Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Pueblos Indígenas: guardianes de los bosques

El dictador militar brasileño Emilio Garrastazu Medici bien puede ser considerado como uno de los ejemplos más prominentes del enfoque racista y destructivo sobre los bosques, que predominó en la mayor parte de los países tropicales durante la segunda mitad del siglo XX. Ejemplos similares de promotores de este enfoque se pueden encontrar fácilmente en África, Asia, Oceanía y Latinoamérica. Al inaugurar la carretera transamazónica en 1970 (el comienzo del fin de muchos grupos indígenas y de grandes extensiones de bosque amazónico), el dictador declaraba que ésta abriría una “tierra sin hombres para hombres sin tierra”. Para él, los pueblos indígenas ni siquiera existían, y los bosques sólo representaban una tierra a ser despejada para ser destinada a “actividades productivas”. Aparentemente las mujeres, fueran indígenas o no, no existían en absoluto.

Desde entonces, ha habido un gran cambio en la forma de pensar, aunque todavía resta mucho por cambiar en la práctica. Sin embargo, hoy nadie en sus cabales, con la excepción quizás del Presidente de una nación muy poderosa, puede expresarse de esa forma sin pagar un precio político muy alto. Si bien aún hay muchas políticas que apuntan a despojar a los pueblos indígenas de sus derechos y a explotar sus bosques, están obligadas ahora a disfrazarse bajo un discurso “verde” y “humanitario”, precisamente porque las circunstancias han cambiado.

Estos cambios son el resultado de largas luchas a nivel local, nacional e internacional. Algunas de estas luchas comenzaron bajo consignas ambientalistas y su objetivo era proteger a los bosques del mundo. Otras se originaron en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas sobre sus territorios. Cada vez más, las personas y las organizaciones que luchaban por postulados ambientales o sociales, empezaron a entender que la lucha era la misma: los bosques contenían pueblos y estos pueblos eran los guardianes de los bosques. Esta nueva percepción fortaleció notablemente la lucha, al unir muchas más voluntades en pos de una meta común.

La lucha se ha llevado a cabo en distintos escenarios, desde la oposición local a proyectos específicos de “desarrollo” (de madereo, minería, explotación de petróleo, represas, plantaciones o cría de camarones), hasta las campañas de presión nacional e internacional. Paralelamente, los pueblos indígenas fueron creando sus propias organizaciones y redes para poder participar directamente en los distintos niveles, y hacer oír de esta forma sus propios puntos de vistas en los debates, en particular en los foros internacionales sobre derechos humanos. Estas campañas paralelas condujeron al establecimiento de alianzas formales e informales entre el movimiento de los Pueblos Indígenas y el de las ONGs, que deseaban trabajar conjuntamente para lograr una meta común: el empoderamiento de los pueblos de los bosques como la forma más justa y práctica de garantizar la conservación de los bosques.

El resultado de estas actividades ha sido impresionante. En relativamente pocos años, los pueblos indígenas han ido aumentando cada vez más su visibilidad e influencia, y muchos de sus problemas han sido incorporados a la legislación internacional y a los sistemas legales nacionales. Se han transformado en un actor a ser tomado seriamente en cuenta. Aunque algunos o muchos de sus derechos todavía no son reconocidos en distintos países, sea a nivel de legislación o en la práctica, ni los gobiernos ni las corporaciones pueden ya ignorarlos.

La Amazonia del dictador brasileño se ha vuelto hoy un “bosque con pueblos” que luchan por sus derechos, en tanto que los “hombres sin tierra” han creado el poderoso movimiento campesino de “los Sin Tierra” que lucha por conquistar tierra fuera del área de bosques, actualmente en manos de una elite local. Cambios similares han ocurrido y están ocurriendo en otros países en todo el mundo, y todos los artículos de este boletín reflejan muchos de los procesos y luchas que se desarrollan en este momento.

Sin embargo, a pesar de estos enormes avances, todavía queda mucho por cambiar para lograr que la práctica se acompase a la teoría. Como bien lo saben los pueblos indígenas por experiencia propia, el reconocimiento legal de sus derechos es condición necesaria, pero habitualmente no suficiente, para asegurar un pleno respeto de estos derechos, en particular en el marco del modelo globalizado que impone hoy a los pueblos del mundo el poder de las transnacionales. En ese contexto, el empoderamiento de los pueblos indígenas y las comunidades locales es la forma de avanzar en la confrontación contra el control que ejercen actualmente las corporaciones sobre los pueblos y los recursos. Dentro del bosque, esto significa que la responsabilidad del manejo del bosque debe ser devuelta a sus propietarios y guardianes tradicionales: los pueblos indígenas. Si bien todavía en sus etapas iniciales, ese proceso ya está en marcha, lo que abre una esperanza, tanto para el futuro de los bosques como para los pueblos que los habitan.