Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Brasil: mientras el pueblo se indigna, Aracruz festeja

Es impresionante la manera como Aracruz Celulosa S.A. encara la realidad en la que está inserta, afectada por los innumerables impactos negativos resultantes de sus actividades en Espírito Santo y Bahía. En este momento la empresa está terminando un aeropuerto particular, suficientemente grande como para que el avión presidencial de Fernando Henrique Cardoso pueda aterrizar el próximo 2 de agosto, cuando se inaugurará oficialmente su tercera fábrica, que aumentará la producción anual de celulosa de eucalipto de 1,3 a 2 millones de toneladas.

El día de la inauguración deben reunirse alrededor del Presidente brasileño los más altos representantes de los gobiernos municipal, del estado y nacional, fieles aliados de la empresa durante toda su existencia en Brasil. También hará acto de presencia la prensa de dicho estado, que ya empezó a difundir el gran evento enalteciendo, como siempre, el aporte de la empresa al desarrollo económico del estado. También concurrirán al acto solemne ONGs como el “Instituto Terra da Gente”, financiado por la misma Aracruz y que le dio el trofeo “Mata Atlântica” (bosque atlántico), una broma de mal gusto, principalmente por tratarse de una empresa que derribó miles de hectáreas de esa misma mata atlántica. Sin duda, estarán allí las asociaciones y sociedades de ingenieros forestales, que se entusiasman más con los millones de eucaliptos idénticos, clonados y de alta productividad que con la labor de comprender la fascinante complejidad de un bosque natural. Seguramente, tampoco el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social se perderá la fiesta, ya que invirtió mil millones de reales brasileños en el proyecto de la tercera fábrica, en vez de invertir sumas equivalentes en el fortalecimiento de la afectada agricultura familiar del estado.

Vale la pena recordar que los US$ 630 millones invertidos en la nueva planta se destinaron casi en su totalidad a máquinas fabricadas en Europa y se aseguraron con créditos de garantía para su exportación. Lo que le queda a Brasil son solamente los 172 puestos de trabajo permanente en la nueva unidad industrial. Aun así, a costa de una deuda del estado de Espírito Santo con Aracruz de cerca de 100 millones de reales, referente a créditos acumulados por la empresa por no gravarse con impuestos la cadena productiva de fabricación de celulosa para la exportación.

El ambiente reinante entre los gerentes y directores de la empresa se ha vuelto incluso más festivo con la noticia del Supremo Tribunal Federal a principios de junio, cuando dicho Tribunal decidió considerar inconstitucional la ley del estado que prohibe plantar eucaliptos para celulosa hasta que se realice un mapeamiento agroecológico del estado que definirá dónde debe plantarse el eucalipto. Con seguridad, los ministros del Tribunal, al tomar la decisión, no pensaron en la situación de desesperación de las más de 100 familias del municipio de Vila Valério que fueron expulsadas de sus tierras compradas por Aracruz Celulosa. Tampoco consideraron los US$ 230 millones con los que cuenta la empresa para adquirir nuevas tierras, 200 veces más dinero que la suma estimada anualmente en el estado para la reforma agraria, una necesidad insatisfecha que 50 mil familias de ese estado están esperando hasta ahora. Y el Tribunal tampoco tomó en cuenta los resultados positivos de las audiencias públicas regionales del mapeamiento agroecológico, que lograron restituirle al pueblo un poco de conciencia, un poco del derecho a opinar sobre el futuro de sus hijos y de su región.

Asimismo, vale la pena recordar que Aracruz incluso tuvo el tupé de afirmar que evaluará si va a enjuiciar o no al estado por los daños que la ley de mapeamiento de dicho estado le causó. Y el diario A Gazeta hizo lo que un periódico decente jamás haría: publicó en primera página que la autorización para plantar eucaliptos generará 25 mil puestos de trabajo, una cifra sin fundamento, sin argumento, sin el mínimo de veracidad.

Luego, cuando el diputado Nasser, autor de la ley de mapeamiento agroecólogico, elaboró una ley parecida, aprobada en la Asamblea Legislativa el 26 de junio, su partido, el mismo del Presidente Fernando Henrique, decidió no darle más cabida en sus filas para las próximas elecciones. Una vez más, es evidente que cualquier acción en contra de Aracruz Celulosa cuesta caro.

Es en este ambiente que se avecina el día de la inauguración de la nueva fábrica. Por un lado, una megaempresa que quiere festejar, que niega cualquier impacto y no admite crítica o cualquier clase de control de sus acciones por parte de la sociedad civil que integra. Por otro lado, la inmensa mayoría del pueblo de Espírito Santo, principalmente la población rural, está cada vez más indignada por el modo de obrar de Aracruz, consciente asimismo de que necesita resistir si quiere tener un futuro mínimamente digno.

Este es el mensaje que el Movimiento Alerta contra el Desierto Verde, que congrega a sectores representativos de la población rural y urbana, tratará de transmitirle a toda la sociedad durante la 1a Quincena de Resistencia al Desierto Verde. Serán 15 días de actividades simultáneas a la inauguración de la nueva fábrica de Aracruz Celulosa y a la declaración de Erling Lorentzen, el presidente noruego de la empresa, ante la Comisión Parlamentaria que investiga la larga lista de irregularidades practicadas por la compañía. Vale la pena recordar que, como era de suponerse, la prensa local está boicoteando completamente esta importante e inédita investigación.

Durante esos 15 días, la Quincena de Resistencia le mostrará a la opinión pública que la sociedad seguirá oponiendo resistencia a un modelo que excluye a la mayoría de la población, aunque dicho modelo se imponga y domine esferas públicas y no públicas que en primer lugar deberían defender los intereses del pueblo.

Por: Movimiento Alerta contra el Desierto Verde en Espírito Santo, Bahía y Río de Janeiro. Correo electrónico de contacto: fasees@terra.com.br