Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Pérdida de biodiversidad: los temas que deben ser abordados antes de que sea demasiado tarde

El mundo está crecientemente preocupado por la desaparición de formas de vida sobre la Tierra y muchas organizaciones –gubernamentales y no gubernamentales– parecen estar intentando hallar soluciones al problema. Sin embargo, en la mayoría de los casos están fracasando, ya sea por la adopción de soluciones erróneas –o más simplemente por no hacer nada– o porque no se están abordando adecuadamente las causas políticas, económicas y sociales que están en la raíz del problema.

Es importante enfatizar que, contrariamente a lo que mucha gente cree, no son las organizaciones ambientalistas quienes están más interesadas en la conservación de la biodiversidad, sino las comunidades locales, cuyos medios de vida y sobrevivencia cultural están en gran medida basados en los productos y servicios provistos por los bosques y por otros ecosistemas. Para ellos, el tema no se restringe a la conservación de ciertas especies, sino a la conservación del ecosistema entero.

En el caso específico de los bosques tropicales, las comunidades locales se están viendo enfrentadas a una serie de situaciones que están resultando en la desaparición de los recursos de los que dependen. En muchos casos están luchando por defender sus bosques de determinadas políticas gubernamentales. Algunas de dichas políticas tienen por objetivo la extracción a gran escala de madera, petróleo o minerales que se encuentran dentro de los territorios pertenecientes a comunidades indígenas y otras poblaciones locales. Este tipo de “desarrollo” resulta en graves procesos de degradación ambiental y al mismo tiempo aporta muy pocos beneficios a la población local, que termina quedando en una situación mucho peor a la inicial. Otras políticas apuntan a la generación de energía y extensas áreas son enteramente destruidas o degradadas por represas hidroeléctricas, en tanto que la población local es “relocalizada” contra su voluntad, también en nombre del “desarrollo”. Pero probablemente una de las políticas más desastrosas –para la gente local y para la biodiversidad– es la apertura del bosque mediante la construcción de carreteras, que usualmente va acompañada por una política de colonización y por la concesión de amplias áreas boscosas a grandes empresas privadas.

Uno de los ejemplos más catastróficos de lo anterior es el de la Amazonia brasileña. En los años 1950 el gobierno abrió la selva bajo el eslogan de “una tierra sin hombres para hombres sin tierra”. Esa política racista pasó totalmente por alto la existencia de los pueblos indígenas que habían habitado el territorio siglos antes de la creación del Estado brasileño. Los indígenas fueron asesinados, reprimidos, murieron por enfermedades introducidas por los colonizadores y el resultado fue el exterminio de comunidades indígenas enteras y el inicio de la destrucción generalizada de la selva amazónica. Desafortunadamente, Brasil es sólo un ejemplo de situaciones similares que aún hoy están teniendo lugar en la mayoría de los países amazónicos, así como en las regiones tropicales de Africa, Asia y Oceanía, con apoyo de instituciones multilaterales y bilaterales del Norte y para beneficio de las élites locales y empresas transnacionales.

Si lo anterior fuese tomado en consideración y si los gobiernos del mundo estuviesen honestamente interesados en la conservación de los bosques y de su biodiversidad, entonces el primer tema que deberían estar abordando sería precisamente ese: el reconocimiento de los derechos territoriales de los pueblos indígenas y otras comunidades locales, cuyos intereses coinciden en la conservación de los bosques. Los expertos en biodiversidad que trabajan a nivel de la Convención sobre Diversidad Biológica están sin embargo centrando su atención en temas tales como el de las “especies exóticas invasivas” –que sin duda constituyen un problema importante– pero sin tomar en consideración que una de las más peligrosas “especies exóticas invasivas” para los bosques y para quienes los habitan son quienes abren el bosque al “desarrollo” sin tomar en cuenta que el bosque es “una tierra con gente”.

Los expertos también deberían estar abordando el papel que juegan en la destrucción de bosques y de su biodiversidad instituciones tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, los Bancos Multilaterales de Desarrollo, las agencias de crédito a la exportación, las agencias bilaterales de ayuda, las empresas consultoras del Norte, las empresas privadas y muchos otros actores, algunas de cuyas actividades se detallan en los artículos incluidos en este número del boletín. Sin embargo, desde el punto de vista de la mayoría de los expertos, esto sería algo “político” –no científico– y por lo tanto estaría fuera de su mandato. Pero se equivocan, ya que a menos que esos temas sean abordados, gran parte de su trabajo será inútil en lo que respecta al objetivo declarado de la conservación de la biodiversidad.

Los expertos en biodiversidad también deberían estar intentando frenar el desarrollo de los monocultivos, que constituyen una grave amenaza para la biodiversidad, en particular en los ecosistemas boscosos. Areas crecientes de bosques tropicales están siendo sustituidas por plantaciones de rápido crecimiento de eucaliptos, pinos, gmelinas o acacias, escondiendo tal desastre bajo el disfraz de la “cubierta forestal”. Por absurdo que pueda parecer, el hecho es que un área boscosa sustituida por plantaciones de monocultivos de árboles sigue siendo considerada un “bosque” –de acuerdo con la definición de la FAO– escondiendo por ende la destrucción de millones de hectáreas de uno de los más biodiversos ambientes de la Tierra. Desafortunadamente, los expertos en biodiversidad aún ni siquiera han comenzado a cuestionar tan absurda definición.

Finalmente, es importante enfatizar que los gobiernos no están abordando seriamente lo que probablemente constituya la peor amenaza a la biodiversidad global: el cambio climático. Todos los esfuerzos para conservar la biodiversidad a nivel local pueden resultar ser totalmente inútiles si el Norte industrializado –y en particular los Estados Unidos– continúan destruyendo el clima de la Tierra a través de sus emisiones de gases de efecto invernadero. Peor aún, algunos gobiernos –en particular los de los Estados Unidos, Canadá, Japón y Australia– están promoviendo el uso a gran escala de monocultivos de árboles como sumideros de carbono –como forma de evitar la corta de emisiones– lo cual resultaría en aún mayores impactos en materia de pérdida de biodiversidad.

La pérdida de biodiversidad no está simplemente “ocurriendo”: es la resultante necesaria de una serie de causas y el problema sólo será resuelto cuando dichas causas sean efectivamente abordadas. Lo cual deberá comenzar a ocurrir muy pronto, puesto que en caso contrario podría ser demasiado tarde.