Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Chad-Camerún: una vez más el Banco Mundial muestra a quienes sirve

Enfrentado a una fuerte oposición de representantes de la sociedad civil, el Banco Mundial acaba de aprobar un controvertido proyecto para la explotación petrolera y construcción de un oleoducto, liderado por Exxon-Mobil, el cual habrá de conectar campos petroleros de Chad con la costa atlántica de Camerún. Entre los patrocinantes del proyecto se encuentran también Chevron y Petronas, la compañía petrolera estatal de Malasia. El costo total del megaproyecto, que es uno de los mayores de este tipo en la región subsahariana, será de U$S 3.700 millones.

Si bien el Banco argumenta que el proyecto incluye un programa para canalizar nuevos ingresos a apoyar el desarrollo socioeconómico de Chad y que los impactos ambientales y sociales provocados por el mismo recibirán especial consideración y serán periódicamente monitoreados, grupos ambientalistas y de derechos humanos enfatizan en que este megaproyecto habrá de desplazar en forma forzada a los campesinos que habitan a lo largo del trayecto de más de 1000 kilómetros del oleoducto, así como a los aldeanos de Chad que viven cerca del lugar de localización de los 300 pozos petroleros, que tendrá impactos sobre la fauna de los bosques en las áreas afectadas e incentivará todavía más la corrupción a nivel gubernamental en ambos países. Un problema adicional del proyecto está en que podría promover la reedición del conflicto armado en esta región productora de petróleo y llevar a severas violaciones de los derechos humanos. El pedido de dos años de moratoria para el proyecto, de manera que Chad pudiera desarrollar un marco legal adecuado para manejar los ingresos generados por el mismo y que Camerún pudiera establecer las correspondientes salvaguardas ambientales, fue ignorado.

Teniendo en cuenta los antecedentes negativos en materia social y ambiental de los actores involucrados en el proyecto, así como los comprobados efectos de este tipo de megaemprendimientos que se realizan en el sur en nombre del “progreso”, la idea entusiastamente expresada por el Banco en el sentido de que el proyecto constituye “un marco sin precedentes para transformar los ingresos generados por el petróleo en beneficios directos para los pobres, los sectores vulnerables y el ambiente” resulta realmente difícil de creer. A menos que el Banco considere que las petroleras son pobres y vulnerables y que la explotación y transporte de petróleo pueda de alguna manera ser beneficioso para el ambiente. En suma, desgraciadamente una vez más el Banco ha demostrado a quiénes sirve.

Artículo basado en información obtenida de: D. Jackson, 7/6/2000; Johan Frijns, Friends of the Earth International, 9/6/2000; Korinna Horta, 19/6/2000;