Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Africa Central: talando una de las regiones de bosques primarios más grandes del mundo

Seis países de Africa Central –Guinea Ecuatorial, Gabón, República del Congo (Brazzaville), la República Democrática de Congo (ex Zaire), Camerún y la República Centroafricana– comparten el ecosistema de bosque tropical de la cuenca del Congo, donde se encuentra uno de los bloques contiguos de bosque tropical más grande del mundo, el segundo después de la cuenca del Amazonas en América del Sur en términos de superficie de bosque no fragmentada.

Son bien conocidos los servicios que brinda esa región a los ecosistemas: protección de cuencas, mantenimiento de la calidad y suministro de agua, regulación de los patrones climáticos locales y conservación de la diversidad biológica. Por otro lado, alberga una gran diversidad de pueblos con distintas culturas, que dependen de estos bosques para obtener alimento, refugio y medicinas.

Los bosques tropicales de Africa Central también han cobrado importancia notoria a partir de la destrucción de los bosques tropicales vecinos de Africa Occidental por el madereo y la fragmentación y tala realizadas para dar lugar a la agricultura. Sin embargo, y a pesar de lo preocupante de la situación, los gobiernos de Africa Central, presionados por los acreedores multilaterales y bilaterales, recorren un camino similar al de Africa Occidental, promoviendo la explotación industrial de madera según las políticas de ajuste estructural y liberalización. Mientras tanto, los pueblos locales han sido excluidos de los procesos de toma de decisiones, que no toman en cuenta sus necesidades y llevan a la destrucción de sus hogares y formas de sustento.

En Africa Central, el madereo comercial ha erosionado por más de 40 años los bosques costeros de más fácil acceso, y ahora se extiende a los bosques interiores remotos de la cuenca del Congo. Según los datos disponibles, la cobertura boscosa de Africa Central es de 1.863.000 km2, de los cuales el 68% está ubicado en grandes bloques contiguos no interrumpidos por carreteras públicas. Pero es importante destacar que la situación está empeorando rápidamente ya que el 41% de esas áreas primitivas fueron asignadas a concesiones de madereo comercial, que van desde 33% en el Congo (Zaire) a 68% en Guinea Ecuatorial.

Aunque el madereo se centra en las especies de mayor valor comercial, implica operaciones a gran escala y ha sido identificado como una de las causas primarias de la deforestación mundial, principalmente porque implica la construcción de carreteras para acceder a los bosques y transportar los troncos cortados. La expansión del madereo comercial abre una red de rutas de acceso en zonas que antes eran remotas, con impactos ecológicos negativos (deforestación, fragmentación de bosques, cambios de microclimas, pérdida de diversidad biológica, cambios en la calidad y cantidad de la hidrología local), impactos sociales (expropiación de tierras de pobladores locales, pérdida de formas de sustento, abusos de los derechos humanos) y actividades económicas no sustentables como la tala de bosques para agricultura a gran escala y la caza de animales con fines comerciales. En todas las regiones, el madereo comercial es la primera etapa de los procesos de deforestación.

Durante la década de los 90, las exportaciones de madera (troncos, madera aserrada, laminada y terciada) de Africa Central aumentó en forma constante, siendo Europa el importador más importante desde 1993 a 1999, si bien fue superado en los años 1996-97 por los países asiáticos. Debido a la magnitud de los recursos financieros y logísticos necesarios para realizar operaciones en gran escala y a largo plazo, la mayoría de las actividades de madereo están en manos de grupos multinacionales extranjeros que trabajan con una compleja red de compañías subsidiarias, que abarca a compañías locales y extranjeras.

Las políticas nacionales promueven en realidad el mismo modelo de explotación forestal aplicado anteriormente por las potencias coloniales para explotar los bosques como fuente de suministro de madera bajo el régimen de concesiones de madereo. Esta pesada herencia, junto con normas y prácticas de manejo forestal mínimas, y reglamentaciones, controles y capacidad de aplicación efectiva de éstos sumamente débiles, han convertido a los gobiernos de Africa Central en presa fácil de la avaricia de las empresas transnacionales, que ven facilitado su camino a las concesiones gracias a los condicionamientos impuestos a los gobiernos por las instituciones financieras multinacionales y la Organización Mundial del Comercio.

En el modelo de bosques para la exportación no hay lugar para los cazadores-recolectores, los pequeños agricultores y los pescadores, ni para la conservación de la diversidad biológica. No hay espacio para las identidades espirituales y culturales de los pueblos de los bosques, ni para los beneficios a largo plazo compartidos en forma equitativa por las poblaciones locales. Ya es hora de que las potencias económicas y los gobiernos dejen al menos de decir mentiras, cuando argumentan que la producción industrial de madera contribuye a la mitigación de la pobreza. Es ampliamente conocido y está bien documentado que la explotación de los bosques provoca aumento de la pobreza, y que el desarrollo de la explotación forestal y la deforestación a menudo van de la mano, conjuntamente con una forma de redistribución de la riqueza que beneficia a una minoría (élites nacionales y compañías extranjeras), aumentando las diferencias existentes entre ricos y pobres.

La comunidad internacional ha reconocido el papel clave de los bosques y se ha comprometido a conservarlos a través de procesos mundiales como la Convención sobre Diversidad Biológica. La comunidad internacional obviamente incluye a los gobiernos de los seis países de la región, pero también a los gobiernos europeos, asiáticos y de otros países donde se consume la mayor parte de la madera extraída, y también a los países de origen de las compañías madereras que hoy talan y fragmentan este ecosistema de bosque único. En este caso, el cumplimiento de los compromisos implica claramente el reconocimiento de que las acciones para proteger a estos bosques deben prevalecer sobre las acciones que los destruyen, y que es necesario un esfuerzo concertado de la comunidad internacional para lograr ese fin.

Artículo basado en información obtenida de: “An Analysis of Access into Central Africans Rainforests”, Susan Minnemeyer, World Resources Institute (WRI); “Sold down the river”, por Forests Monitor, marzo de 2001.