Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

República Centroafricana: las compañías madereras destruyen las formas de sustento de los “Pigmeos”

Los bosques tropicales del parque nacional de Dzanga Sangha en la República Centroafricana están habitados por el pueblo indígena Ba’Aka, que cuenta con cerca de 20.000 miembros. Al igual que otros muchos pueblos llamados “Pigmeos” de países vecinos, los Ba’Aka han sido cazadores recolectores y han vivido en el corazón del bosque, donde desarrollaron todo un sistema de conocimientos sobre los recursos forestales locales.

Hasta que comenzaron las actividades de madereo, habían logrado resistir en cierta forma el acoso contra su hogar y formas de sustento que realizaban otros centroafricanos. Pero ahora la escala de las actividades depredadoras está amenazando su forma de vida centenaria. La empresa maderera Bayanga Wood Company se dedica a la tala de árboles seleccionados, pero para llegar a estos árboles se construye una red de carreteras que no sólo destruye el bosque sino que también permite la entrada de intrusos, principalmente de inmigrantes de Congo y Camerún que buscan empleo en la compañía. La pobreza y el desempleo llevan a muchos recién llegados a convertirse en cazadores furtivos, para abastecer el mercado de venta de animales con gorilas, elefantes, gacelas y antílopes.

Los intrusos del bosques generalmente cazan con pistola, método muy diferente de las prácticas de caza tradicionales de los Ba’Aka, que también son recolectores de miel y vegetales comestibles. El enfoque de conservación de los bosques de influencia occidental generalmente no tiene en cuenta el conocimiento que existe detrás de la caza tradicional de fauna. Las palabras de Yamindou, del WWF (World Wide Fund for Nature), reflejan que: “Estos pueblos no están acostumbrados a cultivar. Durante siglos se han levantado en la mañana y han matado un animal para satisfacer las necesidades de ese día”. Por eso les están “enseñando” a los pueblos Ba’Aka y Bantu a criar aves de corral y peces para evitar que continúe la matanza de animales.

La caza tradicional actualmente se considera “caza furtiva” y como tal está prohibida. Esto implica que los Ba’Aka ya no pueden cazar los elefantes, a los que mataban para comer. De todas formas han recibido bien esta nueva reglamentación, porque también significa un descenso de la caza furtiva que realizan los intrusos. Pero su vida está siendo modificada, y todo indica que no ha sido para mejor. El ingreso súbito de prestamistas oportunistas que generan deudas, comerciantes, misioneros occidentales, alcohol, discotecas, son todos factores que pueden perturbar y alterar cualquier sociedad. En el caso de los Ba’Aka, incluso se los condena por su cultura: “Los misioneros les han dicho que su música tradicional es equivalente a venerar al diablo”, dijo un residente Bayanga. “Algunos jóvenes Ba’Aka no saben cómo recolectar miel… Algunos escuchan música pop y consumen alcohol. No todo cambio es para mejorar”, añadió.

Pero mientras que la “caza furtiva” está prohibida, el madereo industrial no lo está. Las compañías madereras son una de las principales amenazas para la conservación del bosque. No sólo fuerzan su entrada a través de la frontera verde destruyendo los frágiles ecosistemas, sino que además construyen carreteras que dejan al bosques expuesto y abierto a los intrusos, a merced de la caza comercial.¿No deberían los misioneros y conservacionistas “enseñar” a las compañías madereras una forma diferente de hacer dinero?

Artículo basado en información obtenida de: “Logging threatens Pygmies’ forest life”, BBC Focus in Africa; “How the forest-dwelling Pygmies in Southern Cameroon model the forest to suit their nomadic way of life”, por Edmond Dounias, edición especial de Le Flamboyant, Nro 36.