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Los bosques nativos del sur de Chile y el pueblo mapuche
Rodrigo Catalán Labarías - Ruperto Ramos Antiqueo

Indice:

1. Introducción
2. Descripción de la situación de los bosques nativos y el pueblo mapuche
3. Las causas subyacentes de la deforestación
4. Actores de las causas indirectas o subyacentes
5. Relaciones entre las causas directas y las causas subyacente
6. Caminos de solución
7. Referencias

1. Introducción

En Chile, la desaparición y degradación de los bosques naturales es una fuente de conflictos entre las empresas forestales, las comunidades indígenas, las organizaciones ambientalistas y el gobierno. Las causas son complejas y en su mayoría tienen orígenes históricos.

Gran parte de los bosques nativos se encuentran en terrenos privados, a excepción de los que están incluidos en el Sistema Nacional de Areas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE). En consecuencia, los principales actores directos de la deforestación en la zona sur de Chile pertenecen al sector privado, y entre ellos destacan las empresas forestales y los pequeños agricultores. Las primeras están motivadas exclusivamente por la generación de ingresos mientras los segundos poseen una estrategia mixta de producción de autosubsistencia con generación de ingresos. Ni el mercado ni el gobierno los compensan por proteger sus bosques naturales que ofrecen servicios al resto de la sociedad tales como regulación del ciclo hidrológico, captura de carbono, conservación de la biodiversidad, mantenimiento del pasaje, control de la erosión y regulación del clima. El desafío consiste en compatibilizar derechos de propiedad privada sobre el bosque natural como un bien y las funciones sociales o de interés público que estos otorgan.

El gobierno no genera leyes que promuevan la conservación del bosque nativo a través de incentivos o sanciones y en el caso de que ellas existan no son aplicadas por la debilidad de la institucionalidad forestal chilena. Sus políticas macroeconómicas generan distribuciones inequitativas de la riqueza que desfavorecen al bosque nativo; ya sea por parte de los sectores más ricos que sustituyen los bosques nativos por plantaciones comerciales, ya sea por parte de los sectores más pobres que destruyen el bosque para habilitar terrenos de cultivo y obtener leña.

Por otra parte, el mercado no internaliza los costos ambientales y sociales de la producción forestal basada en plantaciones que sustituyen bosques naturales ni retribuye económicamente a los privados que los conservan. Al igual que en la mayoría de los países del mundo, gran parte de los productos y servicios del bosque, excluyendo la madera, no tienen mercado y por ende no tienen precio. Para el mercado no tienen valor, sin embargo sí lo tienen para la sociedad.

Las comunidades mapuches del sur de Chile viven una situación de extrema pobreza asociada a un reducido tamaño de la propiedad. Los remanentes de bosque nativo son espacios de conflicto ya que se enfrentan a presiones por venta de leña y madera, habilitación de terrenos para la agricultura y sustitución por plantaciones de especies forestales de rápido crecimiento ente otras. Por otra parte, el bosque posee un gran valor cultural para estas comunidades además ser fuente de una gran cantidad de productos y servicios fundamentales para su economía.

Existen otros actores involucrados en la deforestación y degradación del bosque nativos en Chile que, debido a que su participación es indirecta, usualmente no son incluidos en los análisis del tema. Algunos de ellos, que han sido llamados "actores tras bambalinas", son las compañías transnacionales de pulpa y papel, las agencias internacionales de crédito, los grupos económicos y los consumidores urbanos de Chile y los países del Norte.

El presente estudio de caso aborda el problema de la deforestación y las comunidades mapuches de la IX Región de Chile (38°-39° L.S), vinculándolo también con sus causas directas y subyacentes, a nivel nacional e internacional. Se trata de una investigación a nivel de ecorregión que recoge datos de entrevistas con dirigentes mapuches, sondeos rurales rápidos, censos, catastros y estudios anteriores sobre el tema.

Considerar las causas subyacentes, ocultas o indirectas en el análisis une a éste con otros estudios realizados paralelamente en Latinoamérica, África y Asia para el Foro Intergubernamental de Bosques. Se pretende contribuir a una comprensión más profunda del complejo problema de la deforestación que afecta tanto a las comunidades locales como al planeta en su conjunto y con ello facilitar la generación de estrategias más eficaces que logren revertir este proceso.

2. Descripción de la situación de los bosques nativos y el pueblo mapuche

  • El bosque como componente de una bioregión

La mayor parte de los bosques sudamericanos y de Centro América corresponden al llamado reino florístico neotropical. Al sur del continente, aparecen los bosques templados de Chile y Argentina pertenecientes a un reino floral diferente: el antártico (Donoso, 1993). El bosque de la zona de estudio pertenece a uno de los últimos y más extensos Bosques Húmedos de la Región Templada Fría (Holdridge, 1987) del planeta, con equivalentes en restringidas áreas de los Andes del sur de Argentina, noroeste de Estados Unidos, sudoeste de Canadá, norte de Europa, Nueva Zelandia, Tasmania y el este del Mar Negro. En el debate sobre la deforestación en el mundo, la desaparición de bosques tropicales ha relegado a segundo plano la no menos grave destrucción de los bosques templados lluviosos (Galloway, 1996).

Los bosques templados del sur de Chile han sido objeto de distintas clasificaciones. Según Donoso (1981), en el área que se realizó el estudio, los bosques corresponderían al tipo forestal Roble-Raulí-Coigüe, subtipo Remanentes Originales. Gajardo (1994) lo denomina Bosque Caducifolio de la Frontera perteneciente a la Región del Bosque Caducifolio, Subregión del Bosque Caducifolio del Llano, que incluye varias formaciones vegetales.

Existen además variaciones en los estado sucesionales de los bosques, desde bosques jóvenes de segundo crecimiento hasta escasos remanentes de bosques antiguos, con bajo nivel de perturbación.

En la IX Región de Chile, existen 907 mil 521 hectáreas de bosque nativo, que incluyen 284 mil 684 hectáreas de bosque adulto, 446 mil 585 hectáreas de renovales o bosque de segundo crecimiento, 93 mil 722 hectáreas hectáreas de una situación intermedia entre bosque adulto y renoval y finalmente, 82 mil 565 hectáreas de bosques achaparrados (CONAF et al, 1998).

  • Biodiversidad

A pesar que la biodiversidad de los bosques templados suele ser menor que la de los bosques tropicales, los bosques del sur de Chile y Argentina se destacan en relación a los bosques templados del hemisferio norte. Explican esta situación la alta heterogeneridad de ambientes en que se desarrollan, producida de fuertes variaciones altitudinales y latitudinales. Perturbaciones ambientales tales como vulcanismo, glaciaciones y deslizamientos de tierra, aumentaron la diversidad de ambientes contribuyendo a elevar la riqueza biológica de estos bosques.

Según Arroyo et al (1996), el bosque templado lluvioso del sur de Chile estaría compuesto por 443 especies de plantas vasculares, con 160 especies leñosas (44 especies de árboles correspondientes a 32 géneros y 20 familias) y 283 especies herbáceas. Entre los 36 y 40º L.S. se concentra más del 70% de las especies forestales de Chile (Arroyo et al, 1996) y es la zona de mayor biodiversidad en Chile.

Predominan ampliamente las especies latifoliadas caducifolias en la zona septentrional de la distribución y áreas cercanas al límite altitudinal de la vegetación de Los Andes, y las siempreverdes a partir del paralelo 39. La zona de estudio se encuentra en el ecotono entre estos dos tipos de bosques, explicando la mayor biodiversidad que en ella puede encontrarse. La abundancia relativa de latifoliadas distingue a estos bosques de los templados del hemisferio norte donde las gimnospermas predominan ampliamente sobre las angiospermas.

Otra característica singular de los bosques de la zona de estudio es la diversidad de estratos y tipos biológicos de plantas con que cuenta. Un bosque maduro posee un estrato de árboles antiguos que emergen del dosel, generalmente del género Nothofagus, un estrato arbóreo de especies perennes tolerantes a la sombra, una gran cantidad de plantas epífitas asociadas a estos estratos arbóreos, un estrato arbustivo y finalmente un estrato herbáceo. Según Arroyo (1996), este gran espectro de formas de vida leñosas lo hace comparable a los bosques lluviosos templados cálidos.

Los líquenes de estos bosques, de gran importancia en el ciclaje de minerales, son especialmente abundantes y notorios, calificándose al bosque templado lluvioso de Chile como uno de los principales centros de biodiversidad de líquenes en el mundo (Galloway, 1996). Sin embargo, debido a su gran sensibilidad han sido fuertemente afectados por la degradación de bosques, la deforestación y el uso de herbicidas.

Las aves, más de 60 especies, constituyen un importante elemento de biodiversidad de estos bosques que ha sido fuertemente afectada por la deforestación y fragmentación de ecosistemas. La presencia de mamíferos, alrededor de 38 especies, es significativamente menor a la encontrada en los bosques templados del hemisferio norte (Murúa, 1996).

  • Endemismos

Lo que destaca a los bosques templados del sur de Chile es su alto grado de endemismo en plantas, 34% de los géneros de angiospermas, con una mayoría de familias que poseen un solo género y géneros monoespecíficos. La avifauna asociada, de la cual dependen muchas especies vegetales para su reproducción, posee similares niveles de endemismo y es comparable a la situación encontrada islas oceánicas (Rozzi et al, 1996). El origen de esta particulariedad de los bosques templados de Sudamérica está en el aislamiento geográfico en que se encuentran con respecto a los bosques tropicales y subtropicales del continente. Por el norte limitan con el bosque esclerófilo mediterráneo que a su vez limita con el desierto de Atacama, por el este desciende por la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes para desaparecer frente a la extensa estepa patagónica. Por el sur y el oeste, se encuentran los océanos Antártico y Pácifico, respectivamente. Se trata, por lo tanto de una "isla biogeográfica", separada por barreras infranqueables de los orígenes ancestrales de su biota (Armesto et al, 1996).

  • La comunidad y su relación con el bosque

Por cientos de años, los primeros habitantes de los bosques templados del sur de Chile practicaron una economía basada en la recolección , la caza y una incipiente agricultura itinerante de tala y roza (Dillehay, 1990; Aldunate, 1996). El ecotono entre el bosque caducifolio y el bosque siempreverde que se producen en la zona de estudio, generó un ambiente poco común en cuanto a potencialidades para la recolección, destacándose la presencia de abundante cantidad de especies con frutos carnosos y comestibles (Aldunate y Villagrán, 1991). Para los mapuches el bosque era de gran importancia resultaba como fuente de una enorme cantidad de plantas medicinales y de uso ritual. Adicionalmente, los proveía de materiales de construcción, herramientas y utensilios domésticos, constituyendo la base de su cultura material (Aldunate, 1996).

Luego del contacto con los españoles, la economía mapuche se tornó más ganadera y aumentó su actividad agrícola (Bengoa, 1996) . Esta situación se mantuvo hasta fines del siglo XIX cuando, luego de la ocupación militar, el Gobierno de Chile toma posesión efectiva del territorio mapuche. El asentamiento forzado de las familias mapuches en reducciones y la colonización del resto de las tierras, desencadenó el empobrecimiento de los recursos naturales y su economía, convirtiéndolos en campesinos de tierras marginales (Bengoa, 1996; Dillehay, 1990).

Sin embargo, gran parte de los usos ancestrales del bosque ha sido mantenido por los mapuches, incluyendo la leña, los diversos productos de recolección, la recreación y los aspectos espirituales. Una prueba de ello es la permanencia de gran parte de los nombres vernáculos de las plantas en el idioma mapuche (mapudungun), que se encuentran directamente relacionados a su uso. Destaca el aprovechamiento de más del 80% de la flora (CET, 1996), incluyendo especies arbóreas y del sotobosque. El uso medicinal y para alimentación son aún los más frecuentes para las plantas del bosque y contribuyen importantemente a la permanencia de las comunidades mapuches con baja cobertura del sistema de salud estatal y con cosechas agrícolas que muchas veces no alcanzan para el abastecimiento durante todo el año. Se trata de un uso frecuente y diversificado, pero también de una relación espiritual y de respeto entre el campesino mapuche y el bosque. Sin embargo, la transculturización y la deforestación ha generado una fuerte pérdida de conocimiento tradicional, especialmente en las nuevas generaciones. Esta erosión cultural se ha expresado también en una menor valoración del bosque nativo, generándose un peligroso círculo vicioso entre pérdida de tradiciones y deforestación.

  • Causas directas de la deforestación o degradación del bosque

Þ Sustitución por plantaciones de especies forestales exóticas

La sustitución, según Lara et al (1996) es una de las principales causas de la destrucción del bosque nativo en Chile. Se habrían sustituido, entre 1974 y 1992, más de 200.000 hectáreas de bosques nativos en el país (Lara, 1993) y en la novena región se sustituyeron 30.958 hectáreas entre 1985 y 1994 (Emanuelli, 1997). Estas cifras no reflejan la intensidad del problema ya que la sustitución ha sido fuertemente concentrada, llevando al borde de la extinción algunas especies, reduciendo las poblaciones naturales de otras y haciendo prácticamente desaparecer algunas formaciones vegetales. En algunas comunas del sur de Chile, se sustituyó más del 50% del bosque nativo entre 1978 y 1987 (Lara et al, 1989).

Los stocks comerciales han disminuido entre 1944 y 1984, en -43,5% para roble y - 57% para laurel (principales especies forestales del bosque estudiado), mientras que para pino han aumentado en 4.173,8 % (Armesto et al ,1994). Si bien algunos productos del bosque nativo, tales como la madera y la leña, son sustituibles mediante las plantaciones; otros como la biodiversidad, el valor cultural y paisajístico lo convierten en un capital insustituible.

Formaciones vegetales que incluían más de 20 especies arbóreas han sido sustituidas por monocultivos de Pinus radiata y Eucalyptus globulus, cuya uniformidad genética producto del mejoramiento es cada vez mayor. Muchas empresas forestales e incluso funcionarios del estado han considerado los remanentes de bosque nativo como sin valor económico ni posibilidades de manejo. Con esta apreciación, se legalizan y justifican las sustituciones en base al Decreto Ley 701 que define forestación como "la acción de poblar con especies arbóreas o arbustivas terrenos que carezcan de ellos o que estando cubiertos de vegetación ésta no sea susceptible de explotación económica, ni mejoramiento mediante manejo".

Una vez más, el bosque nativo es considerado como un obstáculo para el desarrollo nacional, apelativo que curiosamente también recae sobre los pueblos indígenas. Primero fue un obstáculo para el avance de los conquistadores españoles, luego para el ejército chileno que le prendía fuego para que no sirviera de escondite para los mapuches, también fue un obstáculo para los colonos que habilitaron tierras para la agricultura y la ganadería. Finalmente, el bosque nativo es un obstáculo para el crecimiento de las plantaciones forestales. No obstante, al igual que en las ocasiones anteriores, se han encontrado las formas para abrir paso al mito del progreso a costa de los bosques del sur de Chile.

La sustitución habitualmente comienza por una tala rasa con un aprovechamiento solo parcial de la madera nativa. Una gran cantidad de biomasa consistente en troncos, tocones y ramas es quemada sin permitir a las comunidades mapuches el aprovechamiento de este material para leña. Es frecuente que el bosque se recupere rápidamente luego del incendio proliferando las especies pioneras a partir del primer año. Para evitar la competencia que pueda provocar esta vegetación, considerada "maleza", las empresas aplican defoliadores químicos, alguno de ellos prohibidos en la mayoría de los países del norte.

Los principales impactos ambientales han sido la disminución de biodiversidad, la erosión y acidificación de los suelos, la disminución de la calidad y cantidad de las aguas en los cursos naturales y el deterioro del paisaje.

Entre los impactos sociales destacan el aislamiento de las comunidades por deterioro de la red vial, las malas condiciones laborales ofrecidas por un sistema de contratistas forestales independientes, la migración campo-ciudad y los consiguientes cordones de pobreza urbanos.

Los altos costos de oportunidad que constituyen las plantaciones comerciales, los problemas de comercialización de los productos del bosque nativo, la falta de incentivos estatales y la inexistencia de un modelo tecnológico de manejo son las principales razones que mueven a los privados a la sustitución del bosque nativo.

Þ Habilitación de terrenos para la agricultura y ganadería

Este proceso se produjo con mayor intensidad a principios de siglo en el área de estudio, pero continúa siendo importante en áreas precordilleranas de la región y en los bosques ubicados más al sur. Actualmente, aunque a una menor tasa que en el pasado aún persiste la habilitación de terrenos para la agricultura. El proceso comienza con la tala rasa del bosque nativo que es vendido para astillas o para leña, se quema, luego se destronca, se realiza un cultivo agrícola durante dos o tres años, posteriormente la fertilidad del suelo disminuye por erosión y finalmente son destinados a pastoreo extensivo.

El ritmo de este proceso ha sido fuerte a partir de la colonización europea de la zona y el proceso de reducciones mapuches. Los terrenos ocupados por bosques eran considerados "vacíos" e improductivos para el país. Los ancianos de la comunidad recuerdan la década de 1940 como la época en que se produjo la mayor cantidad de destronque para la habilitación de tierras (Sikor, 1993).

Þ Consumo y venta de leña y carbón

La leña era un recurso muy abundante para los mapuches antes de la colonización de su territorio y su relegación a reducciones. A partir de ese hito histórico, se fundan ciudades que incrementan fuertemente la demanda por leña. Es un tiempo de crisis económica y hambruna par los mapuches que se ven forzados a vender leña para sobrevivir. Esta actividad en la zona de estudio comenzó a principios de siglo y tuvo su auge entre 1930 y 1970 (Sikor, 1993 y Donoso, 1993). Sin embargo, en otras áreas como la cordillera de la Costa, se sigue explotando intensamente los bosques para leña que aún es el principal combustible de las ciudades del sur de Chile, tanto a nivel domiciliario como de pequeñas industrias. Eso es avalado por cifras del Ministerio de Agricultura (1993), que señala la leña como el principal uso del bosque nativo en Chile, con un volumen superior a los 5 millones de metros cúbicos anuales.

La extracción de leña para venta y autoconsumo, conjuntamente con las otras causas directas de la deforestación, han generado una escasez de esta fuente energética (CET, 1993) que tiene implicancias en la salud y alimentación de las familias mapuches.

A pesar de estas cifras y de numerosos diagnósticos realizados en comunidades mapuches, falta estudios que cuantifiquen el impacto del consumo de leña en la destrucción del bosque nativo. Esta necesidad se hace imperiosa para el debate acerca del bosque nativo chileno, ya que los empresarios forestales señalan que ésta es la principal causa directa de la deforestación, desestimando la importancia de las sustituciones. Su posición sostiene que son los pequeños propietarios y no las empresas forestales los principales responsables de la crisis del bosque nativo.

Þ Incendios forestales

Los incendios forestales son otra importante causa directa de deforestación y degradación del bosque nativo. A diferencia de otros bosques templados como el del noroeste de Estados Unidos donde el fuego es un fenómeno natural y necesario para el ecosistema, los incendios forestales en Chile, casi sin excepción, son originados por el hombre. La vegetación nativa es la más afectada por estos siniestros, lo que puede graficarse por cifras que entrega CODEFF (1992) para la temporada 1990-1991 en la que el 88.4% de la superficie afectada correspondió a vegetación nativa. En la IX Región, entre 1988 y 1997, se quemaron 10 mil 41 hectáreas de árboles y matorral nativo; el 67.54 % del total de la superficie forestal afectada correspondió a vegetación natural (CONAF, 1998a).

Los principales orígenes de estos incendios corresponden a quemas agrícolas descontroladas, habilitación de terrenos para la agricultura y ganadería, quemas para eliminar arbustos introducidos invasores como Ulex europeus, incendios intencionales, y finalmente, incendios accidentales producidos cuando florecen y se secan las bambúceas del género Chusquea que ocupan el sotobosque. Aunque no suficientemente reconocido, los incendios provocados por las empresas forestales para habilitar los terrenos para la plantación constituyen quizás la principal causal de los incendios que afectan al bosque nativo.

Þ Venta de rollizos para la producción de astillas

La venta de rollizos para la producción de astillas destinados a la exportación ha tenido un fuerte crecimiento en Chile en las última décadas y ha generado una gran presión sobre los bosques nativos. La zona de estudio no ha sido tan afectada como las regiones más meridionales de Chiloé y Tierra del Fuego donde aún existen mayores extensiones de bosques nativos.

El uso de rollizos de Eucalyptus globulus como materia prima ha adquirido una creciente importancia en el último tiempo, lo que no aumenta las esperanzas para el bosque nativo debido a la amenaza de las sustituciones.

En términos económicos, el crecimiento de las exportaciones de astillas lo ha llevado a alcanzar el tercer lugar en la producción mundial de astillas (Lash, 1996), constituyendo el 10% del total de las exportaciones forestales (Figueroa et al, 1996). La actividad se encuentra concentrada en cinco empresas que destinan el 97.6% del volumen a Japón (CONAF-INFOR, 1994 citado por Lara, 1996) que según el Ministerio de Agricultura (1993) corresponde a 1.7 millones de metros cúbicos, 55% del cual proviene del bosque nativo (Carrere y Lohman, 1997).

Þ Sobrepastoreo en bosques

La práctica tradicional mapuche de pastorear el ganado vacuno en los bosques naturales donde obtienen forraje y abrigo, sufrió importantes cambios luego del proceso de reducciones. De una ganadería extensiva en que la reducida carga animal en extensas áreas de bosques no afectaba significativamente su desarrollo, se pasó a una ganadería en pequeñas superficies de bosques. Los principales problemas resultantes de este cambio son la compactación de los suelos y los daños a la regeneración natural y el sotobosque.

Actualmente, la mayoría de los bosques nativos que se encuentran en comunidades mapuches se encuentran degradados como consecuencia del sobrepastoreo, lo que se expresa en crecimientos lentos, árboles con mala forma, disminución de las poblaciones de especies herbáceas y arbustivas más palatables y pérdida de la estructura multiestratificada..

Þ Floreo de los bosques

La explotación de los bosques nativos para la producción de madera comenzó en la década de 1920 en el valle central donde se ubica la zona de estudio. Los ancianos de la comunidad recuerdan la presencia de aserraderos móviles que causaron gran presión sobre los bosques. Se cortaban los mejores ejemplares de las especies de mayor valor maderero, lo que es conocido en Chile como "floreo". A medida que disminuía la calidad de los bosque en el valle, la explotación maderera se fue desplazando a la Cordillera de los Andes y Cordillera de la Costa. Actualmente , los bosques de la Cordillera de los Andes siguen siendo floreados por las empresas madereras.

Aunque esta práctica no genera directamente deforestación, degrada los bosques alterando sus funcionamiento, su estructura y su composición florística; aspectos fundamentales para un ecosistema forestal. Conjuntamente, se disminuye el valor económico actual y futuro de los bosques. Los individuos de menor valor comercial, ya sea por su especie o características, serán los árboles padres de futuras generaciones de bosques degradados por la erosión de genes y genomas. Esto constituye un primer paso para la sustitución basada en el argumento que el bosque se encuentra degradado.

  • Actores directos de la deforestación o degradación del bosque.

Þ empresas forestales

Hasta la década de 1950, la industria forestal se sustentó en una actividad extractiva a partir del bosque nativo. Esto contribuyó a la reducción de bosques naturales en terrenos accesibles y un deterioro de la calidad de éstos. Sin embargo, las empresas forestales de la época eran muy diferentes a las actuales, caracterizándose por su carácter familiar, bajo volumen de operaciones y orientación al mercado interno (Cruz y Rivera, 1983).

Las primeras plantaciones de Pinus radiata a gran escala de las décadas de 1950 y 1960, fueron iniciadas por el Estado de Chile, quien se encargó de la provisión de plantas y la faena de plantación. Posteriormente, instaló las primeras industrias de pulpa y papel, destacando las plantas de Celulosa Arauco y Celulosa Constitución. Entre 1976 y 1979 se privatizaron Celulosa Arauco, CELCO e INFORSA, empresas que monopolizan el rubro forestal actualmente.

Con plantaciones establecidas, infraestructura apropiada, subsidios a nuevas plantaciones y manejo además de excención de impuestos, el rubro forestal en Chile atrajo fuertemente la inversión privada. Este enorme subsidio permitió poner a las empresas forestales chilenas en condiciones competitivas en el mercado internacional (Leyton, 1986).

Las empresas forestales, al igual que otras empresas privadas, responden a las señales del mercado, intentando racionalmente maximizar el valor presente neto de sus posesiones (Laarman, 1998). En ausencia de incentivos o controles, las acciones de los privados están regidas exclusivamente por fines de lucro. Esta es la situación que han encontrado en Chile los inversionistas extranjeros: ausencia de incentivos a la plantación y manejo del bosque nativo, escasa capacidad de fiscalización del estado y débiles leyes ambientales y laborales. La sustitución de bosque nativo por plantaciones de especies exóticas de rápido crecimiento se explica por la presencia de privados que persiguen fines de lucro y que encuentran las condiciones señaladas.

Þ campesinos mapuches

Según el último censo de población y vivienda (INE, 1993), 928.060 personas se identifican en Chile como mapuches, constituyendo una de las etnias americanas más numerosas de la actualidad. Más del 50% de ellos ha migrado desde zonas rurales a la ciudades. Otra parte de ellos ha permanecido en el campo viviendo de actividades silvoagropecuarias, y constituye el grupo que denominamos campesinos mapuches.

Las comunidades mapuches se ubican territorio entre la VIII y X Región de Chile, entre los 37º y 42º de latitud sur, encontrándose la mayor parte de ellas en la IX Región de la Araucanía, donde viven 145.000 personas pertenecientes a la etnia (INE, 1993). Como se ha señalado anteriormente, a finales del siglo XIX, pasaron de ocupar la totalidad de este territorio a una pequeña superficie de reducciones. Lo que no fue comprendido es que los mapuches poseían un uso particular del espacio geográfico. Por una parte, existían las tierras donde estaban ubicadas las viviendas y se practicaba agricultura. Pero las familias contaban además con un área mayor, que si bien no era ocupada intensivamente, resultaba fundamental para actividades de recolección del bosque y ganadería.

Actualmente, las antiguas áreas de pastoreo y recolección que circundan las comunidades están ocupadas por plantaciones forestales pertenecientes a grandes empresas que sustituyeron el bosque nativo que ahí existía.

Estos campesinos se encuentran rodeados de terrenos con que no pueden adquirir sus tierras debido a las restricciones que les impone la Ley Indígena. A pesar de compartir el ámbito geográfico en el cual se produce el "boom" forestal chileno, no han sido beneficiados por este crecimiento económico. Por el contrario, han sufrido impactos sociales y ambientales negativos que han deteriorado aún más su calidad de vida.

El sistema productivo combina el cultivo de hortalizas, cereales y una ganadería a pequeña escala destinada al autoconsumo con venta de excedentes eventuales. La racionalidad que mueve las decisiones familiares es la minimización del riesgo para asegurar su permanencia en el tiempo. Los rendimientos agrícolas y pecuarios son bajos. El tamaño de la propiedad es de 10 hectáreas en promedio (CET, 1993), contrastando con los extensas superficies de las plantaciones cercanas de las empresas .

Los bosque nativos que cubrían toda la región han sufrido una fuerte fragmentación, quedando reducidos a verdaderas islas cercanas a cursos de agua en un paisaje de praderas naturales y cultivos agrícolas. El 70% de estos parches posee una superficie inferior a 5 hectáreas y son escasas las reservas superiores a 100 hectáreas.

La participación de los mapuches en la deforestación se produjo principalmente luego de la radicación de las familias y la consiguiente disminución de su territorio. La habilitación de terrenos para la agricultura y ganadería fue importante en ese período. Posteriormente, la extracción de leña para consumo y venta tuvo también un impacto significativo en los bosques. Aunque estas actividades se mantienen en la actualidad, especialmente en comunidades ubicadas en ubicadas en la Cordillera de la Costa y Cordillera de los Andes, en la mayoría se ha llegado a una estabilización en que coexiste la agricultura, la ganadería y la extracción moderada de recursos forestales de remanentes de bosques nativo que se han conservado en sectores de mayor pendiente y cercanos a los cursos de agua.

El paisaje de la comunidades mapuches se caracteriza por un mosaico de parches con distintos usos del suelo interrumpidos por cortinas cortavientos y relictos de bosque nativo, lo que les ha permitido mantener y manejar altos niveles de biodiversidad. En un estudio efectuado en un área de 3.400 hectáreas, se identificó 330 especies vegetales, entre las cuales se encuentra una alta proporción de las especies nativas de los bosques originales (CET, 1996). No puede decirse lo mismo de las empresas forestales y los medianos y grandes agricultores que han homogeneizado el paisaje disminuyendo drásticamente su diversidad.

Þ medianos y grandes propietarios

Una buena parte de los medianos y grandes propietarios de la región de estudio son descendientes de colonos alemanes, italianos y suizos a quienes el estado chileno les otorgó tierras a partir de mediados del siglo XIX. Ellos se encontraron con un territorio prácticamente cubierto de bosques vírgenes y comenzaron un proceso de más de un siglo de habilitación de terrenos para la agricultura y ganadería.

Según Donoso y Lara (1996), los colonos italianos deforestaron alrededor de 300.000 hectáreas para dedicarlas a la ganadería y cultivo de trigo. Se conoce a este período como "el auge triguero" en que la demanda de este cereal creció fuertemente debido a la necesidad de alimentación de las tropas de la guerra de Arauco y la exportación a California. Simultáneamente, aumentó la demanda por madera para la construcción de ciudades, y posteriormente infraestructura de transporte y comunicaciones (durmientes de ferrocarril, puentes, postes de telégrafo). A principios de siglo, la superficie deforestada había aumentado a 580.000 hectáreas (Donoso y Lara, 1996). Algunos autores como han calificado este período como uno de los procesos de deforestación más rápida y masiva registrados en Latinoamérica ( Veblen, 1983 citado por Lara et al, 1996).

El monocultivo de trigo se realizaba sobre los suelos recientemente deforestados, produciendo excelentes rendimientos durante los primeros años. Sin embargo, se trataba suelos frágiles que, luego de algunas décadas de producción intensiva, comenzaron a sufrir un fuerte proceso erosivo. Hoy en día, esos terrenos presentan una de situaciones más graves de erosión de suelos a nivel nacional.

Actualmente, los medianos y grandes propietarios se encuentran organizados en sociedades con influencia política, poseen una buena capacidad de inversión y tienen acceso a créditos. A pesar de esto, han sido afectados por la disminución de los precios de la carne y los cultivos tradicionales originados por la apertura de las fronteras comerciales. Muchos de estos medianos y grandes propietarios han decidido vender a las empresas forestales que ofrecen pago al contado por las tierras. En tanto que otros han reemplazado los cultivos tradicionales y la ganadería por plantaciones forestales. Este cambio de uso del suelo ha generado fuerte polémica en la opinión pública alegándose la inconveniencia de destinar a la producción de pulpa, tierras con capacidad de producir alimentos.

  • Relaciones entre empresas forestales y campesinos mapuches

La fuerte concentración de la tierra generado por la expansión de las empresas forestales en el sur de Chile ha creado importantes conflictos con las comunidades mapuches. Según el diario conservador El Mercurio (1998), existen más de 60.000 hectáreas en manos de las empresas forestales sobre las cuales las comunidades mapuches reclaman derechos ancestrales. Aunque las demandas de los mapuches representan solo el 3.9% del total, según este diario, el clima de violencia perturba el desarrollo del sector forestal.

Los mapuches reclaman además la disminución del agua en sus esteros, la desaparición de especies de valor cultural y efectos en la salud, ganado y cultivos originados por los pesticidas. Denuncian la desaparición de productos de recolección como hongos, plantas medicinales, forraje, animales silvestres, frutos comestibles; todos de gran importancia para su economía familiar. Otro factor crítico lo constituye el aislamiento producido por las empresas que cierran los caminos de acceso a las comunidades y compran todo los terrenos aledaños no afectos a la ley indígena. Finalmente, el argumento de las empresas de la generación de empleos es refutado por los mapuches que señalan que los trabajos son temporales, mal remunerados y en condiciones poco dignas.

Por su parte, las empresas consideran a los campesinos mapuches como un peligro potencial de incendios, una amenaza para su patrimonio y un obstáculo para su expansión territorial. Debido a esto presionan por distintas vías a los mapuches para abandonar sus tierras que responden con tomas de terrenos. Los ejecutivos denuncian que la violencia generada por los conflictos con las comunidades mapuches retrasan las acciones de manejo de la plantaciones y ponen en riesgo nuevas inversiones en la zona. Así presionan al gobierno que, a través de la policía, reprime a los mapuches encarcelando a sus líderes.

A modo de ejemplo, en diciembre de 1997, las tomas de terrenos de las empresas forestales por parte de los mapuches llegaron a 3 mil hectáreas. Desgraciadamente, no se cuenta con un catastro de las zonas en conflicto, que permita comenzar un proceso de negociaciones para solucionar los problemas suscitados entre estos dos actores protagónicos en el devenir del bosque nativo chileno.

Los empresarios argumentan que los problemas de pobreza, deterioro de los recursos naturales y inequidad en la distribución de la tierra existían antes de la llegada de las plantaciones forestales masivas. Más aún, que la actividad forestal constituye una oportunidad de desarrollo para las comunidades, en la medida que constituye una fuente laboral. Para los dirigentes mapuches, la riqueza generada por las empresas solo aporta a los índices macroeconómicos del país, sin otorgar beneficios a las comunidades locales. Por el contrario, las comunidades son las que deben asumir los costos de este crecimiento económico. Las empresas no contratan a los mapuches por no considerarlos calificados ni invierten en capacitación y los que logran un empleo es solo temporalmente, con bajos salarios y malas condiciones laborales.

Los dirigentes mapuches señalan que las empresas forestales son las responsables de reparar o mitigar los graves "daños sociales, ambientales, culturales y económicos" que han causado.

Es necesario señalar que el conflicto entre las empresas forestales y los campesinos mapuches trasciende el tema del bosque nativo, de la misma manera que la destrucción de este no se explica totalmente en este conflicto. No obstante, la relación entre estos dos actores, identificados como protagónicos en la deforestación y degradación de los bosques nativos del sur de Chile, resulta fundamental para la comprensión del problema y la generación de estrategias para su solución.

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