Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Nigeria: pobreza, oleoductos y muerte

Culpar a las víctimas es una práctica difundida en muchos lugares. En el caso de Nigeria dicha práctica puede ser tan sólo definida como criminal. El 11 de julio ppdo. más de 200 aldeanos de Adeje murieron debido a la explosión de un oleoducto. Muchos otros sufrieron heridas graves. Los medios de prensa informaron que “las víctimas eran aldeanos que estaban extrayendo gasolina del ducto, que lleva productos derivados del petróleo desde Warri al norte de Nigeria y fue perforado por ladrones el sábado de noche”. De manera que éstos eran ladrones en tanto los que perforaron el ducto eran “vándalos”. Tan fácil como eso. Se acabó la historia. Para el gobierno, “varias vidas” se perdieron y se destruyó “un oleoducto de vital importancia”.

Cualquier periodista más o menos responsable se hubiera preguntado porqué la gente está “vandalizando” los oleoductos y porqué está “robando” gasolina. Lo que es peor: la noticia contiene la necesaria información como para llegar a las obvias conclusiones. Pero las conclusiones no están allí. La culpa es de las víctimas.

Señala Associated Press que Nigeria es “el sexto exportador de petróleo del mundo y abastece en una doceava parte el petróleo importado por EE. UU. Las ventas de crudo representan más del 80% de los ingresos del gobierno”. La misma agencia informa que “algunos casos de sabotaje se deben a activistas que tratan de forzar al gobierno y a las petroleras para que compensen a las comunidades por el uso del suelo y por la aducida contaminación. En otros casos los lugareños perforan el ducto para recoger combustible y hacer una mezcla de petróleo y gasolina para generadores baratos y otros motores”.

De dicha información surge entonces que las comunidades locales no fueron compensadas por la pérdida de sus tierras, que su ambiente fue contaminado y que nada de la riqueza generada por el petróleo ha “goteado” a las comunidades locales. La gente no anda por ahí destrozando oleoductos por mero placer -cerca de 500 casos de vandalismo fueron reportados en 1999- ni junta gasolina para venderla en las calles como si fuera un hobby. Lo primero se hace por rabia y frustración y lo segundo por mera necesidad. La propia Associated Press establece el vínculo existente entre esos temas al señalar que “el sabotaje de oleoductos es algo común en la empobrecida Nigeria”. Un funcionario de la empresa estatal Nigerian National Petroleum Corporation se acercó más a un planteo honesto cuando -requiriendo permanecer en el anonimato- dijo que el vandalismo en perjuicio de los oleoductos estaba “creciendo vertiginosamente” en la región, agregando: “La cuestión no es sólo el sabotaje. Se trata simplemente de robar combustible para sobrevivir”.

Una declaración del gobierno, firmada por el Ministro de Información Jerry Gana, manifiesta que Nigeria ha gastado “gran cantidad de recursos” para educar a la población acerca de la necesidad de “proteger las instalaciones y los oleoductos a fin de evitar la ocurrencia de trágicos accidentes que siempre han resultado en pérdida de vidas y daño a la propiedad”. De modo que la conclusión oficial es que ¡la gente sigue siendo ignorante a pesar de las actividades educativas del gobierno!

Pero la gente no es ignorante. Necesita sobrevivir. Tiene necesidad de un ambiente sano en el que vivir. Y eso es lo que de diferentes modos está tratando de hacer. La culpa de esta tragedia no es de la gente. Es de la avaricia de las empresas petroleras -ninguna de la cuales fue mencionada en las noticias- y de la falta de voluntad del gobierno para proteger a su propio pueblo y su ambiente.

Artículo basado en información obtenida de: “At least 100 killed in Nigerian oil pipeline explosion”, July 11, 2000.