Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Colombia: la dura vida de los trabajadores de plantaciones de palma africana

Desde hace tiempo hemos venido abordando la problemática de las plantaciones de palma africana. Pero fue en nuestro boletín especial de junio de 2001 –dedicado enteramente al tema– como en el libro “El Amargo Fruto de la Palma Aceitera: despojo y deforestación”, donde incursionamos más específicamente en las derivaciones que este monocultivo a gran escala tiene en la situación de los trabajadores.

Es así que, continuando en esa línea, les toca hablar ahora a trabajadores del Sindicato de la Empresa de Plantaciones Unipalma de los Llanos S.A., con plantaciones de palma africana en las regiones de los llanos del Meta y Cundinamarca, en Colombia.

La palma africana fue introducida en este país en 1932, pero su desarrollo comercial comenzó a fines del 50, hasta alcanzar unas 130.000 hectáreas en 1995, fundamentalmente en las zonas norte, central y oriental. Actualmente, en el marco del Plan Colombia, se pretende sustituir las plantaciones de los llamados cultivos ilícitos por palma africana y hay planes de sembrar en todo el país hasta 300 mil hectáreas nuevas (ver boletín 47 del WRM). Sin embargo, para la población local el remedio puede ser peor que la enfermedad y el caso de Unipalma de los Llanos puede ser un ejemplo en ese sentido.

En efecto, el sindicato de Unipalma de los Llanos tenía hace 12 años 400 afiliados y ahora son sólo 132, de un total de 150 trabajadores directos. Ese cambio es el resultado de una nueva modalidad impulsada para desplazar a los trabajadores directos. La empresa promueve las cooperativas de trabajadores asociados, que es una figura que le sirve para subcontratar a empresas prestadoras de servicios y así evadir responsabilidades y el pago de la seguridad social. Los trabajadores indirectos, que trabajan para esas empresas subcontratadas, suman unos 300.

Del pueblo a la plantación de Cundinamarca hay una hora y media de viaje. La empresa lleva a los trabajadores los lunes por la mañana y los regresa los viernes por la tarde y durante ese tiempo permanecen en un alojamiento en la plantación.

Algunos de ellos cuentan cómo transcurre el trabajo: “Los lunes uno llega a las 6:30 a la plantación, se instala en el alojamiento y la jornada comienza a las 7:00, hasta las 5:00 de la tarde con una hora de almuerzo. De martes a viernes, la jornada comienza a las 6:00, hasta las 16:30, y una hora de almuerzo también. El trabajo es duro y riesgoso. La palma tiene muchas espinas y el racimo de 50 kilos a 12 metros de altura cae con una velocidad impresionante y es peligroso. En el corte se utiliza una vara de aluminio, como una antena, que en la punta tiene un cuchillo que se llama malayo. Si usted quiere tumbar el racimo, hay que tumbar primero las hojas donde se apoya. La hoja es inmensa, mide como seis metros, y cómo pesa mi hermano! Esa labor la hace el cosechero, y hay mucha gente aporreada por las hojas o por el mismo racimo”.

Las espinas son un problema: “Eso sí es permanente! Los chuzones se dan a diario y es un problema para quien está cortando. Muchas veces usted anda caminando entre lotes, resbala, cae sobre una hoja y se chuza. Oiga, …y eso duele!”

El elevado grado de aplicación de agrotóxicos –el más utilizado es el herbicida Roundup– es causante de numerosas intoxicaciones. No obstante, el sindicato ha logrado que se realicen exámenes de colinesteraza logrando demostrar la conexión entre la aplicación de veneno y los problemas de salud. En esos casos la empresa generalmente termina recomendando el traslado del trabajador a otro sector, sustituyéndolo por otro y generalizando así el problema.

Todos los trabajadores coinciden en que la empresa no entrega equipo de protección, y en caso de que alguien lo exija, como elemento de presión cuenta con el numeroso “ejército de reserva” generado por el elevado desempleo.

Por otro lado, los sueldos que se pagan son muy magros ya que la producción de palma africana tiene como referencia los bajos costos de producción de Malasia. Esa es su “ventaja comparativa”.

Concluye un trabajador: “Hay empresas pretendiendo que se vincule la familia al trabajo, que es como entrar a un sistema de esclavitud y explotación total. Yo les diría a los trabajadores de otros países que la palma africana más que un empleo produce un sometimiento tenaz.”

Artículo elaborado en base a información obtenida de: Gerardo Iglesias, Rel-UITA, SIREL, Agricultura, No. 20, noviembre 2001.