Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Camboya: plantaciones de caucho y de palma africana provocan impactos en las comunidades locales

Las plantaciones de caucho y de palma aceitera, aun cuando no están relacionadas con la industria de la celulosa y el papel, afectan a las comunidades locales de manera similar a las plantaciones de árboles de rápido crecimiento. Las plantaciones de caucho y de palma aceitera también utilizan grandes superficies de tierra, a menudo tierra que es crucial para el sustento de los pueblos del lugar.

Durante la década del 60, y especialmente en el noreste de Camboya, numerosos habitantes de las montañas fueron erradicados de sus tierras tradicionales con la finalidad de hacer lugar para las plantaciones de caucho. Las plantaciones, las políticas de asimilación del Príncipe Norodom Sihanouk en el noreste, y el bombardeo de la aviación estadounidense hicieron de esa zona un lugar primordial de reclutamiento en los primeros años del Khmer Rouge de Pol Pot.

Desde entonces muchas de esas plantaciones de caucho fueron descuidadas, y recién en los últimos años algunas de ellas fueron rehabilitadas. Actualmente, el gobierno de Camboya está promoviendo la rehabilitación de las plantaciones de caucho y la realización de nuevas plantaciones.

En agosto de 2001, el Primer Ministro Hun Sen pronunció un discurso en la provincia Kompong Thom en ocasión de la plantación de 6.200 hectáreas de la compañía Chhub Rubber Plantation Company, en el cual elogió a la compañía por “rehabilitar el equilibrio ecológico de la región, que hasta cierto punto fue degradado por el madereo”. Los pobladores locales deberán plantar cultivos comerciales entre los árboles de caucho y recibirán tres hectáreas de tierra “para realizar plantaciones de caucho o sembrar otros cultivos comerciales”. Hun Sen agregó: “De arroceros de roza y quema, nuestro pueblo se ha convertido en trabajadores y propietarios de la familia de las plantaciones de caucho”.

No obstante, las experiencias de los pobladores locales con las plantaciones y los cultivos comerciales en toda Camboya indican que existen problemas graves cuando las plantaciones agrícolas ocupan grandes superficies de tierra. Una plantación de palma aceitera en Ratanakiri, en el noreste de Camboya, ilustra estos problemas.

En 1995, una compañía de empresa mixta ganó una concesión de 20.000 hectáreas para plantar palma aceitera en el distrito O Yadao, en la provincia de Ratanakiri. La compañía es una empresa mixta, o joint venture, de Globaltech Sdn. Bhd. (Malasia), Mittapheap-Men Sarun y Rama Khmer International (las últimas dos de Camboya). El proyecto desplazaría a 4.500 personas de su tierra, y a cambio ofrecería un máximo de 400 puestos de trabajo.

La compañía reclutó pobladores locales para limpiar la tierra con destino a la plantación, arrasando incluso los bosques y tierras de barbecho de los aldeanos. “La compañía hizo mensura de la tierra que la gente estaba cultivando y dijo que esa tierra ya pertenecía a la compañía, aún cuando no la vendimos”, contó uno de los pobladores locales a Sara Colm, investigadora de la ONG Natural Resources Management Project (Proyecto de Manejo de los Recursos Naturales). Sin embargo, en 1996 se realizó una plantación de prueba que resultó un fracaso total, y la tierra que la compañía ya había arrasado simplemente quedó sin utilizar. Luego la compañía comenzó a plantar café, pero en la estación siguiente la sequía liquidó a gran parte de la plantación. La compañía construyó entonces una represa para tener agua con la que irrigar el café. Para los pobladores locales que viven río abajo de la represa eso significó que sus arroyos y fuentes de agua se secaran. La compañía compró la tierra de los pobladores locales que quedó sumergida por el embalse a un precio de US$ 52 por hectárea. Ellos la vendieron de mala gana, pero razonaron que si se negaban la compañía se la quedaría de todos modos.

Un estudio realizado por NTFP project (Proyecto NTFP), una ONG con sede en Ratanakiri, compara el ingreso potencial que hubieran recibido los pobladores locales por la plantación de árboles frutales entre 1995 y 1998, con el ingreso devengado del monocultivo a gran escala. El estudio concluye que el ingreso percibido por los árboles frutales es significativamente superior para los pobladores locales, y “debido a que se basa en una variedad de cultivos, presenta menos riesgos y es más sustentable que los monocultivos a gran escala que se ofrecen como alternativa”.

El informe también resume los problemas de los pobladores con la agricultura por contrato en las plantaciones de monocultivos a gran escala:

“Si bien la compañía puede ofrecer oportunidades de trabajo para los pobladores locales, su sistema de aparcería o arrendamiento de terrenos agrícolas aumenta la vulnerabilidad de las poblaciones locales porque para dedicarse a cuidar el café tendrán que dejar de plantar arroz para sus familias. Su ingreso dependerá mucho de las condiciones de crecimiento estacional y la compañía dictará el precio al que los pobladores deberán vender su grano a la compañía. En realidad, se pide a los agricultores que asuman riesgos que no pueden enfrentar. Su pregunta a la compañía era … ?cómo cuidarán de sus hijos y ancianos si tienen que abandonar todo para cuidar el café?”.