Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Brasil: Quilombolas protestan contra Aracruz celulosa

En noviembre de 2005 cientos de quilombolas marcharon por las calles de São Mateus, en el norte del Estado de Espírito Santo, para protestar contra Aracruz Celulose, la mayor productora de pulpa de eucalipto blanqueada del mundo. Algunas de las pancartas decían “Aracruz Celulose: Estás en contra de la vida, devuélvenos nuestras tierras para producir alimentos”, “Trabajadores mutilados por Aracruz Celulose exigen sus derechos”, “Presidente Lula: ¡el futuro de los pueblos indígenas es más importante que exportar celulosa!”. Participé en la manifestación y marché con los quilombolas, al ritmo de los tambores, por la ciudad. Marchamos hacia el río, hasta la plaza donde desembarcaban a los esclavos en la época de la colonia.

Quilombo es el nombre que recibieron las comunidades de esclavos y esclavas fugitivos durante el período colonial en Brasil. En el siglo XVII los esclavos africanos llevados a Brasil por los colonos portugueses se contaban por cientos de miles. El quilombo más famoso era un asentamiento en el noreste de Brasil, en una zona llamada Palmares, a causa de las palmeras silvestres que crecen en los cerros. A mediados de siglo vivían cerca de 30.000 personas en Palmares, en grandes aldeas fortificadas con capillas, estatuas y palacios. El primer dirigente de Palmares fue Ganga Zumba, el gran gobernante.

Los portugueses enviaron una expedición tras otra para intentar acabar con el Quilombo dos Palmares. Una tras otra, esas expediciones fracasaron. Pero en 1678 Ganga Zumba llegó a un acuerdo con los portugueses. Los otros dirigentes del quilombo se negaron a aceptar ningún trato mientras los africanos permanecieran en la esclavitud. Eligieron a Zumbí, sobrino de Ganga Zumba, como su nuevo dirigente.

Finalmente Zumbí fue hecho prisionero y decapitado en noviembre de 1695. Así se cerraron casi cien años de resistencia de los quilombos. Zumbí se convirtió en héroe y símbolo de la libertad negra en Brasil.

Los colonos establecieron monocultivos de caña de azúcar para la exportación. Los quilombolas plantaban maíz, porotos, mandioca, boniatos, bananas y hortalizas. Criaban cerdos y gallinas, pescaban en los ríos y cazaban en los bosques.

Hoy, otro monocultivo amenaza a los descendientes de los quilombos. Aracruz ha establecido cientos de miles de hectáreas de plantaciones industriales de árboles en las tierras de los quilombolas.

Al otro día de la marcha de São Mateus visité algunas aldeas quilombolas junto a activistas de la Red Alerta contra el Desierto Verde. Los pobladores nos contaron que su comunidad había sido rodeada por completo por las plantaciones de eucaliptos. “Aracruz acabó con nuestra tierra”, dijo un hombre. La empresa compró la tierra muy barata o en forma fraudulenta, gracias a un intermediario encargado de hacer la transacción.

Doscientas personas que habitan en la misma aldea trabajaron para Aracruz como operadores de motosierra, pero todos ellos han perdido sus empleos. “Desde que Aracruz llegó la mayoría de las personas se han ido de aquí. Ahora viven en favelas en las ciudades grandes, como Vitória”, relató otra persona.

Aracruz se quedó con las mejores tierras, dejando a los quilombolas solamente aquellas áreas en las que la empresa no puede plantar. “Ni siquiera hay espacio para tener un caballo”, se quejó un aldeano. Otro hombre añadió: “Cuando se casan, los jóvenes no tienen a dónde ir, o sea que se quedan. Esto significa que hay todavía menos tierra disponible”.

Desde que Aracruz estableció sus plantaciones, los aldeanos han tenido dificultades para encontrar una fuente de agua confiable. “Le tenemos miedo al agua. Ya nadie la bebe”.

Visitamos otra aldea de quilombolas, cuyos pobladores no vendieron ninguna de sus tierras a Aracruz. Tienen una huerta orgánica donde producen banana, jaca, papaya, caña azucarera, ananá, café, genipapo (utilizado por los Pueblos Indígenas para pintarse la piel), tomate, maracuyá, hierbas y mandioca. Pero los monocultivos de eucaliptos de Aracruz están inmediatamente al lado de la huerta. Aunque los pobladores no utilizan productos químicos para sus cultivos, éstos no pueden obtener la certificación como productos orgánicos a causa de la deriva de los plaguicidas de las plantaciones de Aracruz.

El contraste entre los monocultivos de Aracruz y los huertos biodiversos de los quilombolas es drástico. De un lado hay flores, árboles frutales, cultivos alimenticios, casas y personas. Del otro hay filas de eucaliptos. Los pobladores nos contaron que la mandioca puede cultivarse cerca de las plantaciones solamente durante los dos primeros años siguientes a la plantación de los árboles. Después los árboles crecen demasiado y no hay suficiente sol para cultivar mandioca. Luego de apenas cinco meses, los eucaliptos de Aracruz miden más de seis metros.

Los pobladores describieron también la forma en que han ido quedando aislados a medida que las plantaciones de eucaliptos toman más y más tierras. “Aracruz está aquí desde hace más de 30 años. Antes de eso teníamos muchos amigos. Los domingos nos visitábamos para celebrar rituales o fiestas. Ahora mucha gente se ha ido lejos y algunos rituales se han perdido”.

Una persona de la aldea explicó qué pretenden de la empresa: “Aracruz puede exportar su celulosa, no hay problema. Pero la gente necesita empleos y recuperar sus propias vidas. Aracruz tiene que resolver todos esos problemas antes de poder exportar”. Otro quilombola lo expresó en forma más simple. “Quiero que Aracruz desaparezca de aquí”.

Por Chris Lang, correo-e: http://chrislang.org