Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

República del Congo: negocios y acuerdos entre madereros y conservacionistas

Hace tres años un acuerdo entre las autoridades de Gabón y una compañía maderera francesa sacrificó 10.352 hectáreas de la Reserva de Lope a cambio de agregar a la reserva 5.200 hectáreas de un área previamente no protegida de bosques primarios ubicada en una zona remota de las tierras altas (ver Boletín N° 38 del WRM). Este acuerdo sumamente controvertido fue realizado por funcionarios de la organización Wildlife Conservation Society (WCS) con sede en EE.UU.

En 2001, la escena se trasladó a Congo Brazzaville. La Wildlife Conservation Society anunció un acuerdo sobre el triángulo de Goualogo, en los límites del Parque Nouabale Ndoki, pero esta vez la única referencia a una compensación para la compañía maderera CIB (Congolaise Industrielle des Bois) involucrada consistió en fuertes declaraciones en el sentido de que NO existía ningún tipo de compensación (quizás aprendieron de la experiencia anterior).

Ha habido mucho manejo en materia de relaciones públicas en torno a este tema. El Dr. Stoll, Director Ejecutivo de la CIB, afirmó lo siguiente: “La CIB ha desistido de sus planes de explotación en el Triángulo de Goualogo. ¡No puede haber dudas de que en esto no ha habido ningún tipo de transacción comercial o compensación!”

El 27 de agosto de 2002, John Robinson, vicepresidente de WCS, respondió a una consulta sobre la compensación del triángulo afirmando en un mensaje de correo electrónico a Dale Peterson, autor del libro “Eating Apes”: “Las preguntas que usted me transmite de parte de Karl reflejan su falta de comprensión. … es la primera vez que escucho que está en discusión la existencia de una “compensación” entre CIB y WCS sobre el triángulo de Goualogo (la sola idea resulta insultante)”.

Al consultar al entonces presidente de la OIMT (Organización Internacional de las Maderas Tropicales) en una conversación telefónica sobre el acuerdo en 2002, Karl Ammann recibió la siguiente respuesta: “La propuesta original de ceder la esquina sur del parque, para que la CIB no tuviera que construir carreteras caras a través de los pantanos, fue rechazada en una reunión en enero de 2002, y se acordó compensar a la CIB con una zona de bosques a lo largo de la frontera con la República Centroafricana”.

En diciembre de 2002, uno de los pocos turistas visitantes del área que logró llegar sin invitación hasta la concesión y a las oficinas centrales de la WCS en Kabo, contó que la nueva concesión que fuera entregada posteriormente en compensación por el triángulo se llama Pikounda. La información de que la CIB recibió sesenta mil hectáreas en Pikounda fue confirmada por el Servicio Nacional de Reforestación (SNR, por sus siglas en inglés).

La conclusión es que efectivamente hubo un acuerdo de compensación y que, igual que en el acuerdo de la Reserva de Lope, las compañías madereras ganaron en términos del área obtenida.

Como lo expresara incisivamente Karl Ammann: “Resulta claro que una amplia gama de actores, que fueron de una forma u otra arrastrados a esta historia ‘exitosa’, se vieron luego obligados a evaluar sus respuesta a las preguntas planteadas y que debieron hacerlo en un contexto de variados intereses en conflicto. Decidir qué tan importantes son o eran estas áreas desde un punto de vista ecológico y económico y luego compararlas, muy probablemente llevaría a un debate interminable e inconcluso. La cuestión que se plantea es: ¿ Pueden darse los conservacionistas y las ONGs el lujo de ser cortados con la misma tijera cuando se trata de transparencia básica? ¿Hay políticas y procedimientos establecidos para negociar estos acuerdos de asociación? Si no los hay, ¿por qué no existen? Si los hay, ¿cuáles son? ¿Avanzamos hacia una situación en la que, a la vez que se le da al madereo una fachada ecológica, la industria maderera logra seguir ensuciando la imagen de las instituciones conservacionistas?”

Todos los lectores, oyentes, observadores y consumidores de medios de comunicación masivos, todos los periodistas remunerados y las empresas de relaciones públicas deberían tener un resto de dignidad y decir: ¡Basta ya, ha sido suficiente!

Adaptado de: “Compensation or no compensation? – That seems to be the question”, por Karl Ammann, 14 de octubre de 2003 (texto completo –en inglés– en: http://www.wrm.org.uy/countries/Congo/question.html ), enviado por ECOTERRA International, correo electrónico: NATURAL_FORESTS@ecoterra.net