Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Argentina: el silencioso genocidio de los Mbya Guaraní

Los Mbya Guaraní son un pueblo antiguo y selvático de raíces amazónicas. En Misiones, una provincia del nordeste de Argentina, tienen 74 comunidades y una población total, aproximada, de 3.000 personas. Su cultura es tan rica como la biodiversidad de la selva Paranaense que siempre utilizaron y protegieron.

Dos de esas comunidades, Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate, resumen la dura lucha de los Mbya Guaraní por preservar su identidad y seguir viviendo en la selva. Con unas 20 familias, su trato con la sociedad occidental recién empezó a ser importante hacia 1995. Como en muchas otras comunidades indígenas, el mayor bastión de independencia y resguardo cultural está en sus mujeres, y en el Opygua (sacerdote) de Tekoa Yma Artemio Benítez. Ellos siguen luchando para que su aislamiento voluntario de los yerua (blancos) sea comprendido y respetado. Pero las madereras, las motosierras y la insensibilidad del gobierno de Misiones siguen acosándolos.

Actualmente viven dentro de la Reserva de la Biosfera de Yabotí, donde obtienen sus alimentos, plantas medicinales y materiales de construcción de un mosaico de ambientes de selva Paranaense con 6.500 hectáreas de superficie. Lamentablemente su territorio coincide con los llamados “Lote 8” y “Lote 7” considerados “propiedad privada” por sus actuales tenedores, la empresa “Moconá Forestal S.A., y Marta Harriet (ver Boletín 86 del WRM). La empresa Moconá, con el visto bueno del gobierno, intentó recientemente arrinconarlos en 300 hectáreas, lo que representa bastante menos del 5% de territorio que hoy utilizan para vivir. De algún modo el blanco, asumido como propietario y como gobernante, les achicó su territorio y su selva para expandir los cultivos y los buenos negocios de quienes se dicen “civilizados”.

De la superficie total original que ocupaban las selvas de la Mata Atlántica y Paranaense solo queda actualmente un 5%. Esta pérdida de biodiversidad y continuidad es particularmente crítica en los ambientes donde se encuentran las comunidades de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate. La falta de medicamentos y alimentos naturales producida por la desenfrenada extracción de árboles amenaza su salud y supervivencia. Este hecho es de inusitada gravedad no solo en términos de derechos humanos, sino también de criticidad demográfica.

Las comunidades Mbya de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate son el resultado de un largo proceso de ciclos sedentarios precedidos por episodios puntuales de migración. Estos movimientos tienen siglos de ocurrencia. Mientras la selva subtropical evolucionaba, con sus propias fluctuaciones por causas internas y externas, una de sus especies, los Mbya, iba estableciendo sucesivos territorios transitorios. Si los recursos disponibles y su uso establecían un buen balance, y los sueños de sus líderes no aconsejaban lo contrario, se radicaban en el mismo sitio durante mucho tiempo. Si alguna crisis rompía esa relación, o los sueños sugerían un cambio, la comunidad migraba, pero solo para volver a instalarse con rasgos sedentarios en otro sitio más propicio.

La estrategia de vida de cualquier grupo cazador-recolector con agricultura de subsistencia, o de cadena alimentaria larga, tiene particularidades que no son bien comprendidas por otros grupos humanos cuya estrategia está basada, por el contrario, en sistemas agroproductivos de cadena alimentaria muy corta.

Cuando las poblaciones humanas inventaron la agricultura hace 5.000-10.000 años, acortaron en realidad las antiguas y largas cadenas alimentarias. Eliminaban las formas vivas que había sobre el suelo, y plantaban luego, en reemplazo de bosques o grandes pastizales, una única especie protegida. El acortamiento de las cadenas alimentarias y el éxito de las actividades agropecuarias alimentaron con sus excedentes la primera revolución urbana y a partir de allí el masivo crecimiento de la población humana.

Desde hace décadas se viene registrando en Misiones una despareja batalla entre estas dos estrategias de vida.

Por una parte están las comunidades Mbya, que son los habitantes más antiguos del territorio. Varias de sus comunidades, entre ellas Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate, siguen conservando una estrategia de cadena alimentaria larga. Son cazadores, recolectores y pescadores, con una práctica agrícola deliberadamente reducida.

Por otra parte, están las comunidades blancas y de origen europeo que ingresaron muy recientemente a la selva Paranaense. Estos grupos trajeron una estrategia productiva de cadena corta, totalmente distinta a la practicada por los Mbya. En lugar de convivir con el monte, necesitaban superficies sin selva para colocar sus especies protegidas.

Las comunidades Mbya se integraron a la selva Paranaense hace más de 3.000 años sin desarrollar la noción de propiedad privada que sí adoptaron las poblaciones blancas de ingreso reciente (siglo XVI en adelante). Lo que ocurrió objetivamente es que su “territorio total” fue invadido a partir del siglo XVI por grupos blancos, en su mayoría de origen europeo, que tenían estrategias de apropiación de la tierra y de producción totalmente distintas. Esto explica la rápida desaparición de la selva subtropical, el establecimiento de sistemas agroproductivos de cadena corta y la multiplicación de asentamientos urbanos persistentes.

Al tiempo que los blancos se apropiaban del espacio “fijando” territorios de propiedad privada, la expulsión de los Mbya fue generando su incorporación marginal a los asentamientos blancos, y menores posibilidades de vida tradicional para aquellos que todavía viven en la selva Paranaense, como Yabotí. En este ambiente reconocido por la UNESCO como Reserva de la Biosfera continúa el saqueo legal e ilegal de sus recursos. Esto ha reducido en forma grave y en algunos casos irreversible la biodiversidad local, y las posibilidades que tenían los Mbya de mantenerse únicamente con la selva.

Para muchos blancos el éxito de una cultura se mide por la grandiosidad de los edificios y objetos que se producen, y por el tiempo que perduran. Para la naturaleza el éxito se mide por la cantidad de tiempo que ha vivido una población como la Mbya en la selva sin que la selva y los propios Mbya desapareciesen. Hay pueblos cuya herencia es casi inmaterial, y no por ello son “menos evolucionados” o “menos desarrollados”. Son pueblos y culturas que han logrado lo que muchas de nuestras civilizaciones intentan y no alcanzan, esto es, adaptarse al ambiente y a sí mismas.

Las comunidades Mbya de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate tienen derecho natural a seguir viviendo donde hoy viven por dos razones fundamentales: primero, porque la superficie que ocupan es la que necesita un pueblo cazador, pescador, recolector y con agricultura de pequeña escala, y segundo, porque esa superficie es parte del territorio móvil que durante siglos utilizaron sus antepasados.

Los pueblos que más derecho tienen a la “propiedad” de la selva son aquellos que durante siglos vivieron como parte de ella sin necesidad de ser sus dueños.

Por: Raúl Montenegro, FUNAM, Premio Global 500 de la ONU, extractado de: “El silencioso genocidio de los Mbya Guaraní en Argentina. (O la lucha de la cadenas alimentarias cortas contra las cadenas alimentarias largas)”, correo electrónico: montenegro@funam.org.ar , http://www.funam.org.ar . El artículo completo, resultado del trabajo conjunto entre ENDEPA y FUNAM, puede ser leído en: http://www.wrm.org.uy/paises/Argentina/Mbya.html