Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Los bosques en el Foro Social Mundial

La ideología predominante ha tendido a divorciar lo social de lo ambiental e incluso a volverlos antagónicos. Tal es el caso del tema bosques donde, al tiempo que los gobiernos reconocen sus valores ambientales, a menudo los presentan como un obstáculo para el “desarrollo” y se utiliza a “la pobreza” como excusa para deforestar áreas de bosques cada vez más amplias, con el supuesto objetivo de mejorar las condiciones de vida de la gente.

Sin embargo, el resultado de la aplicación de ese enfoque ha sido el inverso al supuestamente buscado: la destrucción de bosques no sólo no ha resuelto temas graves como la pobreza y el hambre, sino que ha incrementado grandemente el número de pobres y hambrientos, al privar a los habitantes de los bosques de sus medios de supervivencia. Y se trata de cientos de millones de personas.

Pese a la experiencia acumulada, se insiste en falsos análisis, que culpan a “la pobreza” por la destrucción de los bosques, para esconder que es en realidad “la riqueza” la que expulsa a los campesinos de las áreas agrícolas, obligándolos a abrir bosques para sobrevivir; la riqueza es la que está representada en las grandes empresas que construyen carreteras o grandes represas hidroeléctricas, que realizan operaciones de madereo a gran escala, que explotan las riquezas mineras y petroleras, que sustituyen bosques por monocultivos agrícolas y forestales. Es esa riqueza la que está destruyendo los bosques.

Es importante enfatizar que todos los impactos ambientales generados por ese modelo impulsado por “la riqueza” –en su propio y exclusivo beneficio– resultan en impactos sociales. Es por ende un modelo insustentable en todo sentido. Más importante aún, hay que destacar que no es el único modelo posible, como pretenden presentarlo sus beneficiarios. Hay otras formas de encarar la producción, con máximos beneficios socioeconómicos y mínimos impactos ambientales, tal como lo ejemplificamos en este boletín en varios artículos, en particular los de la India y Papúa Nueva Guinea. Del modelo industrial a gran escala que beneficia a las grandes empresas en detrimento de las poblaciones locales, es necesario y posible pasar a un modelo participativo, con base en las comunidades y a pequeña escala.

El uso sustentable de los bosques es compatible con el mejoramiento de la calidad de vida de la gente, siempre y cuando se base en este último enfoque. Esto es por supuesto no sólo aplicable a los bosques, sino a actividades productivas de todo tipo, y el lugar ideal para discutir el tema es obviamente el Foro Social Mundial, que a fines de enero se reunirá por tercera vez en la ciudad brasileña de Porto Alegre.

El Foro Social Mundial, con el lema de “otro mundo es posible”, surgió a partir de la idea de algunas organizaciones brasileñas, como forma de construir un espacio propositivo, de búsqueda concreta de respuestas a los desafíos de construcción de “otro mundo”, en que la economía estuviese al servicio del ser humano y no al revés. Surge como oposición y simbólicamente realizado en la misma fecha que el Foro Económico Mundial en Davos, pequeña y lujosa estación de esquí en Suiza, donde se reúnen anualmente (con financiamiento aportado por las 1000 principales empresas del mundo), los que se han adueñado del mundo, para teorizar y avanzar sobre su sistema de dominación.

A esta tercera reunión se espera la concurrencia de más de 50.000 personas de todo el mundo, abarcando el más amplio espectro de organizaciones (sindicales, políticas, indígenas, de género, ambientalistas, etc.). Se trata sin duda de un ámbito único y plural, con una enorme diversidad de visiones e intereses, pero con un objetivo común: crear las condiciones para “otro mundo posible”. El Foro ha adquirido vida propia y Davos ha pasado, merecidamente, a un segundo plano.

En el marco del Foro, hasta ahora el tema bosques ha ocupado un espacio relativamente marginal, reducido en todo caso a la Amazonía y la Mata Atlántica. Sin dejar de reconocer la importancia enorme de estas dos formaciones boscosas, es claro que el tema es mucho más amplio y que la degradación de bosques en todos los continentes afecta no sólo a sus poblaciones locales (que, insistimos, se cuentan por cientos de millones de personas), sino también al planeta en su conjunto.

La responsabilidad por esta relativa marginalidad corresponde por supuesto a quienes desarrollamos tareas en esta área y que no hemos puesto el suficiente énfasis para incorporar el tema a los debates del Foro. Es por ello que el WRM está convocando a dos reuniones en Porto Alegre, una destinada a generar espacios de coordinación y cooperación con quienes estén interesad@s en el tema y otra para abordar específicamente el problema creciente de los monocultivos forestales a gran escala, que resultan en graves impactos socioambientales.

Pero sobre todo, intentaremos establecer los vínculos horizontales que hagan posible incorporar la cuestión de los bosques a los distintos temas específicos (desde la tenencia de la tierra por el campesinado hasta el reconocimiento de los derechos territoriales de los pueblos indígenas; desde el tema de género hasta la pérdida de biodiversidad; desde los derechos de los trabajadores madereros a los derechos humanos en general). De esa forma esperamos poder modestamente hacer, desde la perspectiva de los bosques, un aporte a la lucha común por ese “otro mundo posible”. Que lo es.