Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Mecanismos “astutos” no son la solución para el cambio climático

Todo el mundo está de acuerdo en que la humanidad se ve hoy en día enfrentada a varias amenazas, entre ellas el efecto invernadero. También existe acuerdo respecto de las principales causas que lo provocan, vale decir, el uso de combustibles fósiles y la deforestación. Los acuerdos internacionales adoptados para enfrentar estas dos causas han sido hasta ahora por lo menos inadecuados. El consumo de combustibles fósiles sigue creciendo al tiempo que la tasa de deforestación no ha disminuido. El interés económico de las cada vez más poderosas corporaciones es aún más fuerte que el instinto de sobrevivencia de la humanidad.

Lo que es más, movidas por el interés económico, estas empresas continúan buscando activamente nuevos nichos para hacer dinero y parecen haber encontrado una mina de oro en el propio desastre, de lo que es un claro ejemplo el “mercado de emisiones de carbono”. La idea es sencilla: tú emites CO2, nosotros lo almacenamos y te cobramos por el servicio. ¿Cómo lo almacenamos? Muy sencillo: mediante la plantación de árboles. Pero acá se acaba la sencillez. Si se permite que esta idea de “mercado de carbono” prospere, habrá millones de hectáreas de tierras en el mundo cubiertas de plantaciones destinadas a sumideros de carbono. Ello conlleva una serie de consecuencias de las que mencionaremos tan sólo algunas.

En primer término, en un mundo donde el número de seres humanos que padecen hambre va en aumento y suma ya millones, esa tierra no estará disponible para la producción de alimentos. Segundo, muchas comunidades locales serán expulsadas de sus territorios, en tanto sus medios de subsistencia serán sustituidos por plantaciones forestales que ni siquiera podrán ser cortadas, incrementándose de ese modo el número de hambrientos. En tercer lugar, muchos bosques serán destruidos para dar lugar a lucrativas plantaciones como sumideros de carbono, aumentando de ese modo el volumen de CO2 atmosférico y su contribución al efecto invernadero, bajo el supuesto de que las nuevas plantaciones habrán de equilibrar la ecuación. Así todavía más gente se verá privada de sus medios de vida. Como cuarto aspecto, los bosques -que constituyen enormes reservorios de carbono- sufrirán una creciente destrucción, tanto por las actividades que normalmente los afectan, como por la presión adicional sobre las comunidades desplazadas por las plantaciones y otros proyectos de “desarrollo”. Por último, que todo esto habrá de servir exclusivamente a los propósitos de quienes se benefician de la actual economía dependiente de los combustibles fósiles.

Mecanismos “astutos” como el mercadeo de emisiones de carbono tienen como verdadera finalidad el evitar verdaderos cambios en el actual modelo, que es destructivo desde el punto de vista ambiental e inequitativo desde el punto de vista social. Pero el problema sigue en pie. A menos que se ponga punto final a la deforestación y que el uso de combustibles fósiles sea sustituido por otras formas de energía, la humanidad continuará sufriendo las consecuencias del cambio climático.

En lugar de promover mecanismos de este tipo, los gobiernos y las corporaciones deberían brindar su apoyo a los esfuerzos de las comunidades locales que están luchando -contra gobiernos y corporaciones- para defender sus bosques. Estos deberían generar las condiciones para hacer posible la conservación de los bosques, en lugar de hacer exactamente lo contrario, como hasta ahora. Se debería -por lo menos- empezar por cumplir los numerosos acuerdos internacionales pertinentes, que han sido alegremente firmados pero nunca implementados. Mientras tanto, el destino de los bosques del mundo depende del éxito de las luchas que llevan adelante innumerables comunidades indígenas, tradicionales y locales. A ellas expresamos todo nuestro apoyo.