Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Nigeria: las devastadoras llamas de las cocinas a carbón de Abacha y los bosques comunales

La inestabilidad política que sufrió Nigeria durante el régimen de Abacha en 1993/94 –secuela de la anulación de las elecciones presidenciales del 12 de junio de 1992 ganadas por el difunto magnate comercial Jefe M.K.O. Abiola– creó una gran escasez de kerosene que afectó seriamente distintas partes del país y dio lugar a la invención de las “Cocinas a carbón de Abacha” –una cocina de realización casera que utiliza carbón de leña.

Con los años, la tecnología de las cocinas a carbón de Abacha se impuso ampliamente y su uso se generalizó rápidamente debido a incesantes aumentos de los precios del kerosene y el gas doméstico. En Nigeria, el precio oficial del litro de kerosene aumentó más de 200% en la última década y actualmente se vende a un precio no oficial que es casi un 100% más que el precio oficial actual de aproximadamente US$ 0,5. Esta situación ha dado ímpetus al comercio del carbón de leña en distintas partes del país y ahora son los bosques comunales los que lo sufren.

El negocio del carbón de leña, que es prácticamente la actividad comercial más pujante de la zona Oke Ogun, en el Estado de Oyo –donde se localiza el Antiguo Parque Nacional de Oyo– se ha extendido a distintas partes de los Estados de Kwara, Lagos y Ogun.

En Saki –una antigua ciudad y la mayor de la zona de Oke Ogun– no hay calle en que no se vea a un gran comerciante auspiciado por casas mayoristas y de venta al público, incluso de Estados vecinos. El negocio se está organizando de tal manera que hay asociaciones de distintos accionistas. Actualmente hay fuertes indicios de que los comerciantes han comenzado a exportar carbón, ya que llegan a Saki remolques con contenedores para transportar carbón a Lagos, que es un Estado costero. No hay dudas de que esto significaría mayor desastre aún para los bosques de la zona.

A diferencia de los casos de expropiación de tierras de los Twa en Ruanda, los Ogiek en Kenia, los Batwa en Uganda, los Amerindios en Guayana y los Suramaka en Suriname, este es un caso patético en que la gente, empujada por las penurias económicas orquestadas por administraciones insensibles, destruye sus bosques a un ritmo alarmante y sin precedentes.

Los impactos, que atraviesan esferas económicas, sociales y ambientales, son bastante grandes y devastadores. Los bosques primarios prácticamente han desaparecido y ahora la atención de los productores se dirige a especies antes menos preferidas, incluso exóticas. Los precios de los productos derivados de la madera han aumentado enormemente en la última década debido a la escasez de madera. Se siente la merma de la producción de alimentos en la medida que la gente ha abandonado la agricultura por el negocio más lucrativo del carbón de leña. El ambiente se está contaminando seriamente y ha habido algunos casos de enfrentamiento debido a la invasión ilegal de los bosques de otras comunidades para cortar leña para la producción de carbón.

Para empeorar las cosas, los respectivos gobiernos no han realizado ni realizan esfuerzos concertados para desincentivar o poner freno a esta tendencia. No hay campañas serias de concientización para educar y sensibilizar a la población, especialmente sobre las consecuencias ambientales del negocio del carbón. Si bien no hay una legislación disuasiva del negocio del carbón en los Estados afectados, el Estado de Kwara –probablemente debido a su frágil vegetación de sabana– anunció alguna vez una moratoria al uso de carbón. No obstante, la medida no llegó a ser puesta en práctica. La gente insiste en que el gobierno debería mostrar seriedad de su parte, reduciendo los precios del kerosene y el gas doméstico.

Como resultado de la rápida propagación de la tecnología de estas cocinas y los consiguientes impactos en el ambiente, es imperioso que intervengan los gobiernos (federal, estatal y local) y las organizaciones no gubernamentales (ONGs). Los gobiernos deberían presentar una legislación apropiada para detener el uso de las cocinas a carbón de Abacha y el negocio del carbón. Para que esa legislación funcione, los gobiernos deberían proporcionar a los hogares y otros usuarios de estas cocinas, otras a kerosene y facultarlos a que las utilicen. También deberían ofrecer otros medios de vida a quienes dependen del negocio del carbón, especialmente los habitantes de los bosques que producen o venden sus árboles a los productores. Y lo que es más importante, habría que recuperar los bosques degradados. ¡Es necesario actuar ya! Hay que apagar las devastadoras llamas de las cocinas a carbón de Abacha para salvar los bosques comunales.

Por: Chima, Uzoma Darlington, Indigenous Peoples Rights Crusaders, email: punditzum@yahoo.ca