Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

La cría industrial de camarones en zonas de manglares debe ser prohibida

La noción sobre los manglares está cambiando positivamente en todo el mundo. Lo que antes se describía como tierras improductivas, malolientes e infestadas de insectos, es ahora definido más correctamente como, “raíces del mar”, “bosques tropicales anfibios” o “viveros costeros”. Esta nueva actitud constituye un primer paso positivo hacia su conservación, porque un ecosistema valorado tiene mayores probabilidades de ser protegido que otro considerado inútil.

Este cambio de actitud es en gran medida el resultado de las actividades de numerosas ONGs que trabajan junto a comunidades locales que luchan para proteger sus manglares y que generan conciencia a nivel nacional, regional e internacional sobre la importancia social y ambiental de los ecosistemas de manglar.

Cada 26 de julio, muchas de esas organizaciones realizan una serie de actividades organizadas bajo la consigna común de “Libertad para el Manglar”. Esa fecha fue elegida como Día Internacional de Defensa del Ecosistema Manglar, en conmemoración del mismo día de 1998, cuando un activista de Greenpeace procedente de Micronesia, Hayhow Daniel Nanoto, murió de un ataque cardíaco mientras participaba de una protesta popular encabezada por FUNDECOL y Greenpeace en Ecuador. Durante esa acción, la comunidad local de Muisne, junto con las ONGs, desmanteló un estanque de cría de camarones instalado ilegalmente, en un esfuerzo por restaurar la dañada zona a su estado original de manglar.

Lamentablemente, acciones como esa son todavía necesarias y comunes en las regiones tropicales y subtropicales (donde se desarrollan los manglares), porque poderosos intereses comerciales (vinculados mayormente a la producción de camarones, la extracción de gas y petróleo, la minería y el desarrollo turístico), amenazan la propia existencia de esos ecosistemas únicos. En especial, la cría industrial de camarones representa una de las mayores amenazas a los manglares que quedan en el mundo y a las especies y comunidades que ellos sustentan. “Un millón de hectáreas de humedales costeros, incluidos manglares, han sido destruidos en todo el mundo para su conversión a granjas camaroneras, que ocupan entre media hectárea y cientos de hectáreas cada una. En una reveladora señal de las características de esta industria (que crece explosivamente y cae con la misma rapidez), unas 250.000 hectáreas yacen abandonadas debido a la aparición de enfermedades y a la contaminación”, señaló Alfredo Quarto, director de Mangrove Action Project (Proyecto de Acción por los Manglares).

La voraz demanda de camarones baratos en Estados Unidos, Canadá, Japón y Europa ha alentado la expansión de esta actividad destructiva. Como resultado, los manglares que sustentan a comunidades locales pobres del Sur son destruidos para alimentar a quienes ya están bien alimentados y para aumentar la rentabilidad de ricos productores de camarones y empresas comerciales multinacionales.

La actual situación puede por tanto ser descrita como una en la que, por un lado, el mundo ha adquirido más conciencia sobre la importancia social y ambiental de los manglares, pero por otro, que la producción y el consumo insustentables provocan la destrucción de esos ecosistemas y agravan la pobreza de las comunidades dependientes de ellos.

Esta situación paradójica debe cambiar. La cría industrial de camarones en gran escala debe prohibirse, debido a sus ya probados perjuicios sociales y ambientales. La gestión de los manglares debe quedar en manos de quienes saben cómo hacerlo de forma sustentable y cuyo interés de largo plazo consiste en su conservación: las comunidades locales. El camarón se volverá, por supuesto, más caro en los mercados del Norte, pero otra vez estará disponible en forma gratuita –junto con otros medios de vida que ofrecen los manglares– para quienes más necesitan alimentos.

La solución es obvia, pero no fácil de llevar a la práctica . Requiere una voluntad política que sólo se puede lograr mediante una mayor presión sobre gobiernos del Norte y del Sur, para obligarlos cumplir con lo que ellos mismos han definido como desarrollo socialmente equitativo y ambientalmente sustentable, y se han comprometido a poner en práctica. En la mayoría de las zonas de manglares, esto significa simplemente prohibir el cultivo industrial de camarones y devolver la gestión de esas áreas a las comunidades locales que dependen de ellas. Tan sencillo como eso.