‘Economía verde’, biodiversidad e ‘inteligencia forestal’

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El nuevo “desarrollo sustentable” se llama “economía verde”, algo que funcionará a partir de un “crecimiento verde”. Principalmente desde Rio+20, la ONU y los gobiernos nacionales intentan mostrar ante los pueblos del mundo un renovado compromiso con una política responsable para con el medio ambiente y el futuro del planeta. Denominar “verde” a dicha política, un color asociado a la naturaleza, queda bien. Pero, por ser verde, tal política ¿se preocupará también por la diversidad? Y en el futuro la “economía verde” ¿también será una “economía biodiversa”?

El Instituto para el Crecimiento Global Verde, GGGI (Global Green Growth Institute), presenta sus servicios refiriéndose a “estrategias de desarrollo económico basadas en un crecimiento verde”. Quienes contratan sus servicios pueden contar con un asesoramiento que promete enseñar la metodología para elaborar el “plan de crecimiento verde”; con colaboración para crear sociedades “público- privadas”, para que las empresas asuman un papel aún más preponderante en el mundo; y con servicios de investigación. Pero nada sobre biodiversidad. ¿Cuál será, entonces, el significado exacto de “verde” en los programas de GGGI y otros consultores especializados en “crecimiento verde”?

Un tipo de “verde” aparece, por ejemplo, en el Perú (ver artículo en este boletín), donde el GGGI es una de las instituciones que ofrece ayuda para el desarrollo “verde” en la selva amazónica. La oferta incluye varios proyectos REDD. Una de las opciones para implementar REDD+ son las plantaciones de palma aceitera - un árbol indudablemente verde por fuera y, además, una “energía renovable” capaz de almacenar carbono. Plantada en monocultivo, la palma aceitera destruye la diversidad biológica y cultural. De esta forma se torna una actividad lucrativa en la que los árboles en crecimiento contribuyen al “crecimiento verde” y “renovable”, una simbología perfecta.

Otro aspecto “verde” en los proyectos en Perú es el tan propagado “manejo forestal sustentable”. Aparece como concepto prácticamente incuestionable desde un punto de vista ambiental, porque mantendría la “selva en pie” y, con ello, contribuiría también a la conservación de la biodiversidad del lugar. Sin embargo, son muchos los problemas relatados en relación a este tipo de “manejo” (ver boletín 188 del WRM) en áreas concedidas generalmente a empresas madereras. Inclusive la deforestación selectiva ha demostrado ser destructiva, empobreciendo la biodiversidad. Además, en las áreas de concesiones se han denunciado reiteradamente casos de violaciones de derechos de las comunidades locales.

También se considera “verde”, aunque cueste creer, el mecanismo de “compensación”, esencial para lo que el “crecimiento verde” garantiza, principalmente “el crecimiento”. Dicho mecanismo permite que continúe el aumento de las actividades destructivas en gran escala en áreas de bosque - como la explotación de petróleo, el agronegocio, la minería, las represas hidroeléctricas -. Sin embargo, la idea es que se tomen medidas que compensen los posibles daños; por ejemplo, garantizar la preservación de un bosque ‘equivalente’ en otro lugar o simplemente “plantar un bosque de monocultivos”, siempre y cuando la destrucción para la minería lo haga “necesario”.

Si esto parece increíble, las empresas de consultoría que piensan esas formas “innovadoras” de crecimiento no se quedan atrás en sus propagandas. La empresa finlandesa Indufor - consultora en el área forestal y contratada para elaborar el Programa de Inversión Forestal (FIP) en Perú, uno de los programas para incentivar REDD+ y el comercio de “servicios ambientales”- afirma en su página web que practica la “inteligencia forestal”, de carácter “analítico, creativo y práctico”. La consultora ofrece a sus clientes “soluciones forestales” que son “sustentables y efectivas en términos de costos”.

O empezamos a usar y aplicar la sabiduría y creatividad de tantos pueblos y comunidades, para elaborar e implementar programas que puedan salvar realmente a los bosques, a la biodiversidad y al mundo de las crisis climática y ambiental; o les entregaremos el mundo en crisis a la “inteligencia” de los consultores y sus asociados, ávidos de transformar problemas graves, casi milagrosamente, en “soluciones” que permitan más negocios y beneficios para ellos y sus clientes y dejen menos bosques y biodiversidad para las comunidades.