Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

La necesidad de escuchar y aprender de las comunidades locales

Los diferentes casos que se abordan en este boletín describen una amplia gama de situaciones en las que los bosques están siendo destruidos o conservados. Contrariamente al discurso de muchos expertos, estos casos muestran que la deforestación está más ligada a las políticas aplicadas por los gobiernos que a las acciones que desarrollan las comunidades locales. Además, nos muestran que en los casos en que se están conservando los bosques, esto es más el resultado de los esfuerzos de la comunidad organizada que de la acción gubernamental.

El madereo comercial, legal e ilegal, es claramente una causa central de la deforestación, pero los gobiernos lo continúan promocionado. Las grandes compañías, en su mayoría extranjeras, cosechan los beneficios mientras los impactos recaen sobre las comunidades locales y dentro de las mismas, especialmente sobre las mujeres y los niños.

No hay duda de que las represas hidroeléctricas a gran escala destruyen grandes áreas de bosques y con ellas las fuentes de sustento de las poblaciones locales. Sin embargo, se las continúa promocionando. Nuevamente, los beneficios van a parar a manos de grandes compañías, muchas de ellas extranjeras, en tanto las comunidades locales sufren las consecuencias.

La historia de la explotación y el transporte de petróleo y gas en el trópico es una historia de violaciones de los derechos humanos y destrucción del medio ambiente. Ecosistemas boscosos enteros son destruidos, incluyendo la corta de los árboles, la desaparición de la fauna y la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas. A pesar de la creciente oposición local, se siguen fomentando actividades relacionadas con el petróleo y el gas.

La minería es otra industria extremadamente contaminante y destructiva, que produce importantes impactos sobre los pueblos locales. Otra vez los beneficios son para las compañías extranjeras cuyas actividades están fomentadas y respaldadas por los gobiernos nacionales.

Incluso una actividad aparentemente benigna como el turismo es muchas veces causante de la destrucción de los bosques para dar paso a grandes infraestructuras diseñadas par atraer turistas extranjeros.

La plantación de árboles a gran escala para la producción de celulosa o como sumideros de carbono también tiene por resultado la destrucción del bosque, directa e indirectamente, y afecta a ecosistemas enteros, incluyendo la biodiversidad, los suelos y las aguas y a las fuentes de sustento de las poblaciones locales. Sin embargo, sigue siendo fomentada a nivel nacional e internacional.

Además, muchas políticas gubernamentales, tanto sectoriales como macroeconómicas, causan la pérdida de bosques. Puede parecer que esas políticas no guardan relación alguna con los bosques, pero su resultado final sobre los mismos puede resultar devastador. Por ejemplo, la promoción de determinados cultivos comerciales para la exportación, o las altas tarifas de la electricidad, pueden fomentar la sustitución de bosques por cultivos agrícolas o la corta de árboles para la producción de carbón. A pesar de eso, las políticas de los gobiernos continúan ignorando estos impactos.

En el marco de los ejemplos mencionados anteriormente, es muy difícil para las comunidades locales proteger los bosques que constituyen su hogar y su fuente de sustento. Sin embargo, a pesar de las dificultades, continúan luchando por lograr este objetivo. No solamente hacen esfuerzos para oponerse a los proyectos de “desarrollo” que afectarán sus vidas, sino que al mismo tiempo tratan de construir alternativas para el uso sustentable de esos bosques, entre las cuales el manejo comunitario de bosques es quizás la mas conocida.

En resumen, resolver la crisis de los bosques implica cambiar aquellas políticas, nacionales e internacionales que están afectando a los bosques, y en su lugar aplicar nuevas políticas para brindar a las comunidades locales un marco adecuado para que puedan proteger aquello que es de su interés proteger. Los gobiernos, las agencias multilaterales y bilaterales, las empresas y otros actores importantes deben comenzar por escuchar a las comunidades y aprender de ellas. Ése sería el mejor punto de partida para asegurar la supervivencia de los bosques y de sus pueblos.