Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Aotearoa/Nueva Zelanda: absoluta y positivamente, NO son bosques

El Instituto Forestal de Nueva Zelanda está organizando su conferencia de 2006 titulada “Absoluta y positivamente bosques” (absolutely positively forests). Aunque el título es discutible en cuanto a su verdadero (y probablemente muy profundo) significado, entendemos que podría interpretarse de dos formas: la reunión 1) se centrará, sin duda alguna, en los bosques, o 2) intentará convencer a todo el mundo de que, sin duda alguna, las plantaciones de pinos radiata son bosques.
Desgraciadamente, esto último parece ser lo cierto. Como siempre, la industria forestal y sus partidarios intentan confundir al público no informado mezclando bosques con plantaciones. Por ejemplo, el folleto preparado por los organizadores explica que “los bosques conservan el agua y los suelos, albergan la biodiversidad y brindan un hábitat a la vida silvestre”, lo cual es cierto, sin duda alguna. Pero continúa diciendo que los bosques producen también otros servicios y bienes entre los que se cuentan “la madera y el papel”.

Sin embargo, el hecho es que los bosques de Nueva Zelanda no se usan mucho para madera ni se utilizan en absoluto para la producción de papel. La mayor parte de la madera y la pasta papelera provienen de los 1,8 millones de hectáreas de plantaciones, principalmente del exótico pino radiata, que han ocupado el lugar de los bosques nativos. Por lo tanto los organizadores están incluyendo estas plantaciones entre los bosques, con lo que se esconde no solamente el hecho de que éstas no conservan los suelos, el agua, la biodiversidad ni el hábitat de la vida silvestre sino también sus impactos negativos sobre todos ellos.

En un contexto así es importante saber hasta qué punto se extiende la deforestación en Nueva Zelanda. El país ocupa aproximadamente 27 millones de hectáreas de tierra y, según fuentes oficiales, “se estima que en épocas pre-polinésicas el 78% de la superficie total (21 millones de hectáreas) estaba cubierto por bosques”. Por supuesto que sería más honesto, y menos racista, decir qué porcentaje seguía cubierto de bosques “en épocas pre-europeas”. Hay diferentes estimaciones, que se promedian en cerca del 65% de cobertura forestal a la llegada de los europeos, una pérdida del 13% en el período de entre 800 y 1.000 años de ocupación maorí. Compárese con la situación actual, en la que solamente el 23,5 % de la masa territorial está cubierta de bosques (y menos de la mitad de esta superficie corresponde a bosques verdaderamente primarios), y empezaremos a hacernos una idea de la naturaleza agresiva de la deforestación en este país. El hecho de que la mayor parte de esta deforestación ocurrió en los primeros cien años de asentamiento europeo nos brinda un contraste interesante.

En todo caso, la situación actual es que solamente 23,5% de la superficie territorial permanece como bosque indígena, en tanto 51% corresponde a pasturas y 7,7% a monocultivos de árboles (los llamados “bosques plantados para la producción”).

Lo anterior implicaría la necesidad urgente de una conferencia sobre bosques centrada en la rehabilitación de los bosques nativos y no en la mayor expansión de los monocultivos de árboles exóticos. Sin embargo, éste no será el caso en la conferencia de 2006. Observando el programa, los participantes invitados y los temas que se discutirán queda claro que gran parte de la discusión se centrará en las plantaciones y no en los bosques.

Por supuesto, esto tiene mucho sentido para los intereses industriales, cuyos planes son aumentar la superficie de plantaciones a 2,5 millones de hectáreas para 2010, lo que cubriría el 9,5% de la masa territorial total con plantaciones de árboles exóticos. La conferencia les brindará la buena imagen (y el respaldo “científico”) que necesitan para seguir adelante con sus planes.

Para empeorar las cosas, la industria de las plantaciones también se las ha arreglado para influenciar a jóvenes estudiantes de forestación, a quienes también se ha hecho creer que las plantaciones son bosques. Por ejemplo, algunas de las presentaciones en el “foro para estudiantes y egresados recientes” organizado como parte de la conferencia son “Valores ambientales y sociales de los bosques de plantaciones en Nueva Zelanda”, “Algunas bases fisiológicas para explicar la influencia de la nutrición y el genotipo en el crecimiento de Pinus radiata D.Don”, “Necesidades ecológicas del halcón maorí de Nueva Zelanda en la forestación de plantaciones” y “Gestión de los bosques plantados para la biodiversidad”.

Todo muy triste.

Sin embargo, siempre queda la esperanza de que durante la conferencia alguien, sea estudiante, silvicultor, ambientalista o Maorí, hombre o mujer, se ponga de pie y diga a toda esa gente lo que resulta muy obvio: que, sin duda alguna, las plantaciones de pinos radiata NO son bosques.

Por Sandy Gauntlett, Pacific Indigenous Peoples Environment Coalition, Aotearoa/Nueva Zelanda, correo-e: sandygauntlett@hotmail.com