Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

La inclusión de los sumideros hundió el Protocolo de Kioto

La noticia ha recorrido el mundo entero: ¡Se ha salvado el Protocolo de Kioto! A pesar de que formalmente esta información es verdad, oculta el hecho de que esto no significa que se ha salvado el clima del planeta, que es el verdadero tema en cuestión. Por el contrario, tal como están hoy las cosas, en tanto no soluciona el problema que se pretende abordar, el Protocolo de Kioto impondrá nuevos impactos a las poblaciones locales a través de la puesta en práctica de proyectos de sumideros de carbono.

Aunque resultaba previsible, es triste haber confirmado que la reunión de la Convención sobre Cambio Climático en Bonn se centró más en los “sumideros” para los gases de efecto invernadero que en las “fuentes” de los mismos. Es decir, que en vez de buscar medios para reducir el uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural), que son los principales causantes del efecto invernadero, los negociadores del clima se concentraron en los medios para evitar compromisos sobre la reducción de las emisiones provenientes de combustibles fósiles.

Esta reunión se realizó en un contexto en el que Estados Unidos, responsable del 25% del total de emisiones de gases de efecto invernadero del mundo, declaró públicamente su negativa a cumplir los compromisos acordados en Kioto en 1997. Este contexto facilitó la presión ejercida por Japón, uno de los países más contaminantes, cuya intervención fue determinante para lograr un acuerdo que “salvó” al protocolo. La solución para “salvarlo” consistió en incluir las plantaciones de árboles como sumideros de carbono.

Los negociadores del clima eligieron ignorar el creciente número de estudios científicos que cuestionan la capacidad de las plantaciones de árboles como solución a largo plazo para el cambio climático. Igualmente decidieron ignorar que este mecanismo de hecho producirá un aumento neto de las emisiones de combustibles fósiles en el Norte. Y también optaron por ignorar los impactos de las plantaciones de árboles a gran escala sobre los pueblos y el medio ambiente.

Como resultado, ahora los contaminadores tendrán autorización para contaminar con el argumento de estar instrumentando proyectos de plantaciones que actuarán como “sumideros” de sus emisiones. A menos que la oposición local les impida hacerlo, la mayor parte de estas plantaciones se instalarán en el Sur, donde los árboles crecen mucho más rápido, siendo entonces más “eficiente” la captura de carbono. Al mismo tiempo, las plantaciones serán mucho más baratas que si se instalaran en países industrializados, en los que el trabajo y la tierra son más caros, y recibirán todo el apoyo necesario, incluyendo la represión de la población local, de parte de gobiernos del Sur desesperados por aceptar cualquier inversión que deje algo de dinero, aunque sea muy poco, en el país.

Para comprender la amenaza que esto implica para los pueblos, los suelos, el agua y la biodiversidad, es necesario saber que esta “solución” puede causar, para tener sentido teóricamente desde el punto de vista del clima, que cientos de millones de hectáreas de tierras fértiles sean convertidas en plantaciones a gran escala de especies de árboles de crecimiento rápido como el eucalipto. En el sur, esas tierras ya están ocupadas por pueblos que dependen de ellas para su subsistencia. Las tierras de estos pueblos están por ende amenazadas por la expropiación para establecer plantaciones. Las áreas a ser ocupadas por estos basureros de carbono albergan buena parte de la biodiversidad del mundo, y gran parte de la misma podría ser eliminada por las plantaciones de monocultivos a gran escala. Al mismo tiempo, estos monocultivos agotarían los recursos de agua y determinarían cambios drásticos en los suelos sobre los que se planten.

En resumen, con la decisión adoptada de incluir las plantaciones como sumideros de carbono, no solamente no se ha resuelto el problema que se requería abordar, o sea el cambio climático, sino que se han agregado nuevos problemas para millones de personas que ahora enfrentarán la expropiación de sus tierras y recursos para su conversión en basureros de carbono. El precio para “salvar” el proceso ha sido demasiado alto. Ahora le toca a las personas y organizaciones que están verdaderamente preocupadas por el futuro de la Tierra detener la instrumentación de esta falsa solución y forzar a los gobiernos a abordar con seriedad el tema del cambio climático global.