Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Papua Nueva Guinea: la lucha del pueblo indígena Maisin

Papua Nueva Guinea alberga todavía una de las mayores selvas tropicales del mundo, con altos niveles de biodiversidad. Junto a la política del gobierno respecto a los bosques -que los considera meras fuentes de madera rolliza de exportación- y su connivencia con poderosas compañías madereras (ver Boletín 22 del WRM), las actividades de las empresas madereras extranjeras constituyen una amenaza para estos ricos ecosistemas y para la gente que allí habita.

Teniendo en cuenta que los bosques constituyen el hogar de millones de indígenas, generalmente son ellos quienes deben enfrentar a los intrusos que, en nombre del “desarrollo” y normalmente con el apoyo implícito o explícito de las autoridades, tratan de quitarles sus tierras y recursos. A menudo a la tala de los bosques le sucede la instalación de monocultivos forestales. Este también es el caso de Papua Nueva Guinea.

El pueblo indígena Maisin actualmente está luchando por una selva localizada tierra adentro de la costa de una isla del Pacífico en la región oriental del archipiélago de Papua Nueva Guinea. Tradicionalmente los Maisin han practicado el aclareo de porciones de selva para sus cultivos y se han dedicado a la caza para obtener su dieta proteica. De la selva obtienen también materiales para la construcción, medicinas y agua dulce. “La selva es nuestro medio de vida. Es también la herencia que nuestros ancestros nos han legado” manifiesta Johan Wesley Vaso, uno de los líderes Maisin. Su oponente es una gran compañía malasia que sostiene poseer un contrato de arrendamiento y un permiso válidos para cortar los bosques en la zona y para establecer inmediatamente después una plantación de palma aceitera. La empresa sostiene que esta nueva actividad determinará la creación de muchos puestos de trabajo tanto en el madereo como en la plantación y el mantenimiento del cultivo de palma.

Empero, los habitantes de los bosques no creen en estas falsas promesas de desarrollo económico y bienestar. Ellos prefieren conservar en pie su selva y mantener su economía de pequeña escala, basada en la agricultura tradicional y la caza, y en la venta de nueces, sin perder el control de su tierra y sus medios de vida. Por otra parte, las empresas malasias son bien conocidas por su negativa performance en lo que respecta a los recursos forestales y a los pueblos indígenas que viven en el bosque, no sólo en su propio país -que es el mayor productor mundial de madera tropical- sino también en el extranjero. Su actividad depredatoria en la Amazonia brasileña es quizás el ejemplo más claro de ello.

Puesto que, de acuerdo con la Constitución del país los pueblos indígenas son legalmente dueños de sus territorios tradicionales, los Maisin han iniciado una acción legal contra dicha empresa. El juicio ha llegado a la Alta Corte de Papua Nueva Guinea y a través de él se ha logrado frenar las actividades de madereo. Si bien el resultado final del proceso puede demorar varios meses, en el transcurso de los cuales habrán de aparecer nuevas dificultades, considerando que los demandantes se han quedado prácticamente sin fondos para financiar los gastos del proceso legal, su exitosa acción ha sido considerada un ejemplo a ser imitado en el futuro por otros pueblos indígenas afectados por este tipo de abusos contra sus derechos ambientales y humanos.

Fuentes: Glenn R. Barry, 26/11/99,  World Rainforest Movement & Forest Monitor, High Stakes. The need to control transnational logging companies: a Malaysian case study, August 1998.