Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Palma aceitera y soja: dos cultivos comerciales paradigmáticos de la deforestación

La deforestación de los bosques tropicales ha tenido lugar a razón de 10-16 millones de hectáreas por año durante las dos últimas décadas, y no da señales de disminuir. Ya ha desaparecido el 16% de la totalidad de la selva Amazónica y cada día se pierden otras 7.000 hectáreas de bosque –una superficie de 10 por 7 kilómetros. Las causas son complejas y a menudo están interrelacionadas, pero entre ellas juega un papel la agricultura comercial en gran escala.

En años recientes, entre los cultivos de más rápida expansión en los trópicos han figurado la palma aceitera y la soja, plantados principalmente como monocultivos en gran escala destinados a la exportación. A nivel mundial, el área de palma aceitera aumentó en un 43% (10,7 millones de hectáreas) y el área de soja en un 26% (77,1 millones de hectáreas) durante el período 1990-2002. Las políticas gubernamentales han facilitado esta expansión que ha ocurrido principalmente en Indonesia y Malasia (en el caso de la palma aceitera), y en Argentina, EE.UU. y Brasil (en el caso de la soja). En Brasil, en 1940 había sólo 704 hectáreas de plantaciones de soja, cifra que para el año 2003 aumentó a 18 millones de hectáreas.

El impacto más directo de este proceso ha sido la deforestación de aproximadamente 2 millones de hectáreas de bosque tropical en el caso de Indonesia ya en 1999, y la pérdida de vastas áreas de bosques en la región centro-oeste de Brasil para dar lugar a las plantaciones de palma aceitera y soja. Los plaguicidas y herbicidas inherentes a estos monocultivos terminan de exterminar los últimos vestigios de biodiversidad capaz de coexistir con las plantaciones, y disminuyen significativamente la posibilidad de restauración del hábitat. En Indonesia y Brasil, las compañías de palma aceitera y soja han estado relacionadas con incendios devastadores en los bosques, que sólo entre 1997 y 1998 destruyeron más de 11,7 millones de hectáreas de bosque y otros tipos de vegetación en Indonesia, y 3,3 millones de hectáreas de bosque y otros tipos de vegetación en el estado de Roraima, en el norte amazónico de Brasil.

La soja es un cultivo muy apropiado para una producción basada en el uso intensivo de capital y en la siembra a gran escala. Los principales productos derivados de la soja son la harina de soja (la principal harina oleaginosa del mundo para ración animal) y el aceite de soja (el aceite vegetal de mayor consumo mundial). Sólo una pequeña parte de la cosecha mundial es procesada como porotos de soja enteros para consumo humano, principalmente en Asia. La producción de soja se ha desarrollado al impulso de una creciente demanda de ración para ganado en Europa, aunque últimamente también como consecuencia del crecimiento del mercado chino para la producción de aceite.

Brasil es el segundo productor mundial (50 millones de toneladas o 26% de la producción en 2003), detrás de los EE.UU. (38%). Argentina, Paraguay y Bolivia tienen una participación en el mercado del 18%, 2% y 1% respectivamente. Otros grandes productores son China e India (8% y 2% respectivamente).

La soja tradicionalmente se cultiva en las regiones templadas y subtropicales de todo el mundo, pero ahora se está expandiendo hacia regiones tropicales. La región amazónica está siendo directamente afectada, ya que se han desarrollado nuevas variedades tropicales de soja de alto rendimiento específicamente para la expansión del cultivo en esta región. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil, la tasa de pérdida anual de bosques en la Amazonia aumentó en un 40% en el año 2002, principalmente como resultado de la presión para reemplazar zonas de bosque por cultivos de soja y producción de ganado.

Argentina adoptó la producción de soja transgénica. Se calcula que hasta 2003 la expansión del área plantada con soja se produjo a expensas de otros cultivos agrícolas; hoy, en cambio, el 75% del aumento del área de plantaciones de soja tiene lugar en las partes húmedas de la región del Chaco y el restante 25% en la Mata Atlántica de la Provincia de Misiones.

En Bolivia, la soja se expandirá a expensas de zonas del Bosque (seco) Chiquitano, mientras que en Paraguay lo hará a costa de la Mata Atlántica. Aunque en Paraguay la soja transgénica es formalmente ilegal o está severamente restringida, está siendo plantada igualmente en forma creciente, un proceso que también ha ocurrido en el sur de Brasil.

El comercio y la molienda de soja en los cuatro países sojeros de América del Sur son dominados por un reducido número de grandes compañías internacionales que manejan el comercio exterior de productos básicos: Archer Daniels Midland (ADM), Bunge, Cargill (las tres con base en los EE.UU. y con el control del 80% de la industria de molienda de soja en Europa), y Louis Dreyfus, de Francia. Aunque estas compañías habitualmente no invierten en el cultivo de soja como tal, su influencia en la expansión del sector es muy importante. Los plantadores de soja a veces dependen de estas compañías de comercio exterior para obtener semillas, créditos y otros insumos.

Los accionistas financieros de las cuatro compañías de comercio y molienda antes mencionadas son ABN AMRO Bank (Países Bajos), Bank of America (EE.UU.), BNP Paribas (Francia), Citigroup (EE.UU.), Commerzbank (Alemania), Crédit Agricole (Francia), Crédit Lyonnais (Francia), Crédit Suisse (Suiza), Deutsche Bank (Alemania), HSBC Bank (Reino Unido), ING Bank (Países Bajos), IntesaBci (Italia), J.P. Morgan Chase & Co (EE.UU.), Rabobank (Países Bajos), Société Générale (Francia).

La palma aceitera es originaria de África Central, donde su cultivo como producto básico es central para el sustento de millones de pequeños agricultores. Pero en cualquier otra parte del mundo se ha transformado en un gran negocio, y es cultivada principalmente en plantaciones de gran escala. El aceite de palma es un aceite vegetal derivado de la palma aceitera. Su consumo a nivel mundial es segundo entre los aceites comestibles (detrás del de soja), y tiene una gran variedad de usos –desde champú a papas fritas, pasando por comidas congeladas y cosméticos.

Las plantaciones comerciales de palma aceitera se han expandido a través de los trópicos, teniendo mayor presencia en el sureste de Asia, particularmente Malasia, Indonesia y Papúa Nueva Guinea, donde constituyen la causa principal de destrucción de los bosques tropicales. Los índices de la industria muestran que casi la mitad (48 por ciento) de las plantaciones del sureste de Asia se han establecido en tierras de algún tipo de bosque primario o secundario. El uso del fuego para despejar las zonas de plantación también fue una de las causas principales de los incendios que en 1997 devastaron los bosques indonesios y dejaron una nube de smog devastadora sobre toda la región.

Las plantaciones de palma aceitera también han provocado un enorme sufrimiento humano y la destrucción de bosques de los que dependen las comunidades. En Indonesia, las plantaciones de palma aceitera están asociadas con el desalojo de pueblos de los bosques de sus territorios. Existe un desequilibrio de poder entre estas comunidades –que no tienen ningún derecho formal sobre sus tierras tradicionales– y las compañías a las que el Gobierno otorga la libertad de convertir los bosques en plantaciones (ver “El amargo fruto de la palma aceitera”, en http://www.wrm.org.uy/plantaciones/material/palma.html ).

De acuerdo con la FAO, la cobertura de bosque en Indonesia y Malasia disminuyó en 12 por ciento en la década de 1990. En el pasado, buena parte de la culpa de esta pérdida se atribuía a que las comunidades utilizaban la práctica denominada “de roza y quema” y a la explotación de los bosques por las compañías madereras para obtener madera para industria y para celulosa. El rol de las plantaciones de palma aceitera ha pasado relativamente desapercibido también porque las fuentes de la industria sostienen que sus operaciones involucran muy poca destrucción “directa” en los bosques ya que habitualmente las plantaciones de palma aceitera se ubican en áreas que ya han sido taladas previamente.

Ciertamente, gran parte de las tierras de bosque que se talan para dar lugar a las plantaciones de palma aceitera han sido cortadas previamente y pueden ser consideradas como “degradadas”, y por tanto “de poco valor”, por quienes no son de la zona. Sin embargo, esta conclusión no toma en cuenta que esos bosques “degradados” suelen proporcionar todavía hábitat para un conjunto de especies, que son destruidas cuando se sustituye el bosque por la palma aceitera. La investigación ha demostrado que las plantaciones de palma aceitera pueden sostener sólo entre 0-20% de las especies de mamíferos, reptiles y aves que habitan en los bosques tropicales primarios. Aquellas especies que son capaces de sobrevivir no pueden encontrar fuentes de alimento en el nuevo entorno de la plantación y frecuentemente entran en conflicto con los humanos en las plantaciones y sus alrededores. Durante un tiempo después de talada una zona de bosque, trabajadores y habitantes de poblaciones aledañas se encuentran con elefantes, orangutanes, tigres, puerco espines y jabalíes salvajes expulsados de su hábitat. Los resultados a menudo son graves y a veces fatales.

No debe subestimarse la importancia mundial de la destrucción de los bosques en términos de biodiversidad y cambio climático, pero son las comunidades locales las que inmediatamente sienten el impacto de su destrucción. Estas comunidades dependen de los bosques, cuyo manejo se realiza a menudo de acuerdo con las leyes tradicionales de la comunidad, para su subsistencia y el ingreso de dinero en efectivo, así como para la realización de sus prácticas culturales y religiosas. La deforestación trae aparejados cambios radicales en el estilo de vida de estas comunidades.

Las economías de escala requieren que una plantación de palma aceitera tenga por lo menos 4.000 hectáreas de superficie de forma de poder operar de manera factible un molino de aceite crudo de palma que procese racimos de fruta fresca de las grandes plantaciones. En el sudeste de Asia, cada empresa palmicultora maneja en promedio una superficie de 10.000 a 25.000 hectáreas. Estas compañías son mayoritariamente parte de holdings agrícolas, con grandes plantaciones cuya extensión varía entre 100.000 y 600.000 hectáreas en distintas provincias y países.

Además de Malasia, Indonesia y Papúa Nueva Guinea, hay proyectos de palma aceitera en muchos otros países, entre ellos Filipinas, Vietnam, Camboya, Tailandia, Birmania, India, Islas Salomón, Kenia, Tanzania, Congo, Camerún, Nigeria, Liberia, Guinea, Ghana, Costa de Marfil, Guyana, Brasil, Colombia, Ecuador, Nicaragua, Costa Rica y México.

Las preocupaciones sobre los impactos sociales y ambientales de las plantaciones de soja y palma aceitera hoy están acentuadas porque se prevé un mayor crecimiento en ambos cultivos en esos y otros países.

Artículo basado en información obtenida de: “Oil Palm and Soy: The Expanding Threat to Forests”, “Soy Expansion – Losing Forests to Fields”, WWF Forest Conversion Initiative, julio 2003, http://www.wwf.ch/images/progneut/upload/WWF_OIL_PALM_AND_SOI.pdf ; “Accommodating Growth: Two scenarios for soybean production growth”, Jan Maarten Dros, AIDEnvironment, noviembre 2003, http://www.wwf.ch/images/progneut/upload/1122_Soy_quick_scan_v6.pdf ; “Corporate actors in the South American soy production chain”, Jan Willem van Gelder, Jan Maarten Dros, noviembre 2002, http://www.wwf.ch/images/progneut/upload/South%20American%20soybean
%20actors%20WWF%20021126.pdf ; “Greasy palms – palm oil, the environment and big business”, marzo 2004, http://www.foe.co.uk/resource/reports/greasy_palms_summary.pdf ; “Greasy Palms – The social and ecological impacts of large-scale oil palm plantation development”, marzo 2004, http://www.foe.co.uk/resource/reports/greasy_palms_impacts.pdf