Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Puerto Rico: la poesía que salvó un bosque

Desde mucho antes de existir evidencia científica de la destrucción del ambiente ya los grandes artistas y poetas estaban señalando el fenómeno a través del ensayo, la canción y la poesía. En Puerto Rico autores como Enrique Laguerre, Abelardo Díaz Alfaro y Luis Llorens Torres denunciaron la destrucción de nuestros hermosos paisajes y valiosos recursos naturales a nombre del llamado progreso. Y también el célebre poeta Juan Antonio Corretjer observó con gran dolor el avance arrollador del concreto y el uso de químicos venenosos en la agricultura puertorriqueña.

En sus últimos años de vida terrenal solía entretenerse viajando a caballo por la ribera del río Encantado en el pueblo de Ciales. El río Encantado, a pesar de no ser muy conocido, es una de las grandes maravillas naturales de Puerto Rico. En su trayecto hay majestuosas cascadas y pozas que sirvieron de inspiración para varias de las más conocidas y celebradas obras de Corretjer.

En 1984, en uno de sus últimos recorridos a caballo por el río, el caficultor Tato Rodríguez le preguntó cómo veía la finca, a lo cual el poeta contestó “Está muy bonita, pero no hay sombra”. Efectivamente, habían arrasado los frondosos árboles y exuberante vegetación para sembrar un monocultivo de café, que mantenían productivo a fuerza de insecticidas y fertilizantes sintéticos.

Con el pasar de los años Don Tato y varios de sus colegas cogieron conciencia de lo dañina que es esa agricultura, descrita por algunos como “moderna”. “Las poblaciones de pájaros se redujeron debido a la deforestación y el uso de químicos. Desaparecieron después las mariposas y hasta vi morir lagartijos por los insecticidas. Eso me fue creando conciencia: si eso le pasa a ese animalito a mí también me tiene que estar haciendo daño”.

Usando la poesía de Corretjer en combinación con los más avanzados conceptos de agricultura ecológica y protección ambiental, Don Tato junto con compueblanos cialeños y ciudadanos de todo Puerto Rico establecieron el Bosque Corretjer. Se trata precisamente de la antigua finca cafetalera de Don Tato donde Corretjer solía montar a caballo. El Bosque, que ofrece a sus visitantes una vista espectacular de formaciones geológicas casi verticales, consiste de unas 160 cuerdas (aproximadamente 62 hectáreas).

El cafetal invadido por maleza es poco a poco reforestado y repoblado con árboles mencionados en la poesía de Corretjer, al igual que numerosas especies autóctonas. “Plantamos árboles frutales, maderables y leguminosos”, nos informó Don Tato. “Sembramos capá prieto, guaba, guamá, moca, caimito, maricao, cítricos, maga, teca, ausubo, cedro, palma real, moralón y carbonero”.

No es una simple plantación de árboles sino la creación de todo un ecosistema complejo, saludable y productivo, que provea empleos y alimentos y que sirva de recurso ecoturístico. Desde que han emprendido el proyecto de reforestación y desistido de usar químicos han vuelto al bosque los pájaros e insectos polinizadores que habían desaparecido. “Ya volvieron las abejas cantáreas, que hace tiempo no veíamos”, dijo Don Tato. “Los sanpedritos, que son como papagayos en miniatura y sólo viven en cuevas, se habían ido. Pero desde que dejamos de usar químicos están de regreso. Y también estamos oyendo de nuevo los múcaros por la noche”.

El Bosque es un proyecto primordialmente educativo. Desde el año pasado cientos de niños de escuelas de diferentes pueblos lo han visitado para sembrar árboles y aprender de la protección ambiental y de la poesía de Corretjer. Todos los árboles son sembrados por niños.

“Nosotros preparamos unos módulos educativos inspirados en Don Juan Antonio y el paisaje cialeño que lo motivó a escribir esos poemas”, explicó Marta Núñez, esposa de Don Tato. “Esto se hace con el aval de los superintendentes y los directores. Llevamos los módulos a las escuelas, los estudian niños entre kinder y quinto grado, y después los llevamos de excursión al Bosque para sembrar árboles”.

“Es hermoso ver nenes y nenas de primer grado con la ternura que siembran, esa mirada sana, limpia, que todavía no ha sido contaminada, y cómo ellos van tocando esas raíces”.

“Los niños siembran árboles y yo siembro guineo, que ayuda a controlar yerbajos y mejora el suelo”, dijo Don Tato. “Se les habla de los árboles y para qué sirve cada uno. Por ejemplo el capá prieto, se le explica qué es, cómo florece y para qué sirve su madera”.

Núñez enfatizó la importancia del componente cultural del Bosque. “Vamos recogiendo nuestro folclore que se va perdiendo y no se enseña en las escuelas. Tan hermosa es la experiencia que cuando los maestros se despiden nos dicen que ‘por favor, invítennos el año que viene”.

Por: Carmelo Ruiz Marrero, correo electrónico: carmelo_ruiz@yahoo.com , versión adaptada por el autor del artículo publicado en Claridad el 29 de noviembre de 2002.