Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Brasil: viejo proyecto de represa hidroeléctrica otra vez amenaza a pueblos amazónicos

Presentada como una fuente de energía “limpia” por no contaminar la atmósfera con gases de efecto invernadero, como en el caso del petróleo o el gas natural, la obtención de energía hidroeléctrica por la construcción de represas continúa avanzando en el río Xingú, el último de los grandes ríos amazónicos en buen estado de conservación.

No obstante, se estima que casi toda la selva amazónica será destruida en la primera mitad de este siglo en caso de que las tendencias actuales fuesen ampliadas con la implementación de proyectos de infraestructura en la región y que las emisiones de carbono resultantes de la quema de la selva equivaldrían a cerca de 50 veces la actual tasa anual de emisiones de gases de efecto invernadero de los Estados Unidos. A pesar de eso, el consultor en el campo de la energía, Joaquim Francisco de Carvalho, argumentó a favor de la construcción de la represa hidroeléctrica del Xingú, para satisfacer a toda costa la futura demanda brasileña de electricidad, una demanda insustentable que viene de la mano del “desarrollo”.

Hoy en día, más de 45.000 grandes represas cuyos muros de embalse superan los 15 metros, obstruyen los ríos del mundo, y sus embalses inundan millones de hectáreas de bosque –en especial en zonas tropicales– dejándolos sometidos a su lenta descomposición (y por ende a la emisión de enormes volúmenes de gas metano, uno de los principales gases de efecto invernadero). Los reservorios han sido también causa indirecta de deforestación en otros lugares (con la consiguiente emisión de otro gas de efecto invernadero: el dióxido de carbono), en la medida que los agricultores desplazados por las represas han tenido que cortar bosques en otras zonas a fin de instalar sus cultivos y construir sus hogares (ver Boletín 42 del WRM).

Los planes para la construcción de la represa hidroeléctrica Kararaô, hoy rebautizada Belo Monte, en el río Xingú, generaron una gran controversia a fines de la década del 80. Si bien se redujo la superficie del lago artificial necesario para el funcionamiento de la represa, la destrucción asociada al embalse es apenas una pequeña parte de la provocada por la obra en general. Las represas implican la construcción de rutas que permiten el acceso de “agentes del desarrollo” a regiones anteriormente remotas. Se desencadenan así procesos de degradación ambiental incontrolables –el embalse no sólo inunda suelos agrícolas sino que causa cambios drásticos en el ambiente, incluso la desaparición gradual de la flora y la fauna– que a su vez provocan severos efectos sobre la población, no sólo la local que depende de dichos recursos, sino también la de la totalidad de la cuenca del río represado.

Un ejemplo de esto es la ruta que parte de Xinguara, en la zona de influencia de la carretera Belém-Brasilia, atraviesa la “mata” hacia el oeste y termina en San Félix, en las márgenes del río Xingú. La ruta, abierta en la década de 1980 por la constructora Andrade Gutiérrez, creó una zona de gran concentración de madereras y madereo ilegal, que ya avanza más allá de la margen izquierda del río.

Las selvas del valle del río Xingú son especialmente vulnerables a los grandes incendios. Ello se debe a que el río atraviesa una zona de baja pluviosidad, recibiendo cerca de 2000 mm de lluvia al año, concentrada en una única y bien definida estación húmeda. En la estación seca (en los meses de abril a setiembre) es común la ausencia total de lluvia por largos períodos. Como gran parte de la lluvia que cae sobre la Amazonía proviene de la transpiración de la selva, a medida que la deforestación avanza sobre la región las sequías se tornan más intensas, aumentando el riesgo de nuevos incendios y las tasas de deforestación, en un ciclio de retroalimentación positiva. En consecuencia, las hidroeléctricas del Xingú, que durante la estación seca (cuando los ríos de la región ven grandemente reducido su caudal) ya trabajarían bien por debajo de su capacidad, serían inviabilizadas, irónicamente, por los procesos de deforestación y desertificación asociados a su propia construcción.

La actual integridad ecológica del Xingú y el hecho de que hasta ahora no se hayan construido hidroeléctricas en su curso no es el resultado de la acción de “ONGs ambientalistas” sino de luchas genuinamente populares. La preservación de este río se explica por la abundancia de indígenas de tradición guerrera, para quienes la preservación ecológica es una necesidad para su supervivencia. En 1989, cuando se planeaba la construcción de la hidroelécrica de Kararaô, el proyecto fue detenido por la presión de los indígenas, que manifestaron en Altamira, agitando sus cuchillos frente a los técnicos de la empresa Electronorte y fueron al Banco Mundial, consiguiendo la suspensión del financiamiento. Hoy, además de los indígenas, también protestan los pequeños productores rurales contra la construcción de Kararaô.

Al igual que con el uso de combustibles fósiles, que de continuar el mismo ritmo provocarían catástrofes ambientales capaces de poner en riesgo la propia supervivencia de la especie humana, la construcción de represas podría tener el mismo efecto. El problema es complejo y su solución exige una profunda revisión de los valores y modelos de consumo, que reduzca urgente y drásticamente la demanda brasileña de electricidad.

Artículo basado en información obtenida de: “A hidrelétrica de Kararaô e os movimentos populares”, Rodolfo Salm, correo electrónico: rodolfosalm@alternex.com.br , Proyecto Pinkaiti, enviada por el autor.

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