Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Liberia: en el centro de todo está la comunidad indígena

Liberia alberga los dos últimos relictos significativos de selva tropical cerrada en los Bosques de Guinea del Africa Occidental, que se extienden a lo largo de Ghana, Costa de Marfil, Liberia, Guinea y Sierra Leone. Se estima que la superficie original de selva en la región alcanzó los 727.900 kilómetros cuadrados. Pero la misma cayó a 92.797 km2, lo que es apenas el 12,7% del total. Los bosques de Liberia representan el 44,5% de esa área remanente y los de Costa de Marfil el 29,1%.

Los bosques de Liberia son de incalculable valor para la subregión, dado el pobre estado de los fragmentos de bosque que quedan en toda la zona húmeda del oeste de Africa. En esta selva habitan numerosas especies endémicas y muchas otras que están virtualmente extinguidas en la región. La misma alberga cientos de especies de aves, nueve de las cuales –incluyendo la gallina de Guinea (Agelastes meagridis)- están en peligro, así como gran cantidad de fauna y flora endémica, siendo un hábitat de características únicas para algunas de las especies raras del mundo. El hipopótamo pigmeo (Cherosis liberensisis), la mangosta liberiana (Liberictis kuhnii), varias decenas de reptiles, entre los que hay tres tipos de cocodrilos y por lo menos ocho serpientes venenosas, viven en los bosques de Liberia. Si bien recientemente no se han hecho relevamientos, se estima que existen en dichas selvas más de dos mil especies de plantas con flor, 240 de las cuales se cuentan entre las especies madereras de más valor, al igual que centenares de plantas de uso medicinal. La flora y la fauna de la región es destacada y la conservación de su biodiversidad es reconocida como una prioridad a nivel mundial.

El país se está recuperando de una cruenta guerra civil que dejó su economía y buena parte de su infraestructura en ruinas. La tasa de desempleo es elevada y más del 75% de la población vive en la más absoluta pobreza. La deuda externa de Liberia asciende a unos U$S 3.000 millones y el país no ha recibido prácticamente ayuda internacional desde 1997, cuando la guerra terminó. Funcionarios corruptos dilapidan la mayor parte de la pequeña ayuda financiera que llega. Entonces el gobierno ha centrado su atención en los bosques, que hoy en día es la segunda fuente de divisas, luego de las actividades marítimas.

La presión sobre los bosques liberianos se ha intensificado en los últimos años, en primer lugar debido a un resurgimiento de las actividades de madereo. Si bien existen factores mitigantes del problema de la deforestación, la corta y la expansión de la agricultura representan una grave amenaza para nuestros bosques. Casi todas las tierras boscosas del país, incluyendo zonas previamente designadas como parques nacionales o reservas forestales, han sido otorgadas en concesión a empresas madereras que operan prácticamente sin ningún control por parte de las autoridades forestales. La corta de madera ha tomado tal proporción que aproximadamente el 60% de los bosques del país están hoy en día severamente degradados. Por otra parte la biodiversidad se encuentra en peligro dado que la deforestación de hecho ha fragmentado los dos bloques de bosques húmedos remanentes, lo que implica un riesgo mayor para su integridad ecológica.

La pérdida de los bosques está provocando un serio daño a la naturaleza. Con la disminución de la cobertura forestal las poblaciones de animales están decayendo notoriamente. El hipopótamo pigmeo, el elefante, el leopardo, etc. están prácticamente extinguidos. Los muy poco frecuentes avistamientos de los que informan los aldeanos son con frecuencia difíciles de confirmar ya que las poblaciones sobrevivientes parecen estar siempre en movimiento, en búsqueda de la protección ofrecida por los bosques densos.

Pero no sólo la extracción de madera y las prácticas de cosecha están perturbando los bosques. Las rutas construídas por las madereras en lo que alguna vez fueron remotas zonas de selva favorece el ingreso de cazadores, lo que expone a las especies en peligro a un riesgo todavía mayor. La comercialización de carne de animales silvestres es muy intensa, con todas las consecuencias negativas que ello trae aparejado para la biodiversidad del país.

No sólo las madereras son responsables de la destrucción de nuestras selvas. Los consumidores del Norte, en especial los europeos, son tan culpables como las propias empresas. Son ellos quienes dan el dinero y ofrecen el mercado que mantiene con vida el comercio de la madera en Liberia. En 1999 Europa, tradicional importador de madera de ese país, importó 155.559.639 metros cúbicos de rollizos, volumen que representa cerca del 82% de las exportaciones de Liberia en el rubro. El país de mayor consumo fue Francia, con el 37%, seguido por Italia, con el 19% y Turquía con el 15%. El puerto francés de Bordeaux es el destino de los mayores volúmenes de madera proveniente de los bosques de Liberia. También España y Portugal importaron madera desde Liberia en ese período.

En los primeros seis meses del 2000 se registró un fuerte crecimiento de la producción de rollizos. Los 679.352.376 m3 registrados por el Departamento Forestal para ese período excedieron por lejos los 596.355.116 m3 producidos entre enero de 1996 y diciembre de 1999. En ese período el 49,4% de la producción tuvo como destino el mercado asiático, en tanto 38,4% se dirigió a Europa. Solamente Francia importó el 17,9% de la madera rolliza y el 51,4% de las tablas provenientes de Liberia.

Actualmente se cosechan en Liberia alrededor de 60 especies de árboles nativos. De ellas diez conforman el 65,4% del total de las exportaciones. El “ekki” (Lophira alata), conocido a nivel local como “ironwood” tiene una madera muy usada para la fabricación de puentes y casas por parte de la población rural. La misma fue muy explotada y hoy en día representa el 20% de la producción maderera total. Segunda en orden es el “niangon” (Heritiera utilis), con el 13%, y tercera la “abura” (Mitragyna ciliata) con el 7%.

Puede afirmarse que el pionero de la deforestación en Liberia es el Banco Mundial, situación de la que el propio Banco todavía no ha reconocido. Durante la década de 1970 y principios de los ’80 el Banco financió proyectos agrícolas para cacao, café y oleaginosas que poco hicieron para aliviar la pobreza en el país, pero mucho para destruir vastas áreas de selva tropical que hasta entonces estaban intactas. Uno de ellos – Bong County Agricultural Development Project- promovió un drástico cambio del uso del suelo de cultivos de subsistencia a cultivos de exportación, minando de ese modo las directivas del gobierno orientadas a la autosuficiencia en materia de producción de alimentos.

Nuevamente en 1999 la Corporación Financiera Internacional (IFC) –rama del sector privado del Banco Mundial- otorgó a Liberian Agricultural Company (LAC) un préstamo por U$S 3.500.000 para mejorar y expandir sus plantaciones de caucho. A pesar de las protestas de los ambientalistas, se tumbaron vastas extensiones de bosque primario y secundario para instalar las plantaciones. El Banco arguyó que el área destinada a la expansión de la plantación era de bosque degradado, por lo tanto no comprendida dentro de la política del organismo que prohibe la inversión en proyectos que lleven a la destrucción de bosques primarios. Tal vez el Banco eligió ignorar o de hecho ignora el hecho que cuando las empresas abandonan las plantaciones debido al bajo rendimiento u otros factores, los predios son invadidos para la explotación de carbón. Entonces se tiran los árboles de caucho y se los quema para obtener carbón, dejando tras de sí cientos de hectáreas de campo vacío y tierras degradadas.

El bosque es capital para la vida de las comunidades indígenas pues la gente depende de ellos para obtener sus medios de vida. El bosque les ofrece un ambiente protegido para sus prácticas culturales y religiosas, incluyendo santuarios, escuelas tradicionales en el bosque, protección para los cursos de agua, hierbas medicinales, frutos para la recolección, etc. Asimismo ofrece los medios para el auto-empleo y fuente de ingresos a través de la comercialización de objetos de arte popular, que representan más del 40% de sus entradas.

Conocedores de la necesidad de una utilización sustentable de los bosques, los pueblos indígenas han practicado durante siglos la conservación de la naturaleza. La caza y la recolección en algunos de los bosques densos están prohibidas, al tiempo que la pesca está restringida a algunos tramos del río. La pesca individual en cursos de propiedad comunitaria fue desestimulada y el pescado se obtenía sólo una vez al año, durante la estación seca. La corta de árboles de valor cultural o espiritual es considerada un tabú. Asimismo la caza de algunos animales, como el leopardo y el tigre, estaba estrictamente prohibida.

La pérdida de los bosque no sólo ha limitado la habilidad de los pueblos autóctonos para alimentarse a si mismos y la posibilidad de llevar una vida saludable, sino que también ha minado fuertemente la autoridad de sus estructuras sociales. La tradicional escuela del bosque que albergaban los bosques está desapareciendo. Sociedades como los Poro y los Sande que habitaban tradicionalmente en el interior de la selva densa han prácticamente desaparecido. Estas instituciones promovían la unidad y el amor entre los miembros de la comunidad, establecían una disciplina para los jóvenes, aseguraban la estricta adhesión a principios morales establecidos por la sociedad y permitían el cumplimiento de la ley y la resolución de conflictos. Todas ellas situaciones que están provocando desesperación y aprehensión a nivel de nuestras propias sociedades.

Hacia dónde vamos de aquí en más no da lugar a especulaciones. Es imperativo encontrar alternativas ante la realidad del peligro que se cierne.

Por: Silas Siankor, SAMFU Foundation, 18/3/2001.