Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Honduras: involucramiento del Banco Mundial en la destrucción de manglares

La cría industrial de camarón es una de las principales causas de pérdida de los manglares en la zona tropical. Si bien los agentes directos de tal destrucción son las empresas privadas, es importante destacar que los gobiernos y las agencias multilaterales de ayuda juegan un activo papel en allanar el camino para que esto suceda.

La expansión de la empresa camaronera “San Bernardo Marine Farms” (SBMF) en el Golfo de Fonseca, en Honduras, está provocando profunda preocupación. En junio de 1999 la Corporación Financiera Internacional (IFC) –agencia del Banco Mundial para el sector privado– concedió un préstamo por U$S 6 millones a SBMF, compañía cuyas acciones mayoritarias están en manos de inversores estadounidenses. La justificación para el préstamo fue aparentemente la “reactivación de la producción camaronera y la recuperación frente a los daños causados por el Huracán Mitch”. Tales argumentos no parecen ser muy sólidos. En primer término, porque tiene poco sentido en relación con la prevención contra catástrofes naturales –tales como huracanes– apoyar una actividad que implica la destrucción del manglar el cual, entre otras valiosas funciones, actúa como barrera natural para la protección de la línea de costa. En segundo término, porque la infraestructura propiedad de la compañía no fue en realidad severamente dañada por este fenómeno climático, de modo que los fondos frescos van a ser utilizados para la expansión de sus operaciones, provocando así más impactos ambientales negativos sobre los humedales vecinos y los medios de vida de las comunidades de pescadores locales.

Como consecuencia de la lucha de los pescadores del Golfo y de las organizaciones que los apoyan en la protección del ecosistema local y para frenar el desarrollo de las camaroneras, el área fue declarada a fines de 1999 como Sitio Ramsar. No obstante la IFC no tuvo en cuenta esto, ni tampoco los propios lineamientos ambientales del Banco Mundial. De modo que la IFC es también responsable por el conflicto social y la destrucción ambiental generados por el proyecto. Recientemente, miembros de las comunidad local, que llevaron adelante una acción de corte de las rutas de acceso a las instalaciones de SBMF, fueron objeto de una salvaje represión por parte de la policía nacional. Por otra parte, la Evaluación de Impacto Ambiental realizada para obtener el permiso ambiental correspondiente con el fin de expandir las operaciones de la camaronera ha sido severamente cuestionada.

El Grupo Banco Mundial –al que pertenece IFC– tiene una serie de lineamientos en materia de protección ambiental. A pesar de ello, al otorgar los fondos para la inversión, la IFC parece haber optado por ignorarlos. ¿El Banco Mundial hará algo para que la IFC cumpla con sus propias reglas?

Artículo basado en información obtenida de: Late Friday News, March 2001; CODEFFAGOLF, 27/3/2001.