Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Bosques costeros amenazados por el turismo

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En las costas tropicales y subtropicales de América Latina, principalmente en México, Brasil, y la mayoría de países centroamericanos y caribeños, el desarrollo de la actividad turística se ha producido en sucesivas oleadas durante los últimos cuarenta años. Esto ha implicado una disminución y degradación de los llamados ‘bosques salados’. Los bosques costeros incluyen entre otros a los manglares, bosques de playa, terrenos pantanosos de inundación periódica (bosques de marisma y bosques de planicie anegadiza) y a los terrenos pantanosos de agua dulce. Sin embargo, uno de los ecosistemas más afectados por la expansión turístico-residencial son los bosques de mangle o manglares.

La construcción de hoteles y residencias en la ‘primera línea’ a lo largo de la costa ha implicado en muchos lugares la reorganización del territorio costero para facilitar su uso turístico. Esto significa que áreas previamente ocupadas por bosques costeros han sido destruidas por la construcción de inmuebles, proyectos de infraestructura para facilitar el acceso entre las zonas construidas y el mar, o incluso han sido sustituidas por otros entornos naturales en función de patrones estéticos estandarizados de lo que debe ser el ‘paisaje turístico’.

Desde la década pasada, la costa Pacífica de Costa Rica, por ejemplo, se ha convertido en uno de los epicentros turísticos en Centroamérica. Su rápido desarrollo de hoteles de playa y casas de veraneo está muy ligado al mercado de los Estados Unidos. Junto con el turismo de cruceros, el turismo residencial ha transformado franjas del paisaje físico, lo que ha desplazado a muchas comunidades pesqueras, agrícolas y ganaderas de las zonas costeras (1).

Los territorios costeros

Los manglares o bosques de mangles están conformados por árboles o arbustos leñosos que, según explica la Red Manglar Internacional, una alianza de organizaciones que apoyan a las comunidades que viven y dependen de los manglares, “crecen y se desarrollan en las zonas intermareales y terrenos anegados de los deltas y estuarios litorales, y se localizan sobre suelos salinos, arenosos, fangosos, arcillosos, con poco oxígeno y a veces ácidos” (2). Las ramas colgantes de los mangles se hunden en la tierra entrelazándose unas con otras. Esto da lugar a unas estructuras boscosas sobre el agua, muy densas, que sirven como refugio para una gran cantidad de especies y plantas, especialmente peces, caracoles, conchas y cangrejos, y también de aves. Los manglares sirven de base alimentaria para las poblaciones costeras. Las actividades de recolección frecuentemente son llevadas a cabo por mujeres y suponen el sustento alimentario de muchas familias.

Estos bosques además protegen a las formaciones coralinas que se desarrollan especialmente en las aguas del Atlántico, actuando como barrera para disminuir la carga de sedimentos que arrastran los ríos. Estas formaciones son esenciales para la alimentación local y para la reproducción de múltiples especies. Asimismo, sirven como barrera de amortiguación ante el impacto de fenómenos naturales como tormentas, tsunamis y huracanes cada vez más frecuentes e intensas a consecuencia del cambio climático.

Los bosques de playa por su lado, se encuentran en general por encima de la marca de la marea alta en suelos arenosos. Pueden unirse a tierras dedicadas a la agricultura o a los bosques de tierras altas. Estos sistemas forestales costeros son muy sensibles a cualquier modificación. Las vegetaciones de playa y de dunas de arena desempeñan una importante función en la estabilización de la tierra y de tal modo evitan la sedimentación en lagunas y ríos costeros. Asimismo, protegen a las poblaciones de la invasión de las dunas de arena. Las especies animales predominantes son los cangrejos y los moluscos. Las playas también son importantes sitios para la reproducción de la tortuga marina.

Los bosques de terrenos pantanosos de inundaciones periódicas caen bajo la influencia de los movimientos de las mareas y pueden ser inundados por agua dulce o por agua ligeramente salina dos veces al día. La amplitud de las mareas varía de un lugar a otro. Los bosques son la cubierta de vegetación natural de las planicies anegadizas ribereñas. Estas planicies están reconocidas como uno de los ecosistemas de mayor producción con una vida silvestre rica de especies.

Y finalmente, los bosques en terrenos pantanosos de agua dulce permanentes cuentan con suelos constantemente húmedos y se caracterizan por sus especies de plantas más ricas en nutrientes vegetales (3).

Consecuencias de la destrucción

El avance progresivo del desarrollo turístico-residencial sobre las costas, en paralelo a la expansión de la industria camaronera en otras áreas del litoral, supone una clara amenaza para los bosques costeros, y en especial para los manglares. La destrucción de estos bosques supone un daño ecológico de enormes dimensiones y consecuencias. Incrementa además la vulnerabilidad tanto de los ecosistemas como de las poblaciones locales frente a fenómenos naturales, en un contexto donde se prevé su intensificación a causa del cambio climático.

La urbanización masiva y descontrolada de la franja costera, junto con la proliferación de la industria hotelera y portuaria, ha ocasionado entre otras cosas la erosión costera. Esto ha afectado de forma grave en el Golfo de México y al Mar Caribe, cuya expresión más visible es la alarmante desaparición de las playas en la Riviera Maya denunciado por Greenpeace México (4). Pero también avanza en otras regiones, como en la provincia de Guanacaste, Costa Rica, como repetidamente vienen alertando organizaciones ecologistas como Confraternidad Guanacasteca o la misma Pastoral Social de la Iglesia Católica (5). Asimismo, la pérdida de bosques costeros implica también serios problemas de contaminación de aguas de ríos y quebradas, así como de playas y del océano, la destrucción de suelos y nacientes de agua y el deterioro de hábitats para la biodiversidad.

Por otra parte, la degradación de estos ecosistemas también impacta en los medios de vida de las poblaciones costeras, empobreciéndolas y dificultando que puedan mantenerse en sus territorios de origen. Se convierte por tanto en un factor de ‘descampesinización’ al destruir las bases materiales sobre las que se asientan y reproducen las comunidades costeras. Finalmente, en algunos lugares, la degradación y deforestación de estos bosques ha dado lugar a un incremento de los conflictos socio-ambientales.

El turismo, lejos de ser esa ‘industria sin chimeneas’ como proclaman las grandes corporaciones y sus representantes institucionales, supone un fuerte impacto ambiental y por ende social. Hoy los bosques costeros se ven fuertemente amenazados por las actividades turístico-residenciales, en conjunto con la expansión de la industria camaronera.

Ernest Cañada, Coordinador de Alba Sud, ernest@albasud.org

 

(1) Femke van Noorloos, “¿Un lugar en el sol para quién? El turismo residencial y sus consecuencias para el desarrollo equitativo y sostenible en Guanacaste, Costa Rica”, Alba Sud, Opiniones en Desarrollo, núm. 15, mayo de 2013, www.albasud.org/publ/docs/58.pdf

(2) La Red Manglar Internacional es una alianza de organizaciones de base comunitaria conformada por la representación de 10 países latinoamericanos (Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Perú y Venezuela). Tiene como objetivo “defender los manglares y los ecosistemas marino-costeros, garantizando su vitalidad y la de las poblaciones usuarias ancestrales que viven en relación con ellos, frente a las amenazas e impactos de las actividades susceptibles de degradar el ambiente, alterar el equilibrio natural ecológico y/o que violenten los derechos humanos de las comunidades locales”. Más información: http://redmanglar.org

(3) FAO: La ordenación integrada de zonas costeras y el sector forestal. Página Web: http://www.fao.org/forestry/icam/4360/es/

(4) Greenpeace México, Campañas: Turismo depredador, www.greenpeace.org/mexico/es/Campanas/Oceanos-y-costas/Que-amenaza-a-nuestros-oceanos/Turismo-depredador/

(5) Ronal Vargas, Una mirada socio-económica a Guanacaste y su gente, Alba Sud, 22 de enero de 2013. www.albasud.org/noticia/es/378/una-mirada-socio-econ-mica-de-guanacaste-y-su-gente

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