Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Costa Rica: ¿manejo forestal favorable al ambiente o a la industria?

En la Región Huétar Norte de Costa Rica, el bosque natural se ha reducido a las tierras bajas del río San Juan en la frontera con Nicaragua. Lo que antes fue un extenso bosque tropical de más de 200.000 hectáreas es ahora una superficie de apenas 30.000 hectáreas de bosques fragmentados y en su mayoría severamente cortados. Al contrario de otras áreas del país, en la zona no existen áreas de protección (parques nacionales) y básicamente todo el bosque remanente es considerado como bosque de “producción de madera”, estando la biodiversidad de dicha área sujeta a los planes de manejo forestal. Un estudio preliminar sobre biodiversidad florística en la zona llevado a cabo este año por COECOCEIBA (Amigos de la Tierra Costa Rica), encontró hasta 141 especies de árboles con diámetros superiores a 10 centímetros por hectárea, un indicador que lo coloca entre los bosques de mayor diversidad en el país. Se encontraron además 25 especies de árboles con algún grado de amenaza de desaparición a nivel mundial y/o nacional, de las cuales cinco son consideradas en peligro de extinción en el país. La zona se caracteriza además por la presencia de la lapa verde (Ara ambigua), un ave cuya población se ha venido reduciendo junto con el bosque, hasta un punto crítico donde no sobrepasa más que unas pocas decenas de parejas reproductoras.

La región ha sido una de las mayores productoras de madera para consumo nacional. Se estima que no menos del 30% de la madera que consumió Costa Rica en los últimos 15 años salió de esta región. Sin embargo, la pobreza campesina, la falta de oportunidades de trabajo y educación, con la consiguiente emigración de jóvenes en busca de empleo a otras regiones, ha sido y es una característica en la zona.

Hoy en día el madereo tiende a disminuir debido principalmente a la falta de madera. Para empeorar la situación, se están aplicando -en el marco de nuevos sistemas de manejo- tratamientos postcosecha donde se destruye la regeneración de algunas plantas e incluso los árboles “no deseables” para favorecer el desarrollo de unas pocas especies comerciables. Básicamente se pretende ir uniformizando el bosque natural, simplificando su composición de modo de transformarlo en algo más parecido a una plantación.

Un estudio preliminar sobre el tema de COECOCEIBA en solo un sitio de la región encontró hasta 20 árboles por hectárea destruidos mediante anillamiento y un total de 19 especies afectadas por esta práctica. Dos de las mismas son consideradas como amenazadas y una como especie nueva para la ciencia.

El tema es aún más grave si se tiene en cuenta que esta práctica se está llevando a cabo financiada por fondos del gobierno destinados a pago de servicios ambientales por conservación de bosque. Estos fondos constituyen una especie de incentivo que el gobierno paga a los propietarios de bosques por llevar a cabo prácticas de manejo forestal que favorezcan la conservación de la biodiversidad y la capacidad de fijación de carbono que tienen los bosques.

Varias ONGs ecologistas -entre ellas COECOCEIBA- están trabajando en conjunto con organizaciones campesinas para desarrollar prácticas de manejo forestal alternativas, que permitan un mayor beneficio para la población local y, al mismo tiempo, que respeten los ritmos, la biodiversidad y las condicionas naturales de los ricos bosques de la zona. Asimismo, han estado denunciando las prácticas de manejo forestal prevalecientes en la zona y ejerciendo presión para modificarlas.

Por Javier Baltodano, COECOCEIBA, 20/11/99;