Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Brasil: acción conjunta de agencia gubernamental y Greenpeace en la Amazonia

La acelerada pérdida del bosque tropical de la Amazonia es quizás el caso más notorio que se conozca de destrucción ambiental a nivel global. No es “la humanidad” en abstracto la responsable de ello. Una investigación acerca de la política forestal, realizada en 1998 por la Oficina de Seguridad Nacional del Brasil, llegó a la conclusión de que el 80% de la madera producida en la Amazonia es extraída ilegalmente. Poderosas empresas transnacionales han sido y continúan siendo los agentes directos de esta devastadora actividad (ver Boletín 5 del WRM). Al final de esta fatídica cadena se encuentran la demanda de maderas duras por los mercados europeos y estadounidenses, junto al consumo de muebles de estas maderas por parte de las élites urbanas en el propio Brasil, ambos promoviendo estas grandes operaciones de madereo ilegal.

Si bien el Instituto Brasileño para el Medio Ambiente (IBAMA) está comprometido a proteger la Amazonia, no cuenta con los medios necesarios para cumplir con sus obligaciones. Por otra parte, la política interna del Brasil en lo que respecta a sus recursos naturales -incluida la Amazonia- es bien distinta de la que se refleja en los hermosos discursos que los delegados de ese país pronuncian en los foros internacionales. Desgraciadamente son las fuerzas internacionales del mercado y las presiones de los poderosos intereses de los grandes terratenientes e industriales los que de hecho determinan el comportamiento del gobierno en este tema. Sin embargo, cada tanto se consiguen pequeñas aunque significativas victorias.

Tal es el caso de la reciente acción conjunta de empleados del IBAMA y activistas de Greenpeace en la Municipalidad de Icoaraci al norte del Estado de Pará. En diciembre de 1999, valiéndose de una tecnología sencilla con rayos ultravioleta, voluntarios de Greenpeace lograron identificar una carga ilegal de rolos de “faveira”(especie utilizada por la industria para tableros de madera) en los depósitos de Eidai do Brasil, una compañía japonesa exportadora de madera que opera en la región, la cual controla los grandes mercados de tableros de madera en EE.UU., Japón, el Reino Unido y los Países Bajos. De este modo el personal de IBAMA pudo multar a la empresa y confiscar la referida madera.

La acción había comenzado algunos días antes, cuando personal de IBAMA y de Greenpeace, de vuelta de una visita de rutina a un aserradero de Pará, detuvieron un camión que cargaba siete rolos de “faveira”. La carga carecía de la correspondiente Autorización para el Transporte de Productos Forestales, por lo que era ilegal. A efectos de seguir la pista de los rolos hasta su destino, el personal de IBAMA liberó la carga luego de que la gente de Greenpeace hubiera marcado los rolos con un producto especial, sensible a la luz ultravioleta. Una vez que los activistas de Greenpeace lograron ingresar a las instalaciones de Eidai, inmediatamente identificaron los rolos utilizando lámparas de luz UV. En el mismo operativo IBAMA también detuvo y multó a otro camión que estaba descargando “faveira” indocumentada para Eidai.

Esto es tan sólo una muestra de lo mucho que puede lograrse mediante el trabajo en conjunto por la defensa de los bosques tropicales. A una escala mayor, si los gobiernos, junto a las ONGs ambientalistas, las organizaciones de pueblos indígenas y todos quienes están preocupados por el tema juntaran sus esfuerzos para denunciar y dieran los pasos necesarios para identificar, controlar y castigar a los depredadores, podría esperarse un futuro mejor para la Amazonia y los pueblos que en ella habitan.