación de Fábricas de Celulosa
de 2007. De acuerdo con esta ley, se debe tomar una decisión sobre
la fábrica antes del fin de agosto de 2007. En lugar de promover
el proceso de evaluación independiente del RPDC, el gobierno de
Tasmania designó a dos consultores para que recomendaran que la
construcción de la fábrica de celulosa de Gunns debía continuar.
Las
firmas consultoras elegidas por el gobierno son muy reveladoras:
ITS Global y SWECO PIC. ITS Global fue fundada por Alan Oxley,
un académico australiano defensor del libre comercio y escéptico
sobre el cambio climático. Entre los clientes de ITS Global se
cuenta la empresa malasia Rimbunan Hijau, cuyas operaciones forestales
destructivas y sus violaciones a los derechos humanos en Papúa
Nueva Guinea la han convertido en una de las firmas forestales
más polémicas del mundo. En julio de 2006, ITS Global lanzó una
serie de informes que elogiaban a Rimbunan Hijau. No sorprende
entonces que ITS Global haya concluido que “el beneficio
neto” de la propuesta fábrica de celulosa de Gunns para Tasmania
en general” es “alto y positivo”.
SWECO
PIC es una empresa finlandesa de consultoría e ingeniería. En
su informe al gobierno de Tasmania la empresa señaló que, desde
su creación en 1971, “SWECO PIC se ha especializado en servir
a la industria de la celulosa y el papel”. Este es precisamente
el problema: SWECO PIC no es independiente de la industria de
la celulosa.
SWECO
PIC fue contratada para evaluar si el proyecto cumplía con las
directrices de Tasmania para las nuevas fábricas de celulosa en
materia de emisiones. SWECO PIC halló que la fábrica propuesta
estaba en infracción con ocho de esas directrices, pero igualmente
recomendó que el proyecto pasara a consideración del parlamento
de Tasmania.
Le
planteé a Rune Franzén, director de Celulosa y Papel de SWECO
PIC y jefe del equipo de evaluación del proyecto de Gunns, algunas
preguntas sobre la participación de su empresa en la promoción
del proyecto. Le pregunté a Franzén si su firma había obtenido
el contrato mediante un proceso de licitación internacional. Le
pregunté si su equipo se había reunido con algún representante
de comunidades locales, con organizaciones ambientalistas o con
algún miembro del RPDC. También le pregunté por la respuesta de
SWECO PIC a la preocupación manifestada por el profesor Andrew
Wadsley, quien calculó que las emisiones de dioxina de la futura
fábrica serían 1.400 veces mayores a las estimadas por Gunns.
(El informe de SWECO PIC no hace referencia a este asunto). Le
pregunté cómo responde SWECO PIC a las acusaciones de conflicto
de intereses, dado que varios de los antiguos (y potencialmente
futuros) clientes de la empresa trabajan en el proyecto Gunns,
entre ellos Andritz y Pöyry.
Franzén
se negó a responder a todas mis preguntas y se limitó a contestar
que SWECO solo fue contratada para evaluar la fábrica de celulosa
proyectada. “SWECO no está involucrada en ningún asunto de debate
público”, dijo. Franzén reenvió mis preguntas a Rebekah Burton,
del Departamento del Primer Ministro y del Gabinete de Tasmania.
Le
escribí a Burton y, además de las preguntas que le hice a SWECO
PIC, le pedí una copia del cometido asignado a su empresa y le
pregunté cuánto le había pagado el gobierno de Tasmania por la
evaluación. Como respuesta, recibí una carta firmada por Daniel
Leesong, jefe del personal de la Oficina del Primer Ministro.
Leesong tampoco respondió a mis preguntas.
“En
abril de este año el parlamento aprobó la Ley de Evaluación de
Fábricas de Celulosa de 2007 a fin de establecer un proceso de
evaluación riguroso sobre la propuesta de la fábrica”, escribió
Leesong, pasando por alto el hecho de que el gobierno solo impulsó
esa ley porque Gunns se lo pidió.
El
gobierno de Tasmania ha anexado 1.100 páginas de permisos y condiciones
operativas a la moción de aprobación final, que ahora está en
discusión en el parlamento. Gunns pudo ver los borradores de permisos
y de condiciones operativas y sugerir cambios. El 28 de agosto
de 2007, el parlamento de Tasmania decidirá si aprueba la fábrica
de celulosa
propuesta . A diferencia de Gunns, los legisladores no tendrán
la oportunidad de modificar la moción ni los permisos y las condiciones
adjuntas.
En
junio de 2007, Matthew Denholm, del diario tasmanio The Mercury,
reveló que Gunns ya había firmado un contrato con la empresa constructora
John Holland para comenzar a construir la fábrica “en la primera
semana de septiembre”. Cualquier demora más allá de la fecha estipulada
le costará a Gunns un millón de dólares por día. La conclusión
es que, o los ejecutivos de Gunns son ineptos, o saben de antemano
cuál será la decisión del parlamento. No es de extrañar
que los tasmanios le digan “Gunnbierno”(*) a su gobierno.
Por
Chris Lang, e-mail:
http://chrislang.org,
http://chrislang.org
(*) N.de la T.: traducción
libre del juego de palabras “Gunnerment”.
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Colombia: comunidades eliminan plantaciones de palma de aceite
para recuperar su territorio
Invitados
por la organización Justicia y Paz, un conjunto de observadores
internacionales tuvimos la oportunidad de visitar una zona de
Colombia (Curvaradó) donde las comunidades locales sufrieron un
proceso violento de expulsión hace unos diez años y ahora están
retornando a sus territorios.
Cabe
aclarar que decir que “sufrieron un proceso violento de expulsión”
no refleja todo el horror de las acciones llevadas a cabo por
grupos de asesinos paramilitares con el apoyo de las Fuerzas Armadas
colombianas. A través de asesinatos, torturas, desapariciones,
destrucción y quema de viviendas, bombardeos, la represión logró
su objetivo: la expulsión de todas las comunidades (en particular
afrocolombianas y mestizas) de la región.
Diez años después, en una demostración
de valentía –en medio de amenazas permanentes- la gente comienza
lentamente a retornar a sus hogares destruidos y se encuentra
con que sus tierras y bosques –en los que han habitado por más
de 120 años- están ahora ocupados por miles de hectáreas de monocultivos
de palma aceitera y que sus “propietarios” son los mismos paramilitares
responsables de las masacres que les empujaron a la migración.
“Cuando volvimos, estaba todo sembrado de palma”, comenta indignado
un poblador.
La indignación logra superar al miedo
y los legítimos propietarios se lanzan a recuperar su territorio
ocupado por palmas haciendo lo único que se puede hacer: eliminarlas.
“Hay que tumbar la palma, que es lo que nos está molestando”,
dice un retornado. En algunos casos las cortan con motosierras,
en otros las arrancan de raíz y a la mayoría les cortan todas
las hojas y el brote terminal (las “desmochan”). El trabajo es
agotador, dado que las palmas ya cuentan con troncos muy gruesos
y sus hojas esconden peligrosas espinas que provocan hinchazones
e infecciones. A eso se suma el peligro de las culebras ponzoñosas
y las avispas que atacan al momento menos pensado. Unas 20 personas
apenas logran eliminar dos hectáreas de palma por día. Al momento
de la visita se calculaba que se llevaban unas 40 hectáreas recuperadas,
que ya estaban comenzando a ser sembradas con cultivos alimenticios.
Es
que en el Curvaradó no se interpreta la palma como vida o como
posibilidad de vida. “De qué vida se habla, cuando se habla de
biocombustibles derivados de la palma. Aquí la palma es desolación
verde, es destrucción humana, es muerte de toda la vida”. En esta
región, la mayoría de las 50 mil hectáreas del Territorio Colectivo
eran selva virgen, con más de 25 ciénagas. Los pobladores dicen:
“nos han explotado las maderas que teníamos, las ciénagas han
sido canalizadas y secadas, los animales no tienen alimento, las
aves se han ido por falta de fruta”.
Al
preguntárseles acerca de sus planes futuros, responden que buscan
producir alimentos “sembrando lo de antes”. También quieren “recuperar
los bosques y comenzar a sembrar algunos árboles”, así como “que
los ríos recuperen su agua y que vuelva el pescado”. Quieren organizar
“zonas de biodiversidad para recuperar las especies que se han
perdido, los peces y la caza”, buscando “atraer a esas especies”.
En
un recorrido por la zona, llegamos al poblado de Andalucía. El
poblado ya no existe. Todo fue destruido por los paramilitares.
El fundador del poblado nos lleva a lo que una vez fue su casa,
de la que solo queda el piso de cemento. También visitamos el
cementerio, del que solo existe la mitad, ya que los “para-palmicultores”
cometieron el ultraje de hacer una zanja de drenaje por el medio
del mismo y sembraron con palmas la otra mitad del cementerio.
La
vida no es fácil para los retornados, ya que las amenazas se hacen
sentir por parte de los llamados “desmovilizados” (paramilitares
que supuestamente abandonaron las armas), que toman registros
fotográficos y de video de todos, que recorren la zona en motocicletas
y que hacen sentir su presencia. Uno de ellos, apodado “El Chupa”,
dice en tono amenazante: “ese corte de la palma, se les va a cobrar
por otro lado y les va a salir muy caro; así como cortan por pedazos
les va a pasar”. Al mismo tiempo que corren rumores de que las
“Águilas Negras” (un grupo paramilitar) se dirige hacia la zona,
se observa a conocidos paramilitares desplazarse hacia arriba
y hacia abajo por las zonas de corte.
Los
“para-palmicultores” buscan generar conflictos entre la gente.
Por un lado, instigan contra los retornados a los trabajadores
contratados para realizar tareas en las plantaciones –muchos de
los cuales con un pasado paramilitar- diciéndoles que les están
quitando su trabajo. Es así que desde los camiones -donde unos
60 trabajadores son transportados por la empresa como ganado-
parten insultos o burlas a quienes están cortando las palmas.
“Mochen la palma, siembren coca, que nosotros venimos a recoger”,
gritan desde el camión.
Por
otro lado, están trayendo gente de otras regiones –tanto ex paramilitares
como campesinos- para que ocupen tierras pertenecientes a las
comunidades retornadas, bajo el absurdo rótulo de “familias guardabosques”
(el único “bosque” que se pretende proteger son las plantaciones
de palma). La vieja táctica de la división.
También los militares juegan su papel
y en el puesto militar sobre un puente le hacen muchas preguntas
a la gente, incluyendo la de “¿Quién les está pagando para que
corten la palma?” Dada su pasada participación directa en la represión
de las comunidades, su presencia genera temor en los retornados.
Tampoco
los “gringos” (o sea, todos los no colombianos que apoyamos a
estas comunidades) estamos libres de amenazas y es así que como
por arte de magia aparecen letreros que dicen “fuera los gringos”
y “muerte a los gringos”.
Pero
a pesar de todo, las comunidades siguen adelante en la recuperación
de su territorio. Al salir, uno de ellos nos dice: “Pido que le
hagan conocer la verdad al mundo”. A eso apunta el presente artículo,
que al mismo tiempo pretende ser un homenaje al heroísmo de esta
gente y una condena al gobierno colombiano, responsable de esta
situación. En pocos lugares del mundo la palma aceitera está tan
manchada de sangre como en el Curvaradó y la única forma de comenzar
a reparar los atropellos cometidos es que el gobierno reconozca
legalmente los derechos de estas comunidades a sus tierras. Mientras
no lo haga, merecerá que se le siga condenando.
Por
Ricardo Carrere, en base a observaciones y entrevistas realizadas
durante la visita al Curvaradó entre el 9 y el 11 de agosto de
2007. Más información (con fotos) en:
http://www.wrm.org.uy/paises/Colombia.html#info
inicio
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Suecia: investigaciones sobre árboles transgénicos
pueden dañar los bosques de modo irreversible
El
profesor Ove Nilsson es la estrella de la investigación sobre
árboles genéticamente modificados en Suecia. Nilsson y su equipo
de investigación del Centro Científico Umeå Plant ganaron la carrera
en la identificación del gen que controla el florecimiento de
las plantas, lo que les permitió producir árboles transgénicos
que florecen en semanas, en lugar de años. En 2005, la revista
Science lo declaró uno de los descubrimientos más importantes
del año.
“Encontrar
el botón de arranque del florecimiento de los árboles implica
comprender los procesos moleculares subyacentes. Significa que
podemos apretar ese botón en lugar de esperar el curso natural
de las cosas. De esta forma, podemos hacer que los árboles den
flores cuando queramos”, explicó Nilsson en una entrevista con
Eva Krutmeijer, publicada en el sitio web de Linnaeus300.
La
reproducción selectiva de los árboles lleva muchas generaciones,
especialmente en árboles de clima frío como el abeto y el álamo,
que florecen después de 10 a 15 años de vida. Una de las razones
por las que el eucalipto es una de las especies preferidas como
árbol de plantación es que florece en dos o tres años, lo que
permite un rápido crecimiento con troncos rectos.
Los
árboles de florecimiento rápido de Nilsson le permiten trabajar
en la producción de árboles de crecimiento más rápido para climas
fríos. El científico argumenta que esos árboles son necesarios
para atender una creciente demanda, y ni siquiera considera la
posibilidad de que se reduzca el consumo. “La única forma de hacer
frente a la creciente demanda es aumentar la productividad de
los bosques”, declaró al Sydney Morning Herald en julio de 2007.
En
realidad Nilsson no habla de aumentar la “productividad
de los bosques”, sino de aumentar la productividad de las plantaciones
industriales de árboles. Las plantaciones de eucalipto de rápido
crecimiento que Nilsson admira han secado arroyos y disminuido
las capas freáticas, dejando a las comunidades locales sin suministro
de agua en muchos países del Sur. Los árboles de más rápido crecimiento
en climas fríos también precisarían más agua. Los monocultivos
forestales de rápido crecimiento ya han reemplazado a muchos bosques
nativos y otros ecosistemas de Europa y América del Norte. El
cultivo de árboles transgénicos para biocombustible, otra área
de interés para Nilsson, requeriría vastas superficies de tierra
que en muchos casos ya están en uso para la producción de alimentos.
En
reconocimiento de su investigación, Nilsson recibirá el premio
Marcus Wallenberg el próximo otoño boreal. El premio indica quiénes
se beneficiarán de la investigación de Nilsson: la industria de
la celulosa y del papel y la industria de los biocombustibles.
El premio Marcus Wallenberg fue instituido en 1980 por Stora Kopparbergs
Bergslags, que actualmente es la gigantesca empresa papelera Stora
Enso. Marcus Wallenberg es el nombre de un banquero e industrial
que preside el directorio de Stora Enso. El premio dice que se
enfoca en “la sustentabilidad de los recursos renovables”, pero
también “reconoce las mejoras en materia de eficiencia, la reducción
de los costos, la apertura de nuevos mercados y la investigación
intrínseca”.
Nilsson
no está preocupado por los riesgos de los árboles manipulados
genéticamente. Sostiene que sus árboles transgénicos solo se plantarán
en invernaderos cerrados. Una vez que produzca árboles de alto
rendimiento, sostiene, el gen del florecimiento podrá extraerse
y los árboles que se planten no contendrán ningún gen foráneo.
Pero
las actividades de este científico no se limitan a la investigación
de laboratorio. Nilsson es miembro del directorio de SweTree Technologies,
una empresa sueca de biotecnología dedicada a brindar productos
y tecnologías “para mejorar la productividad y el rendimiento
de las plántulas, la madera y la fibra” para la industria de la
celulosa y el papel. El directorio de SweTree Technologies también
está integrado por Björn Hägglund, ex subdirector general de Stora
Enso y actual miembro de la junta directiva de la Fundación Marcus
Wallenberg. Hägglund es también presidente de la junta directiva
de la organización ambientalista WWF Suecia, lo cual explicaría
por qué no se han oído demasiadas críticas hacia los árboles transgénicos
por parte de WWF Suecia.
SweTree
Technologies se formó en 1999 como iniciativa conjunta de la Fundación
para la Transferencia de Tecnología (Innovationsbron) de Umeå
y la empresa Woodheads AB. Innovationsbron se mueve en el rubro
de la comercialización de la investigación e innovación suecas.
Woodheads AB se formó para manejar la propiedad intelectual de
44 investigadores del Centro Científico Umeå Plant y del Instituto
Real de Tecnología de Estocolmo. El sitio web de SweTree Technologies
se jacta de tener “el derecho a todas las innovaciones de biotecnología
vegetal y forestal que surjan de los miembros de Woodheads”.
SweTree
Technologies trabaja con árboles genéticamente modificados para
obtener un mayor crecimiento de la biomasa, un aumento del largo
de la fibra y madera más fácil de reducir a pulpa (con un contenido
de lignina más fácilmente extraíble). Tres empresas forestales
suecas (Sveaskog, Bergvik Skog y Holmen) son dueñas de parte de
SweTree Technologies. Claramente, los árboles transgénicos desarrollados
por SweTree Technologies no se quedarán en los invernaderos. Una
vez que esos árboles sean plantados, será inevitable que se crucen
con otros árboles en los bosques. El impacto es desconocido y
será irreversible.
Nilsson
tiene su propia visión del futuro: “Los árboles serán hechos ‘a
medida’, claramente reservados para su uso final. Ejemplo de esto
son los árboles porosos de rápido crecimiento para la industria
de la celulosa, los árboles con fibras de madera largas para la
industria del papel, y los árboles de crecimiento lento para la
industria de los muebles”. En realidad, esto significa vastos
monocultivos de árboles genéticamente modificados. No tiene nada
que ver con la sustentabilidad ni con la preocupación por el ambiente.
Tiene que ver con el lucro de la industria.
Por
Chris Lang, e-mail:
http://chrislang.org,
http://chrislang.org
inicio
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Nuevo informe y página web sobre la industria
de la celulosa
Acaba
de publicarse un informe de la ONG Urgewal sobre los impactos
sociales y ambientales de la industria de la celulosa. El informe
(versión en inglés) “Banks, Pulp and People – A Primer on Upcoming
International Pulp Projects”, elaborado por Chris Lang, describe
los impactos de la industria, analiza los antecedentes de las
compañías involucradas y examina nuevas expansiones del sector.
El informe está disponible en el nuevo sitio web de Urgewald:
www.pulpmillwatch.org,
que documenta los problemas causados por las actividades que se
están llevando a cabo y advierte sobre próximos proyectos problemáticos.
inicio
MUJERES, MADEREO
Y PLANTACIONES DE PALMA
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Indonesia: los impactos de las plantaciones
de palma aceitera en las mujeres
Veintidós
mujeres de diversas provincias de Kalimantan y Sumatra se reunieron
en Bogor, del 22 al 24 de mayo, para discutir los efectos que
han tenido las plantaciones de palma aceitera sobre sus vidas.
Las
mujeres y el desarrollo
¿Por
qué las mujeres? Es obvio que las mujeres indonesias son protagonistas
sociales que han sido marginadas por el proceso de desarrollo,
que incluye el establecimiento de plantaciones de palma aceitera
a gran escala.
Rara
vez las mujeres toman decisiones en proyectos iniciados por el
gobierno y las empresas. Generalmente son consideradas tan solo
como las “manos” más que como los “cerebros”; son el medio para
aplicar las medidas una vez que se han tomado las decisiones,
en lugar de estar activamente involucradas en las etapas de planeamiento,
control, supervisión y evaluación. Sin embargo, las mujeres tienden
a verse a sí mismas como sobrevivientes y tienen una gran fuerza
a la hora de oponerse a los planes que amenazan la forma de vida
de sus comunidades.
La
creación y la expansión de las plantaciones de palma aceitera
han tenido numerosos y diversos impactos sobre las mujeres, tanto
directos como indirectos. Por ejemplo, en las sociedades tradicionales,
las mujeres juegan un rol importante en el manejo de los recursos
naturales y en el mantenimiento de formas de vida sustentable
que aseguren la subsistencia de sus familias. Esto se pierde una
vez que las plantaciones reemplazan a los bosques y las tierras
agrícolas (ver DTE 63: 1,
http://dte.gn.apc.org/63WOM.htm).
Las
empresas continúan ganando acceso a la tierra de las comunidades
simplemente tomándola y pagando matones para intimidar a la gente.
Aquellos que resisten, incluidas las mujeres, son obligados a
huir de sus hogares tras ser acusados de dañar la propiedad de
la compañía. La policía los amenaza con arrestarlos si regresan
a sus pueblos. Las personas a menudo son detenidas por la policía
sin la autorización adecuada. Además, con mucha frecuencia, los
testigos se vuelven sospechosos. Por estas razones, la mayoría
de los pobladores tienen miedo de iniciar cualquier acción contra
las compañías que violan sus derechos.
Las
voces de las mujeres
Esto
es lo que le pasó a Yana, una de las participantes de Sumatra
del Sur, que no ha podido regresar a su hogar por temor a ser
detenida por las autoridades. Otra participante, proveniente de
la región Indagiri Hulu de Riau, contó cómo una mujer de su aldea
había muerto por la conmoción que le causó el hecho de que su
esposo fuera detenido por la policía, acusado de daño criminal
a la propiedad de una empresa plantadora. Cuando las mujeres de
la aldea de Hajak Dusun Sikui, en Kalimantan Central, intentaron
reclamar sus parcelas agroforestales, la compañía las acusó de
ocupar la tierra ilegalmente; en este momento, el caso está en
manos de la policía.
La
contaminación ambiental y los problemas de salud son también motivos
de preocupación para las mujeres que viven en las plantaciones
y sus alrededores. En la aldea de Keladi, en la región de Ketapang
de Kalimantan occidental, los habitantes están comenzando a experimentar
escasez de agua potable porque el río que usan para abastecerse
recibe el agua de una gran plantación de palma aceitera. Los niños
han presentado sarpullidos luego de bañarse en el río. Una mujer
de Long Ikis, en Pasir, Kalimantan oriental, describió cómo el
agua del río Soi se ha vuelto negra y ya no es apta para el consumo
humano. Es imposible encontrar peces en el río, incluso a un kilómetro
de la plantación. Aparentemente, el problema es que la empresa
está arrojando los desechos de su planta procesadora de palma
aceitera directamente al río cuando los depósitos de desechos
están llenos.
Varias
participantes relataron cómo tenían que manejar agroquímicos de
las empresas pero sin contar con equipos o instrucciones de seguridad
adecuados. Las mujeres a menudo no tenían idea de los posibles
efectos de los plaguicidas que manipulaban, especialmente durante
los primeros meses de embarazo. Las mujeres que escardaban a veces
se contaminaban accidentalmente con aerosoles utilizados por otras
trabajadoras que estaban cerca. Los plaguicidas y fertilizantes
guardados en las casas familiares representaban un gran riesgo,
particularmente para mujeres y niños que no podían leer o entender
las etiquetas. A veces se llegaron a utilizar los envases vacíos
de los plaguicidas con fines domésticos y los plaguicidas se almacenaban
en otros contenedores tales como viejas botellas de agua.
Otros
problemas para las mujeres, asociados con las plantaciones de
palma aceitera, son la pobreza y el endeudamiento. Muchas compañías
pagan a las mujeres salarios más bajos que a los hombres, basándose
en la excusa de que sus tareas son más sencillas. Una mujer del
pueblo de Wirano, en Sulawesi del sudeste, se quejó de que, seis
años después del establecimiento de la plantación, no se ha construido
ninguna fábrica de procesamiento, entonces los aldeanos simplemente
deben tirar los frutos maduros de la palma. Mientras tanto, la
empresa continúa reclamando el pago de los préstamos que otorgó
para la formación de la cooperativa local.
Muchas
mujeres jóvenes de Kalimantan occidental decidieron ir a buscar
trabajo a la vecina Malasia. La razón principal es que ya no tienen
tierras para cultivar o plantaciones de árboles de caucho para
explotar, ya que toda el área donde vivían se ha transformado
en plantaciones de palma aceitera. A menudo regresan a sus aldeas
como madres solteras. Es usual que tales mujeres abran un café
con habitaciones al fondo, que son utilizadas para ejercer la
prostitución. La presencia de tales cafés, que existen en la mayoría
de las aldeas de las plantaciones, aumenta aún más el número de
niños nacidos fuera del matrimonio. También causan problemas a
las mujeres casadas de la comunidad: se dice que las habituales
multas por infidelidad están aumentando.
Las
plantaciones han complicado la vida de las mujeres también en
otros sentidos. Una vez que los bosques han sido tirados abajo
para dar lugar a la palma aceitera, ellas deben trasladarse hasta
mucho más lejos para conseguir leña para cocinar. No quedan pasturas
para el ganado cerca del pueblo una vez que éste ha sido rodeado
por plantaciones, y las mujeres deben recorrer distancias mayores
para traer agua potable.
Demandas
de acción
Es
muy probable que la situación de las mujeres empeore con la expansión
de las plantaciones de palma aceitera a gran escala. Entonces,
algunas participantes de este taller acudieron a un encuentro
en Jakarta con las representantes de la Comisión Nacional para
las Mujeres y los miembros del parlamento nacional. En su declaración
escrita, las mujeres exhortaron a la Comisión a:
·
Apoyar a las comunidades en su lucha
contra las empresas de plantaciones de palma aceitera;
·
Presionar al gobierno para que resuelva
los conflictos entre las comunidades y las plantaciones;
·
Desarrollar campos de estudio para investigar
los impactos negativos que las plantaciones de palma aceitera
tienen sobre las mujeres que viven en dichas plantaciones y en
sus alrededores.
Artículo
de Down To Earth, Boletín N° 74, agosto de 2007, enviado por Carolyn
Marr, correo electrónico:
dte@gn.apc.org,
dirección web:
http://dte.gn.apc.org
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Islas Salomón: mujeres heridas por empresa
forestal al defender su tierra
Las
actividades forestales de Omex Industry Limited en las tierras
de Boloboe, sobre la isla Vella La Vella (provincia occidental
del país), han sido objeto de disputas y batallas legales por
largo tiempo. Durante el último fin de semana de julio, tuvo lugar
una tragedia.
Un
grupo de mujeres del lugar se adentró en el bosque para manifestar
contra actividades que ellas consideran ilegales. Sus intentos
por proteger sus derechos sobre la tierra y sus recursos fue reprimido
por los guardias de seguridad de la empresa, quienes – armados
con cuchillos, palos, arcos y flechas y piedras – atacaron y lastimaron
al indefenso grupo de mujeres. Cortes severos, fracturas óseas
y heridas diversas fueron el resultado del ataque.
Según
informes de Moffat Mamu, publicados en el periódico Solomon
Star el 30 de julio de 2007, “un vocero de la aldea de Leona
– quien habló bajo la condición de conservar el anonimato – dijo
que la comunidad está conmocionada por este ataque contra mujeres
indefensas.” “Es la primera vez que un grupo de mujeres resulta
lastimado de esta forma durante una manifestación contra el madereo,
y la policía de Gizo toma el caso muy seriamente”, dijo. “Estas
mujeres son las madres de nuestros niños, y están tratando de
proteger sus derechos y sus recursos”, dijo el anciano de la aldea.
El
Consejo de Mujeres de la Provincia Occidental reaccionó rápidamente
al ataque, al cual describió como “cruel e inhumano”, y en un
comunicado de prensa exhortó a las autoridades nacionales a condenar
el ataque y suspender la licencia de madereo de la empresa
por no haber respetado a las mujeres
que también son madres y tienen hijos que cuidar y alimentar.
Según
Radio New Zealand International, “la presidenta del Consejo Nacional
de Mujeres, Hilda Kari, declaró que ya es tiempo de que el gobierno
se ocupe de los asuntos relacionados con la industria forestal”.
Sin embargo, ella sostiene que la dependencia de los ingresos
generados por esta actividad es tan grande que es muy difícil
hacerles comprender el problema.
Pero
la Sra. Kari sostiene que el gobierno debe actuar ahora. “Ellos
deberían reconsiderar la decisión de dar estas zonas a la industria
forestal; deberían estudiar qué tipo de personas vienen aquí,
si deben continuar empleando extranjeros en este sector o si deberían
utilizar la fuerza de trabajo de las Islas Salomón en lugar de
traer a esta gente que está causando estos problemas.”
La
Sra. Kari condena también la explotación sexual de los niños que,
según ha sido denunciado, está ocurriendo cerca de algunos campamentos
forestales.
Artículo
basado en: “Logging Guards Injure 6 Women”, Solomon Star, 30 de
julio de 2007, Moffat Mamu, enviado por Brian Burnton,
Alotau Environment, correo electrónico:
alotauen@online.net.pg;
“Solomon Islands National Council of
Women condemns logging incident”, Radio New Zealand International,
http://www.rnzi.com/pages/news.php?op=read&id=34038;
“Women Call for Suspension of Logging License”, Edner Rence,
Solomon Times Online,
http://www.solomontimes.com/news.aspx?nwID=472
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Islas Salomón: el madereo como factor principal del abuso
sexual de niñas
El
madereo en los países del Sur ha demostrado su capacidad de generar
grandes ingresos por exportaciones para los gobiernos y enormes
ganancias para las empresas, pero para las comunidades locales
tiene varios aspectos deplorables que ocasionan trastornos
sociales y ambientales por todas partes (ver Boletín Nº 34 del
WRM).
En
las Islas Salomón se ha señalado uno de estos aspectos. Un informe
reciente del Centro Cristiano de Asistencia de la Iglesia de Melanesia,
basado en un estudio realizado en la región Arosi de la provincia
de Makira, reveló que más de 70 niñas de 12 aldeas habían sido
explotadas sexualmente por los trabajadores de los campamentos
madereros cercanos a las seis aldeas estudiadas.
El
informe “Commercial Sexual Exploitation of Children in the Solomon
Islands: A Report Focusing on the Presence of the Logging Industry
in a Remote Region” investiga la explotación sexual comercial
de las niñas o el abuso sexual a cambio de dinero o productos
como el arroz, y se enfoca en la presencia de la industria maderera
y el papel que ésta juega en el abuso y la explotación de las
niñas.
Si
bien en el informe no se menciona específicamente ninguna
empresa, el madereo en las Islas Salomón
es dominado por empresas malasias y, en menor grado, por compañías
surcoreanas. Sin embargo, la madera extraída está siendo embarcada
en su totalidad a China, para ser utilizada en las instalaciones
olímpicas de Beijing.
Al
examinar los factores que contribuyen a la explotación sexual
comercial de las niñas en la región, la conclusión general que
surgió del trabajo del grupo y de las discusiones con el equipo
del proyecto es que “el abuso infantil es un problema de larga
data en la comunidad, mientras que la explotación sexual comercial
de las niñas es un problema más reciente, atribuido mayormente
a la presencia de la industria maderera”.
El
madereo ha implicado un cambio drástico
en el estilo de vida tradicional de las comunidades locales, a
partir de la introducción de la economía monetaria y de diferentes
costumbres y hábitos de consumo distorsionados. El dinero, como
elemento de poder, es manejado por los hombres, principalmente
extranjeros. Las mujeres, especialmente las jóvenes (algunas de
las cuales no superan los 13 años de edad), se transforman en
la presa de estos hombres, víctimas a su vez de la explotación,
la alienación y la soledad. Lo que sigue es la discordia y la
decadencia social.
Según
el informe, “La cuestión del dinero tiene mucho que ver con el
surgimiento de la explotación sexual comercial de las niñas. En
la mayoría de los casos se citó al dinero como la razón de dicha
explotación”. “Al parecer, en la mayor parte de los casos, el
dinero se utilizaba en lo que podría considerarse en las aldeas
como elementos superfluos, tales como alimentos procesados, casas
hechas de material (en lugar de hojas, que es lo habitual), viajes
a Honiara (la ciudad capital) en busca de diversión, vestimenta
o productos de belleza. Los trabajadores extranjeros representaban
una oportunidad para las jóvenes de acceder al dinero y
a productos que, normalmente, estarían fuera de su alcance. Esto
se vio reflejado también en numerosos casos de niños que visitaban
los campamentos para ver películas, mirar la maquinaria o los
barcos en que se transporta la madera, cosas que no habrían podido
ver de otra forma. De esta manera, las niñas
ven a los campamentos madereros como lugares fantásticos, y pueden
ser fácilmente persuadidas de abordar los barcos o entrar en las
casas y los dormitorios, aumentando así el riesgo de abuso.” “También
se mencionan las influencias extranjeras
en relación con la pérdida de kastom (prácticas tradicionales
o consuetudinarias).
El acceso al
alcohol, a las drogas y a materiales pornográficos, y la influencia
de Honiara (con una tasa de criminalidad más elevada y un estilo
de vida más occidental),
son consideradas nocivas para los estilos de vida tradicionales.”
El madereo es un negocio que no solo no ofrece una vida digna
a las comunidades locales sino que además refuerza y profundiza
el abuso de género. Citando las palabras de Ta’ahia, autora de
“Logging, a cursed blessing: is this the island way? The plight
of the Tawatana Villagers of Makira Island”: “El madereo está
matando a nuestra gente. Quizás no de inmediato, pero sí lentamente,
y tal vez en más sentidos de los que llegaremos a conocer. Es
necesario detener el avance del madereo insustentable en nuestras
islas, no solamente para preservar nuestro ambiente o las islas
sino, sobre todo, para preservar o conservar lo que significa
ser salomonense y, más que nada, la integridad, la libertad y
la supervivencia de una raza humana. Sí, todos debemos enfrentar
el cambio, y lo hacemos, pero deberíamos preguntarnos: ¿estamos
progresando o beneficiándonos con este desarrollo? ¿O será que
no estamos mejor que antes, y tal vez hasta estemos peor, ya que
estamos perdiendo nuestros recursos y nuestros valores culturales
y estamos siendo forzados a cambiar por los negocios turbios y
el beneficio a corto plazo de unos pocos hombres?”
Artículo basado en: “Logging sparks rise in child sex abuse-Solomon”,
Solomon Star, 1 de agosto de 2007,
http://www.solomonstarnews.com/?q=node/14571, enviado
por Nina Bulina, Greenpeace Australia Pacific, correo electrónico:
nina.bulina@pg.greenpeace.org; “Commercial Sexual Exploitation
of Children in the Solomon Islands: A Report Focusing on the Presence
of the Logging Industry in a Remote Region”,
http://www.anglicanmelanesia.org/download/CCC_CSEC_Report.pdf
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Papúa Nueva Guinea: la vida puede ser dura
para las mujeres en las plantaciones de palma aceitera
Las
plantaciones de palma aceitera en gran escala resultaron nefastas
para muchos habitantes de Papúa-Nueva Guinea, en especial para
las mujeres, que han sufrido cambios radicales en su vida, su
trabajo, su seguridad y su salud (ver Boletín nº 120 del WRM).
El
“desarrollo” prometido a las comunidades a cambio de sus tierras
(agua corriente, electricidad, viviendas mejoradas) nunca llegó.
Y los resultados en cuanto a ingresos son magros. Según una crónica
de la activista Andrea Babon, un cultivador de palma aceitera
declaró el año pasado que inicialmente le habían prometido un
ingreso equivalente a unos 161 dólares estadounidenses por tonelada
de frutos de palma aceitera que cosechara, pero el precio internacional
del producto cayó y los cultivadores solo recibieron el equivalente
a 40 dólares estadounidenses por tonelada.
Babon
explicó que “los productores cosechan el fruto de la palma aceitera
y la empresa lo recoge cada quincena”. A una familia entera, incluidos
niños desde tan solo cinco años, le puede llevar dos días, trabajando
de sol a sol, cosechar 1,7 toneladas de fruta. Por esa cantidad,
el pago es de aproximadamente 85 dólares australianos (unos 68
dólares estadounidenses), menos los costos deducidos por la empresa
por concepto de fertilizantes o de reembolso de préstamos, que
pueden representar hasta 70 por ciento del pago. Es un trabajo
muy duro y pesado, para obtener apenas unos 25,5 dólares por quincena”.
A
la escasa remuneración de las mujeres se agrega el problema de
la distribución de los ingresos dentro de la familia. Las mujeres
obtienen solo una pequeña parte del dinero que ganan sus esposos,
aunque hayan contribuido a la producción de los frutos. En general,
ellas tienen menos control del dinero que los hombres porque las
empresas tratan con éstos, que pueden cortar grandes racimos de
los árboles y obtienen los empleos mejor remunerados.
Además,
esta pérdida de la participación social de las mujeres ha significado
un cambio radical en sociedades que solían ser matriarcales. Un
informe de la Australian Conservation Foundation (ACF, Fundación
Australiana por la Conservación) cita a una mujer dueña de tierras
en la provincia de Nueva Irlanda, que declaró: “Nuestra sociedad
es matriarcal [cuando las mujeres son las jefas de familia o de
tribus]. Sin embargo, no se consulta a las mujeres. La tierra
es nuestra, pero los hombres están tomando todas las decisiones.
En otras partes del mundo la
tierra es muy cara. Nosotros somos como vacas. Nos sacan
la leche y se van. Es hora de que nos resistamos”.
También
hay zonas que tienen un sistema de sucesión matrilineal. En Papúa
Nueva Guinea esto significa que la tierra es transmitida de madre
a hija, y no de padre a hijo. Aun cuando las mujeres sean las
legítimas propietarias, como las empresas productoras de aceite
de palma solo tratan con los hombres, son ellos los que firman
el contrato de arrendamiento de la tierra, sin el consentimiento
de las mujeres.
Dice
un informe de ACF: “En la zona del gobierno local de Mosa, en
la provincia de Nueva Bretaña Occidental, las mujeres padecen
la peor parte de la pobreza. Dicen que se sienten ‘encajonadas’
cuando las reasientan en un bloque de palma aceitera, y ahora
no tienen otra salida que seguir recogiendo los frutos. Ni siquiera
pueden pagarse el viaje de vuelta a sus casas”. En esta zona,
una plantación de palma aceitera de 4 hectáreas rinde un ingreso
mensual de unas 1.800 kinas (en moneda de Papúa Nueva Guinea,
equivalente a unos 630 dólares estadounidenses). Dado que
este ingreso debe sustentar hasta a dos y tres generaciones de
miembros de una familia, no alcanza para atender todas sus necesidades
básicas. Con promesas de desarrollo se atrajo a la gente
hacia la zona, y esto provocó una sobrepoblación de los bloques
de plantación. Algunas familias ni siquiera pueden costearse elementos
básicos como jabón y medicamentos, y se ven en dificultades para
pagar los estudios y los uniformes de sus hijos”.
Cuando
se convierten tierras agrícolas tradicionales en plantaciones
de palma aceitera, el acceso de las mujeres a esas tierras se
ve restringido. Esto implica que las mujeres son privadas de una
fuente de alimentos para sus familias. Con menos tierras para
huertos y agricultura de subsistencia, las familias pasan a depender
de los alimentos que compran en las tiendas,
que son más costosos.
La
restricción del acceso a las tierras de cultivo también priva
a las mujeres de los ingresos que pueden ganar mediante la venta
de hortalizas en ferias locales, a las que en general controlan.
Esto no solo limita su libertad sino también el ingreso familiar,
dado que las mujeres tienden a invertir su dinero en el hogar
más que los hombres.
Basada
en esta idea, la Oil Palm Industry Corporation (OPIC) lanzó su
proyecto Mama Lus Frut Scheme en Hoskins, Nueva Bretaña Occidental,
en 1997. Se trata de un sistema que reduce la tarea de las mujeres
a la recolección de los sobrantes. Según el informe de ACF, el
proyecto “fue ideado originalmente porque quedaban demasiados
frutos en el suelo y se desperdiciaban. Las mujeres recibían sus
propias redes para la recolección y tenían
su propio sistema de pago, llamado “mama card”. Se les pedía que
recogieran los frutos sueltos y se los vendieran a la empresa.
Este sistema fue promovido por los partidarios de las plantaciones
de palma aceitera, incluso por la agencia australiana de ayuda
para el desarrollo (AusAID), como una buena medida para ayudar
a las mujeres de Papúa Nueva Guinea.
“La
OPIC convenció a los hombres de las bondades del proyecto diciéndoles
que si las mujeres tenían su propio ingreso, toda la familia se
beneficiaría. Al principio, parecía una buena idea. Sin embargo,
es posible que esto también haya estimulado a algunos hombres
a dejar toda la responsabilidad del mantenimiento de la familia
en manos de las mujeres, para poder gastar su propio salario en
otras cosas”.
La
vida puede ser muy dura para las mujeres que trabajan en las plantaciones
de palma aceitera. Ignoradas, coartadas, tienen un trabajo agotador
e ingresos magros, y están amenazadas por la violencia doméstica
por parte de hombres sometidos a un trabajo duro y a la pérdida
de sus formas de vida y los valores tradicionales.
Artículo
basado en: “The Impact of Oil Palm on Women and Families”, Australian
Conservation Foundation (ACF), enviado por Lee Tan, coordinador
del Programa de Asia-Pacífico, Australian Conservation Foundation,
e-mail: L.Tan@acfonline.org.au,
http://www.acfonline.org.au/;
“Papua New Guinea Case Study - Asian Development Bank Technical
Assistance Loan to Papua New Guinea for Nucleus-Agro Enterprises”,
Australian Conservation Foundation (ACF), Centre for Environmental
Law and Community Rights (CELCOR/FoE PNG) y Friends of the Earth
Australia (FoE Australia), escrito por Lee Tan y enviado por el
autor, y "Anatomy of a Campaign", por Andrea Babon,
http://www.acfonline.org.au/uploads/res_Habitat_AP_3.pdf
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