Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Trabajo, economía y empleos verdes

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), existen 160 millones de personas que anualmente contraen enfermedades vinculadas al trabajo, 270 millones de trabajadores que sufren accidentes de trabajo y dos millones que mueren por año como consecuencia de esos accidentes o enfermedades. El Director General de la organización, Juan Somavia, afirma que la ‘economía verde’ promovida por la propia ONU y principal punto a ser tratado en la conferencia de Rio+20 el próximo mes, debería, por lo tanto, trabajar en el sentido de promover lugares de trabajo seguros para todas y todos. Sin embargo, ¿será que las actividades que van a ser estimuladas en la economía verde van a forjar ese cambio necesario?

La ´economía verde´ de los monocultivos de árboles

Las empresas que pueden beneficiarse mucho con la economía verde son las que promueven el monocultivo de árboles, considerado ´reforestación´ por la Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ligada a la ONU. La FAO prevé un aumento brutal de estos monocultivos, entre 40 y 90 millones de hectáreas de ‘bosques plantados’ para el año 2030 , sin contar la palma africana. En el contexto de la economía verde, muchos de estos supuestos bosques serán plantaciones de monocultivos de árboles que puedan suministrar energías ‘verdes’, por ejemplo:

(1) plantaciones que no solamente abastezcan fábricas de celulosa, sino que puedan producir también agrocombustibles a partir de la celulosa en complejos industriales llamados biorefinerías. Una de ellas ya se está construyendo en Finlandia.

(2) plantaciones de árboles de rápido crecimiento para biomasa, por ejemplo, para producir carbón vegetal para abastecer hornos de siderurgias o para producir pellets de madera para generar energía en Europa. Están construyéndose varias usinas de energía en Europa para quemar madera, principalmente en el Reino Unido.

(3) plantaciones de palma africana, principalmente en Indonesia, para producir aceite que será refinado para obtener biodiesel, que pueda ser quemado para generar electricidad o abastecer automóviles y aviones, principalmente en Europa.

Hay también planes de establecer más millones de hectáreas de plantaciones para ‘vender’ carbono, por ejemplo, en Indonesia y en India, con el objetivo de ‘abastecer’ industrias en el Norte con ‘créditos de carbono’ a partir de la falsa suposición de que estos ‘créditos’ compensarían su contaminación.

Los ´empleos verdes´

En este escenario, los países del Sur se estarían beneficiando con los empleos verdes. La propia FAO, en 2009, ya decía que el ‘manejo forestal sustentable’ podría generar 10 millones de nuevos empleos. Ya que el manejo sustentable ejercido secularmente por los pueblos del bosque está cada vez más amenazado, y considerando el fuerte lobby de la industria que promueve los monocultivos de árboles con la FAO, solo podemos llegar a una conclusión: según la FAO, se crean empleos verdes cuando se implementan plantaciones industriales de árboles que, además, no paran de crecer.

A lo largo de los años, el WRM ha relatado bastante las condiciones en que viven los trabajadores, hombres y también mujeres, en plantaciones de eucaliptos, pinos, palmas y árboles del caucho. Estos trabajadores suelen ser personas de las comunidades locales y ejercen actividades bastante peligrosas, como aplicación de agrotóxicos o manipulación de motosierras. En los últimos 20 años hemos visto una creciente precarización de las condiciones de trabajo de estos trabajadores, con la tercerización y cuarterización de las actividades, la exigencia de trabajo por producción, rebaja de salarios, menoscabo de derechos y obstáculos a la organización sindical. ¿Cómo crear lugares seguros para trabajar en estas condiciones?

Son estos trabajadores los que se vieron gravemente afectados por la crisis económico-financiera que estalló en 2008, cuando se redujo la demanda global de productos industriales. Muchos y muchas fueron despedidos, viviendo la desesperación del desempleo y pagando el precio de una crisis que no causaron, para salvar las tasas de ganancias de los dueños de las empresas. Estos trabajadores pueden incluso ser contratados nuevamente, pero no tienen garantía de trabajo a mediano y largo plazo. Lo que las empresas quieren es flexibilidad.

La tendencia de las empresas a realizar proyectos industriales cada vez mayores tiende a agravar el panorama. En Brasil, la situación en el cantero de obras de la mayor fábrica de celulosa del mundo, Eldorado Brasil, a que se hace referencia en este boletín, no deja dudas: genera inseguridad y hasta desesperación en la vida de los trabajadores, en su mayoría venidos de afuera, así como en la población local.

¿Cómo crear lugares de trabajo seguros?

Muchas veces los trabajadores temporales de las empresas vinculadas a las plantaciones de monocultivos fueron alguna vez campesinos. Cuando tenían su tierra, tenían seguridad laboral y podían vivir en paz, en un ambiente intacto que les ofrecía riquezas como agua pura, alimento, remedios naturales, etc. Ésa es la historia de comunidades de Indonesia que vieron su ambiente destruido por empresas de palma que prometieron que la palma iba a mejorar su vida. Desilusionadas, decidieron luchar para recuperar sus tierras. Una de esas historias también es relatada en este boletín.

En suma, avanzar en la idea del trabajo seguro requiere varias medidas urgentes, algunas de las cuales son:

– políticas públicas que controlen y fiscalicen a las empresas para verificar si respetan los derechos de los trabajadores y trabajadoras y castigo riguroso a las empresas que los violan.

– políticas públicas que garanticen los derechos territoriales de las comunidades y brinden apoyo a sus producciones de alimentos y otros cultivos, de manera que tengan seguridad para continuar trabajando en sus tierras y, al mismo tiempo, conservar la naturaleza de la cual dependen.

– políticas capaces de detener el proceso en curso de privatización y concentración de tierras en nombre de inversiones de la economía verde, por ejemplo, plantando monocultivos de árboles para biomasa y agrocombustibles.

Estas medidas podrían contribuir en forma concreta para que se creen economías y trabajos decentes, asegurando y promoviendo más lugares seguros y ecológicos, con la vegetación nativa conservada, para que las personas trabajen y vivan felices.