Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

La invisible huella de los países nórdicos

Suecia, Finlandia y Noruega raramente aparecen en los medios de prensa. Por lo menos no en relación con la huella del Norte en el Sur y mucho menos en cuestiones vinculadas a deforestación. Los EE.UU., Canadá, Japón y muchos países de Europa Occidental son quienes acaparan los titulares. Y por cierto que lo merecen, puesto que las corporaciones con sede en esos países están extrayendo más y más recursos del Sur y con ello destruyendo el ambiente a nivel local y global. Como consecuencia de sus actividades, dichos países son los responsables directos o indirectos de los más importantes procesos de deforestación que se han dado y se dan en el mundo.

Por otra parte los países nórdicos disfrutan de una buena prensa en lo que refiere a su performance ambiental y social a nivel interno, a la vez que sus delegados parecen ser de los participantes más serios y bien intencionados de los procesos intergubernamentales que apuntan a la conservación de los bosques.

Sin embargo, ni las empresas ni los gobiernos de los países nórdicos son tan inocentes. En verdad merecerían compartir esos titulares, especialmente en lo que refiere al área forestal. Finlandia, Noruega y Suecia están promoviendo activamente la expansión de monocultivos de árboles de rápido crecimiento en el Sur, lo que está provocando un número importante y creciente de impactos sociales y ambientales, entre los cuales la deforestación.

En Finlandia reside Jaakko Poyry, la mayor empresa consultora en el área forestal y de ingeniería del mundo, que acapara alrededor del 40% del mercado de las consultorías forestales a nivel mundial. Poyry, que absorbió a la importante consultora sueca Interforest, tiene unas 60 oficinas en 25 diferentes países y ha participado en cientos de los principales proyectos comerciales de forestación y producción de pulpa y papel en las dos últimas décadas en las Américas, Africa, Asia, Oceanía y Europa. Muchos “Planes Maestros” para el sector forestal en el Sur han sido elaborados por Jaakko Poyry y la mayoría de ellos comprenden monocultivos forestales en gran escala, asociados a fábricas de pulpa.

Noruega se ha subido al carro de los sumideros de carbono con forestación y la compañía noruega Tree Farms (Granjas de Arboles) ya ha comenzado a implementar un proyecto en Uganda a fin de plantar con pino y eucalipto entre 80.000 y 100.000 hectáreas, para que actúen como “sumideros” de las emisiones noruegas de CO2. Este proyecto ha provocado el desalojo de unas 8.000 personas -en su mayoría campesinos y pescadores- de 13 aldeas, cuyas tierras ahora ocupa la empresa, condenándolas a la pobreza debido a la pérdida de sus medios de vida, y generando un foco de conflicto social y ambiental.

Suecia y Finlandia albergan a Stora Enso, que -entre sus muchas actividades en el Sur- es uno de los principales accionistas de Veracel, una empresa que desarrolla su actividad en el estado de Bahía, Brasil. Veracel es dueña de 160.000 hectáreas, la mayoría de las cuales vienen siendo plantadas con eucalipto. Como señala la propia página web de la compañía, “las plantaciones de eucalipto de Veracel son vastas y están concentradas, por lo que la empresa puede producir pulpa a bajo costo”. Pero nada dice acerca de los altos costos sociales y ambientales resultantes de sus plantaciones forestales y de las pertenecientes a las otras dos industrias de celulosa localizadas en la región (Aracruz y Bahía Sul). Tan altos han sido esos costos que han llevado a la creación del “Movimiento contra el Desierto Verde en Espírito Santo y Bahía”, una amplia coalición que trabaja para frenar la expansión de las plantaciones en la zona (por más detalles, ver artículo sobre Brasil en este boletín).

Lo anteriormente señalado no es sino una pequeña muestra del tipo de actividades vinculadas al sector forestal que están haciendo y promoviendo empresas nórdicas en el Sur. Las mismas a su vez colaboran con las inversiones de otras empresas en los mismos países (por ejemplo Ahlstrom, Valmet-Tampella, Kvaerner Pulping, Sunds Defibrator y otras), gran número de las cuales están subsidiadas y apoyadas por créditos oficiales a la exportación y agencias de “ayuda” (ver ejemplos en el artículo sobre Tailandia de este boletín).

Sin embargo, de la misma forma en que destacamos el impacto negativo de los países nórdicos en el Sur es también necesario subrayar el activo papel que cumplen ONGs de esos mismos países en ayudar a los pueblos del Sur en sus luchas contra esas compañías, en especial mediante la generación de conciencia en sus propios países acerca de impactos que no son conocidos por la gente y de los que los gobiernos y las empresas no informan. Este tipo de apoyo Norte-Sur es fundamental y muestra el camino hacia un mundo futuro gobernado por la solidaridad y el respeto a la naturaleza.