Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Brasil: el Movimiento de Resistencia Ashaninka de frente al futuro

En lo profundo del Amazonas brasileño un maderero cruza la frontera desde Perú e invade tierras tribales Ashaninka, tala otro caobo añejo, lo arrastra hasta la orilla y lo hace flotar río abajo, donde lo espera un camión y más tarde los mercados internacionales.

“Esta semana es una de las más cruciales de la historia Ashaninka”, observó el curador Celso Carelli Mendes, hablando desde sus 15 años de experiencia de vida y trabajo con varias tribus del Amazonas. “Esta semana puede decidir el futuro de la forma en que los indígenas trabajan con el Estado-nación brasileño, el futuro de la selva misma”.

Era medianoche y estábamos comiendo algo en un café de la capital, Brasilia; volvíamos de llevar al hotel al líder de la tribu, Benki Piyanko, tras una velada repleta de “paparazzi” en el Cine Brasilia. La velada era la apertura oficial de la Semana Ashaninka-Apiwtxa, cinco días de encuentros, eventos culturales, mesas redondas y películas en torno a la tribu Ashaninka. La Semana reunió algunos de los principales jerarcas del gobierno, entre ellos la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, y los presidentes de la Funai e Ibama, los dos principales organismos del gobierno que se ocupan de los indígenas.

La ceremonia de apertura fue un espectáculo público a todo brillo, con actuaciones de músicos Ashaninka y otros músicos brasileños, discursos oficiales, cobertura televisiva, una muestra fotográfica y el estreno de un documental. Pero al final, sin embargo, la mayoría parece estar de acuerdo en que a pesar del encanto de la noche se trató de algo superficial, de un espectáculo. De regreso en el auto, Benki y Celso conversaron sobre lo que media entre las bellas palabras y la acción real, la eterna división entre la teoría y la práctica.

“Esta noche la gente se me acercó para decirme que yo era una muestra del futuro de Brasil, un futuro en que los indígenas trabajarán en alianza con el gobierno para preservar el Amazonas”, dijo Benki. “Pero yo pienso que el futuro ya está aquí, el camino está claro, sólo necesitamos personas que actúen, que hagan lo que hay que hacer para la selva, que trabajen. Eso es lo que falta”.

Cuando llegué al Cine Brasilia aquella noche, los doce integrantes de la tribu Ashaninka que habían viajado miles de kilómetros desde los confines del Amazonas para la Semana Ashaninka-Apiwtxa, estaban reunidos frente a los focos, micrófonos y cámaras de TV. Vestían sus tradicionales ropas tejidas a mano y coronas de plumas, con innumerables sartas de semillas de colores al cuello y los rostros pintados con intrincados diseños rojos y negros.

Los Ashaninka brasileños viven en una reserva de 85.700 hectáreas en el estado de Acre, cerca de la frontera con Perú. El nombre Apiwtxa refiere a una comunidad específica que podríamos llamar la capital de la nación Ashininka brasileña, donde viven los líderes de la tribu. La ubicación remota de la tribu ha influido en que el contacto con las devastadoras fuerzas de la colonización haya sido esporádico, y hasta el día de hoy sólo es posible llegar a ella por aire o tras varios días de viaje en canoa desde la carretera más cercana.

Comparada con su territorio ancestral, esta reserva resulta una superficie bastante pequeña que los Ashaninka han logrado conservar tras años de lucha y resistencia. La reserva fue reconocida como el territorio de su nación en 1992, 250 años después de que el primer gran levantamiento de los Ashaninka expulsara a los soldados y misioneros franciscanos españoles que habían llegado con la oleada de la colonización. Evitaron la invasión durante más de un siglo, pero más tarde muchos fueron esclavizados en el brutal régimen de las plantaciones de café y caucho. Se estima que el 80 por ciento de la tribu fue diezmado durante el auge del caucho, entre 1839 y 1913, a causa de enfermedades y condiciones de explotación extremas. Frente a esta pérdida incomprensible, los Ashaninka han luchado para mantener su identidad cultural, proteger su selva natal y preservar su lengua y su sustento.

De acuerdo con el programa, la Semana Ashaninka tenía dos objetivos: explorar “los avances y las victorias de la tribu en relación con los recursos naturales y la producción sustentable” y “buscar soluciones a las dificultades y los problemas en la zona fronteriza Brasil-Perú”. Después de la apertura los Ashaninka participaron de una serie de reuniones con funcionarios del gobierno y mesas redondas públicas. El tema de discusión más importante fue la entrada ilegal, a través de las fronteras lejanas, de madereros que están talando caobos y otros árboles valiosos en el territorio Ashaninka, a ritmo creciente.

Durante la década pasada los Ashaninka se ganaron cierta atención por parte de la prensa, en gran medida gracias al carisma, la fuerza y la iniciativa de su joven pajé, Benki. Tiene treinta años y es el hijo del cacique. Su intensa formación como chamán incluyó un año de prácticas espirituales, aislado en la selva, durante su adolescencia. Benki fue uno de los líderes del proyecto que acercó Internet a los Ashaninka mediante pequeños quioscos en los poblados para facilitar la comunicación entre zonas remotas y crear un sitio web para difundir noticias sobre la tribu.

“Algunas personas preguntan por qué los indios se están metiendo en la Internet”, señaló Benki. “Pero creo que es realmente importante que tengamos esta red de comunicación, para que el mundo sepa lo que nos está pasando”.

Los Ashaninka presentaron sus iniciativas para un desarrollo sustentable por medio de documentales que muestran parte de su trabajo. Uno de los aspectos es un programa de reforestación para replantar la tierra que fue destruida por la invasión de los blancos. Benki informó que la tribu ha replantado el 25 por ciento de la tierra deforestada y vendido la producción de las pequeñas plantaciones de frutales en beneficio de las escuelas. También han aplicado proyectos de cultivo de peces y tortugas destinados a la alimentación, con excelentes resultados. Los niños hicieron buena parte del trabajo, como forma de aprender de la experiencia y como preparación para el futuro.

“Yo me pregunté: ¿qué fue lo que hicieron mis abuelos y bisabuelos para proteger la selva?”, dijo Benki. “Nuestra gente quiere trabajar con el Brasil para crear un desarrollo alternativo, para mostrar al mundo un ejemplo de sustentabilidad… Ocho años después de haber empezado el proyecto hemos logrado alimentos para la gente, y esperamos que esto continúe por siempre”.

“La historia de los Ashaninka es diferente en cuanto a que ellos nos están mostrando el camino”, comentó Rômulo Mello, director de Fauna y Recursos Pesqueros de la organización de asuntos nativos, Ibama. “En lugar de hablar y nada más, ellos ‘hacen’, y nos están invitando a participar, a compartir las lecciones de la cultura indígena”.

Por Juliana Birnbaum, correo-e: juliebirnbaum@earthlink.net . Los diálogos fueron traducidos por la autora.