Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

La agricultura y la ganadería de la deforestación

Los bosques tropicales han sido habitados durante miles de años por comunidades que hicieron uso de ellos para su sustento en diversas formas, incluso a través de la agricultura. Se trataba de un tipo de producción agrícola que tenía en cuenta las interacciones de los cultivos y era llevada a cabo de forma tal que no suponía la destrucción del bosque sino que convivía con él. Promovieron zonas en que concentraron diversidad de especies útiles para consumo humano, dentro de un escenario diverso, sin socavar las bases biológicas del bosque. Hay estudios que indican que aproximadamente el 12% de los bosques amazónicos son “resultado de un manejo prolongado por parte de poblaciones prehistóricas”.

Pero a partir de las intervenciones colonialistas, los países colonizados –el Tercer Mundo– fueron incorporados al mercado mundial y para ello se introdujo un modelo agrícola que socavó los sistemas indígenas de tenencia de la tierra y manejo de los recursos. Ya fuera en América Latina, África o Asia, la intención común de los colonizadores fue convertir economías previamente autosuficientes en zonas de producción agrícola para la exportación, haciendo hincapié en la “productividad” entendida como el máximo rendimiento de un cultivo principal, contabilizado aisladamente del resto del ecosistema. Se implantaron así la rotación de cultivos con uso de forraje, actividades de cría extensiva de ganado también con escasa diversidad genética y posteriormente una serie de innovaciones tecnológicas que aplicadas a la agricultura llevaron a la fabricación de fertilizantes químicos, maquinaria y motores (ver artículo sobre la Revolución Verde en este mismo número), que profundizaron el modelo productivo.

Aún cuando los países fueron conquistando la independencia política, el modelo no cambió, y en términos generales quedaron cautivos de la dependencia comercial y económica de los mercados del Norte, con la complicidad de las elites nacionales en el poder –económico y político– y la promoción decisiva de organismos internacionales como el Banco Mundial y la FAO. Esa dependencia se ha ido profundizando cada vez más, creando inestabilidad, pobreza y degradación ambiental en los sistemas agrarios de los países del Tercer Mundo.

Se ha identificado a la expansión agrícola y ganadera como una de las principales causas de deforestación y degradación de los bosques en varios países del mundo. En el caso de la agricultura, se trata de un factor de deforestación a dos puntas: directo e indirecto.

La agricultura o plantación comercial suele ser un negocio agrícola practicado por empresas. A través de un acuerdo de concesión, de la compra de la tierra o de una ocupación informal de la misma, las empresas toman posesión de la tierra con la intención de convertirla a otros usos. En el caso de las zonas tropicales, esta posesión se extiende a los bosques, que son convertidos para la siembra de cultivos comerciales como el azúcar, la palma aceitera, el caucho, el café, el cacao y las frutas tropicales (bananas, cítricos, etc.). En este caso se produce una deforestación directa por parte de las empresas para convertir a los bosques en zonas agrícolas. La superficie de plantaciones de palma aceitera en Indonesia, por ejemplo, ha aumentado de manera extraordinaria en los últimos años, a expensas de los bosques y de los barbechos de matorrales que crecen luego de la agricultura de roza y quema. La experiencia de Indonesia con el aceite de palma se ha repetido en muchos otros países tropicales en los últimos años.

Pero la agricultura comercial también produce una deforestación indirecta en la medida que las fincas comerciales ocupan las tierras más fértiles y mejor ubicadas de los valles, desplazando a la creciente población rural que depende de la agricultura para su subsistencia. Sin acceso a las tierras de vocación agrícola de su área inmediata, y en general en el marco de una situación de desempleo, los pequeños agricultores son expulsados y deben emigrar, muchas veces a tierras menos fértiles y productivas o a zonas de bosque. En la década del setenta, las cooperativas de palma aceitera que se instalaron en los valles de la costa norte de Honduras implicaron el desplazamiento de miles de pequeños agricultores y criadores de ganado hacia las empinadas laderas boscosas y los terrenos de aluvión, que deforestaron para instalar sus fincas y campos de pastoreo. Lo trágico es que la mayor parte de esas tierras no son aptas para la agricultura o el pastoreo a largo plazo pues una vez que la cubierta forestal ha sido eliminada, el área queda expuesta a la erosión y a la pérdida de minerales y nutrientes y el resultado es un suelo empobrecido. Es por eso que la agricultura de supervivencia practicada en el bosque tropical recurre al sistema migratorio de “roza y quema”, pues quemar la vegetación aporta nutrientes al suelo por un tiempo, si bien después se cambia de zona para dejar que el bosque se restablezca plenamente.

Además de los impactos ambientales negativos que son comunes a todas las formas de deforestación, la agricultura comercial trae aparejada una serie de problemas relacionados con el uso de productos químicos como fertilizantes, plaguicidas y herbicidas que inciden en el deterioro de la salud de los trabajadores y la contaminación de los cultivos, los suelos y las aguas subterráneas. En las plantaciones de banano, por ejemplo, los plaguicidas se utilizan en las plantas y en el suelo para matar los animales que son plaga para el cultivo. Pero también matan otros animales y deterioran la salud del ecosistema. Las plantaciones de banano también utilizan diques de riego y tubos subterráneos para el transporte de agua, alterando el equilibrio hidrológico de la tierra. Una vez que un cultivo producido en sistema intensivo en una zona de bosque es abandonado, puede pasar mucho tiempo, incluso siglos, antes de que el bosque pueda volver a crecer, si es que lo hace.

En un modelo similar al de la agricultura comercial, la ganadería se ha desarrollado como una producción de tipo industrial, centrada en una reducida diversidad genética, con destino a la exportación a los mercados de los países industrializados, para la producción de hamburguesas en las cadenas de comida rápida y de productos cárnicos congelados. La expansión de la cría de ganado ha sido promovida también por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, así como por incentivos fiscales y ha estado íntimamente vinculada a la concentración de la tierra. Los hacendados ocupan grandes extensiones de zonas de bosque y ellos mismos los talan o bien compran las “mejoras” (áreas deforestadas) llevadas a cabo por los pequeños agricultores. En el pasado, los ganaderos prefirieron las tierras de las zonas de bosque seco por la simplicidad de su manejo para la cría de ganado y pastizales, pero posteriormente se produjo la tala intensiva del bosque tropical húmedo, tanto en América del Sur como en América Central.

La destrucción ecológica causada por los programas ganaderos es de largo plazo y a menudo irreversible. Se agotan rápidamente los nutrientes de la tierra, que además es invadida por malezas tóxicas. En pocos años la tierra está tan degradada que debe ser abandonada.

Artículo basado en información obtenida de: “A Brief History of Agriculture”, http://www.planetaorganico.com.br/enhistor.htm ; “Asuntos forestales. Deforestación: Bosques Tropicales en Disminución”, http://www.rcfa-cfan.org/spanish/s.issues.12-5.html ; Throwing a Monkey Wrench into the Industrial Farm Machine”, Eco-Logical, http://www.grinningplanet.com/2004/04-06/industrial-agriculture-1-article.htm ; “Saving What Remains”, http://www.mongabay.com/1002.htm ; “Rainforest Destruction. Causes, Effects & False Solutions”, World Rainforest Movement, 1999.