Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Manejo Comunitario de Bosques: una alternativa viable y necesaria

Diez años después de la Cumbre de la Tierra, la deforestación sigue avanzando en la mayor parte de los países del mundo y en particular en las regiones tropicales. En nuestros sucesivos boletines hemos registrado abundantemente casos y procesos de destrucción, detrás de los cuales es posible percibir, de una u otra forma, la mano del Norte.

Si bien este es el modelo predominante y avanza con toda la fuerza de la globalización y los mecanismos de poder de los que ésta dispone (léase instituciones financieras multilaterales, Organización Mundial de Comercio, condicionamientos crediticios, etc.), también hay otro u otros modelos diferentes. Se trata de los sistemas que los pueblos indígenas y comunidades locales que viven en y del bosque han desarrollado durante cientos o miles de años. Estas sociedades presentan una rica tradición de manejo del bosque en función de parámetros totalmente diferentes al modelo predominante, con base en la comunidad y con un objetivo de conservación. Han sido custodios ancestrales de ese ecosistema por ser éste parte intrínseca de su forma de vida, e indudablemente se convirtieron en un obstáculo para las fuerzas económicas que pretenden destruirlo siguiendo su ecuación de ganancia. Es por eso que han intentado silenciarlas y quitarles visibilidad.

Durante muchos años, la política forestal se apoyó en la noción de que los usuarios locales de los bosques eran ignorantes y destructivos. Las autoridades estatales en las capitales, encargadas de formular las políticas, desmerecieron los conocimientos y capacidades de los pueblos indígenas y comunidades locales, pasando por alto lo obvio: que nadie más que ellos tenían interés en manejar sustentablemente los bosques, por ser su fuente de vida y que nadie conocía mejor que ellos el funcionamiento y el manejo del bosque.

Es así que los supuestos expertos metieron en la misma bolsa a las prácticas indígenas de manejo del bosque que implicaban un sistema sustentable de rotación, con la de colonos-agricultores empujados por políticas gubernamentales a las áreas tropicales (para quienes el bosque era más obstáculo que recurso), acusándolos a todos por igual de ser los principales agentes de la degradación de los bosques.

Esa visión interesada prevaleció durante mucho tiempo, pero en años recientes las comunidades del bosque han iniciado un proceso de fortalecimiento, dando a conocer sus posiciones, creando alianzas locales, regionales, nacionales e internacionales, vinculándose con otros sectores de la sociedad civil afines a sus posiciones, reclamando el respeto de sus derechos, dialogando, defendiendo sus territorios, expresándose en los foros internacionales.

Y en estos momentos, en que los impactos económicos, sociales y ambientales del modelo industrial y desarrollista se revelan como pruebas más que suficientes de su insustentabilidad, en que se siente en dimensiones trágicas y duele la pérdida del antiguo vínculo armónico entre el ser humano y la naturaleza que hasta ahora permitió la vida de nuestra especie en la Tierra, se hace imperioso un cambio que implique un retorno al origen, un “religarse”. Y es en ese sentido, a contracorriente del poder, que los sistemas de manejo comunitario de los recursos naturales vuelven a hacerse visibles y resurgen con la fuerza de una alternativa a seguir.

En 1978, en ocasión del Congreso Forestal Mundial “Bosques para la Gente” (Forests for People), ya se empezó a manifestar un cambio gradual de perspectivas. El concepto de manejo comunitario de bosques comenzó a ganar aceptación a escala internacional, en la medida en que se empezó a reconocer que quienes más saben del bosque son quienes viven de él.

A partir de casos exitosos y del análisis de otros que no lo han sido tanto, se ha ido conformando un movimiento, tanto a nivel nacional como internacional, que agrupa a quienes buscan promover el manejo comunitario de bosques. A nivel de procesos internacionales –y en particular de la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sustentable (CMDS)– esta corriente se ha materializado en el Caucus de Manejo Comunitario de Bosques, que en junio se reunió en Bali, Indonesia, paralelamente a la última reunión preparatoria de la CMDS. Quienes participan en el Caucus –entre los que se encuentra el WRM– nos hemos comprometido a promover activamente el manejo comunitario de bosques como alternativa tanto viable como social y ambientalmente deseable a ser incorporada por la CMDS como solución frente a la crisis de los bosques.

Más allá de definiciones técnicas más o menos elaboradas, el propio nombre de “manejo comunitario de bosques” de por sí ya expresa en forma bastante precisa sus características, pese a lo cual puede resultar útil identificar al menos las premisas mínimas para que pueda ser considerado como tal.

En primer lugar, el régimen de manejo comunitario del bosque busca garantizar el acceso y control sobre los recursos del bosque a las comunidades que lo habitan, pero principalmente a las que dependen de él para satisfacer sus necesidades económicas, sociales, culturales y espirituales. El manejo del bosque debe tener como objetivo ofrecer seguridad no solo a la generación presente sino a las que vendrán, así como a aumentar la posibilidad de su sustentabilidad. Se apoya entonces en tres principios:

– los derechos y responsabilidades sobre los recursos del bosque deben ser claros, seguros y permanentes,
– los bosques deben ser manejados de manera adecuada para que provean de beneficios y valor agregado;
– los recursos del bosque deben ser traspasados en buenas condiciones para asegurar su viabilidad futura.

En términos generales, el concepto incorpora elementos definitorios básicos que no pretenden referirse a un modelo único sino a una diversidad de ellos. Cada uno tendrá características especiales propias, resultado de la cultura y las características ambientales del lugar, pero todas en torno a un marco conceptual que trasciende lo meramente técnico.

Dicho marco conceptual incluye una visión holística del mundo que abarca factores ecológicos, sociales, políticos, económicos, morales y espirituales. Sus valores morales se basan en la armonía y no en el conflicto; los valores sociales se traducen en vínculos basados en la cooperación y la asociación entre grupos comunitarios; los valores ecológicos buscan integrar a la gente y su ambiente con la economía a escala local a través de la adopción de un enfoque multifuncional y multiproducto. En este marco, la economía busca la reducción de la pobreza, la equidad y la autosuficiencia, y la integración social apunta a promover el desarrollo local basado en las comunidades. Por otro lado, la democracia en las decisiones sobre los recursos locales implica que las medidas deben ser adoptadas por la propia comunidad, en las formas que ella se dé. A su vez, la espiritualidad y la cultura forman parte integral de las comunidades del bosque, que lo consideran hogar de sus ancestros, de espíritus y dioses sagrados, lo que les da a sus ojos una dimensión mucho más amplia que la de mera mercancía.

Es importante señalar que lo anterior no es un planteo teórico, sino una descripción de situaciones reales que existen a lo largo y ancho de todos los continentes. El manejo comunitario de bosques existe y se vuelve cada vez más visible, a pesar de la oposición o el insuficiente apoyo que recibe de parte de los gobiernos y de los organismos internacionales.

En ese marco, la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible en Johannesburgo ofrecerá una buena oportunidad para difundir este enfoque como alternativa al modelo destructivo predominante. El Caucus de Manejo Comunitario de Bosques está trabajando para sumar fuerzas y tratar de influenciar a los gobiernos como forma de incidir en la redacción de los textos de los acuerdos internacionales, identificar estrategias y mecanismos para crear un movimiento mundial que trascienda las reuniones cumbre, establecer vinculaciones con otros grupos afines, aprovechar la presencia de los medios de difusión para llegar a la opinión pública y poder crear consciencia.

Los gobiernos tienen en Johannesburgo la posibilidad de tomar como referente el sistema de manejo comunitario de bosques e intentar un giro en la política forestal predominante. Que tomen en cuenta o no estas sugerencias revelará el grado de compromiso que tienen con la conservación de los bosques.

Artículo basado en información obtenida de: “Forests, People and Rights”, escrito por Liz Chidley, editado por Carolyn Marr. Down to Earth, International Campaign for Ecological Justice in Indonesia, Informe Especial de junio de 2002, http://dte.gn.apc.org/srfin.htm ; “When there’s a Way, there’s a Will”, Report 1: Developing Sustainability through the Community Ecosystem Trust, by Michael M’Gonigle, Brian Egan, Lisa Ambus, y Heather Mahony, David Boyd, Bryan Evans, Eco-Research Chair of Environmental Law and Policy, University of Victoria, Canada, and the International Network of Forests and Communities, julio de 2001, http://www.forestsandcommunities.org/PDF/CET%20Flyer.pdf