Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

República Democrática del Congo: teléfonos celulares, destrucción de bosques y muerte

¿Alguien podría imaginar que los teléfonos celulares están manchados de la sangre de 3,5 millones de muertos desde 1998? ¿Y que lo mismo ocurre con los video juegos infantiles? ¿Y que las megatecnologías contribuyen a la depredación de los bosques y a expoliar los ricos recursos naturales de pueblos paradójicamente empobrecidos?

En el caso de estas nuevas tecnologías, lo que está en juego es el coltan. Se trata de los minerales columbio y tantalio (de ahí el nombre coltan), que en la naturaleza se presentan asociados. El tantalio es un metal raro, duro y denso, muy resistente a la corrosión y a altas temperaturas y excelente conductor de electricidad y calor. Utilizado en los microchips de las baterías de los teléfonos celulares para prolongar la duración de su carga, permitió la eclosión del negocio de estos aparatos, cuya previsión para 2004 es de 1.000 millones de unidades. A esas propiedades se agrega que su extracción no requiere grandes costos –se obtiene cavando en el barro– y es fácil de vender, por lo que las empresas involucradas en el negocio obtienen suculentos dividendos.

Aun cuando se extrae en Brasil, Tailandia y principalmente Australia –primer productor mundial de coltan–, es en África donde reside el 80% de las reservas mundiales. Dentro de este continente, la República Democrática del Congo concentra más del 80% de los yacimientos, en los que 10.000 mineros se afanan a diario en la provincia de Kivu (este del Congo), un territorio ocupado desde 1998 por los ejércitos de Ruanda y Uganda. Se formó en la zona toda una serie de empresas asociadas entre los grandes capitales transnacionales, los gobiernos locales y las fuerzas militares (estatales o “guerrilleras”) en una disputa por el control de la región para la extracción del coltan y de otros minerales. La ONU no duda en afirmar que este mineral estratégico financia una guerra que la propia ex Secretaria de Estado de los Estados Unidos Madeleine Albright llamó “la primera guerra mundial africana” (y entendemos por guerras mundiales aquéllas en las que las grandes potencias se reparten el mundo), y es una de sus causas.

En agosto de 1998, la Unión Congoleña por la Democracia (Rassemblement Congolais pour la Démocratie-RCD) inició una rebelión en la ciudad de Goma, apoyada desde entonces por el Ejército Patriótico de Ruanda (RPA). Desde entonces, en una contienda en la que por detrás del mito de las rivalidades étnicas se esconden las antiguas potencias coloniales que continúan saqueando las riquezas del África postcolonial, han disputado la guerra dos bandos no demasiado estrictos. Por un lado, el RCD y los gobiernos de Ruanda y Uganda, apoyados por Estados Unidos, que cuentan con bases militares como la construida en Ruanda por la compañía estadounidense Brown & Root, subdivisión de Halliburton, donde se entrenan fuerzas ruandesas y se da apoyo logístico a sus tropas en la RDC, así como con helicópteros de combate del ejército estadounidense y satélites espías. El otro bando está compuesto por la República Democrática del Congo (liderada por uno de los hijos de Kabila, luego de que su padre fuese asesinado por ruandeses), Angola, Namibia y Zimbabwe.

Pero por detrás de los estados son las empresas las que se reparten la zona. Se han creado distintas empresas mixtas con este fin, la más importante de las cuales es SOMIGL (Sociedad Minera de los Grandes Lagos), una empresa mixta creada en noviembre de 2000 e integrada por Africom, Premeco, Cogecom y Cogear, las dos últimas belgas (no en vano la RDC, ex Congo Belga, fue colonia de Bélgica). Otras son la empresa fantasma Cogear (con dirección ficticia en Bélgica), Masingiro GmbH (alemana), y varias que cesaron sus actividades en enero de 2002 por distintos motivos (caída del precio del coltan, condiciones de trabajo difíciles, suspensión de las importaciones de coltan proveniente de la RDC) y están a la espera de mejores condiciones: Sogem (belga), Cabot y Kemet (estadounidenses), la empresa mixta estadounidense-germana Eagles Wings Resources (ahora con sede en Ruanda), entre otras.

Las compañías de transporte son de propiedad de parientes cercanos a los presidentes de Ruanda y Uganda. En esas verdaderas zonas militares las compañías aéreas privadas ingresan armas y se llevan minerales. La mayor parte del coltan extraído es posteriormente refinado por un pequeño número de compañías de Alemania, Estados Unidos, Kazajastán y Lejano Oriente. La filial de Bayer, Starck, es la productora del 50% del tantalio en polvo a nivel mundial. Con el tráfico y la elaboración están vinculadas decenas de empresas, con participación en grandes empresas monopólicas de Bélgica, Alemania, Países Bajos, Suiza, Estados Unidos. Y, faltaba más, el Banco de Comercio, Desarrollo e Industria, creado en 1996 con sede en la capital de Ruanda – Kigali – , ejerce de corresponsal del CITIBANK en la zona y mueve fuertes sumas de dinero procedente de las operaciones relacionadas con coltan, oro y diamantes. Treinta y cuatro empresas importan coltan del Congo; de ellas, 27 son occidentales, la mayoría belgas, holandesas y alemanas.

La compañía aérea belga Sabena, una de las vías de transporte del mineral desde Kigali (capital de Ruanda) a Bruselas, y asociada a American Airlines, anunció el 15 de junio la suspensión del servicio, fuertemente presionada por la campaña mundial “Que no haya sangre en mi celular” (“No blood on my cellphone!” o “Pas de sang sur mon GSM!”), que exhorta a no comprar teléfonos celulares con coltan por su repercusión en la prolongación de la guerra civil en la RDC. Como consecuencia de esta campaña, el instituto de investigación belga International Peace Information Service (IPIS) produjo en enero de 2002 el documento “Supporting the War Economy in the DRC. European Companies and the Coltan Trade” (El apoyo a la economía de guerra de la RDC. Las empresas europeas y el comercio de coltan), que documenta el papel protagónico de las empresas como promotoras de la guerra a través de su cooperación con los militares y exhorta a priorizar la consideración internacional del comercio de coltan por encima de su aspecto local.

Las principales zonas de extracción de coltan se internan en zonas de bosque, como el bosque de Ituri (ver Boletín Nº 67 del WRM). La irrupción de los comandos militares y de trabajadores (muchos de ellos antiguos agricultores desposeídos de sus tierras y recursos en busca de la promesa de ingresos un poco mejores), la instalación de los campamentos mineros, la construcción de caminos para llegar y salir con el codiciado mineral, todo conspira contra el bosque en su totalidad. Además de las funciones que cumplen los bosques para la región y las poblaciones aledañas, lo que otrora fueran tierras tradicionales de pueblos indígenas cazadores y recolectores como los Mbuti y lugar de reserva de gorilas y okapis –parientes de la jirafa–, hábitat de elefantes y monos, se ha convertido en escenario de guerra y depredación.

El periodista africano Kofi Akosah-Sarpong llega a decir: “El coltan en términos generales no está ayudando a la gente local. En realidad, es la maldición de Congo”. Revela que incluso hay evidencias de contaminación de este mineral que señalan su conexión con deformaciones congénitas de bebés de la zona minera, que nacen con las piernas torcidas.

Lejos de ser limpias e inocentes, estas tecnologías sobre las que se asienta y edifica la concentración de capitales que ha adquirido en la “globalización” su máxima expresión, contaminan y quiebran la trama de la vida en sus múltiples y ricas manifestaciones. Mientras tanto, sobre la tumba de los 2000 niños y campesinos africanos que mueren por día en el Congo ¿podremos, distraídos, seguir usando nuestros celulares?

Artículo basado en información obtenida de: “Supporting the War Economy in the DRC: European Companies and the Coltan Trade” y “European companies and the Coltan Trade: an Update”, International Peace Information Service, http://users.skynet.be/ipis/tnewpubsnl.htm ; “Basta de matanzas y saqueo en el Congo”, Solidarité Europe-Afrique, Bélgica, http://www2.minorisa.es/inshuti/extracto.htm ; “La fiebre del coltan: el imperialismo continúa”, Ramiro de Altube, Observatorio de Conflictos, correo electrónico: obserflictos@yahoo.com.ar , http://www.nodo50.org/observatorio/coltan.htm ; “La fiebre del coltan”, Ramón Lobo, El País España, 2/09/2001, http://www.elpais.es/suplementos/domingo/20010902/1fiebre.html ; “UN report accuses Western companies of looting Congo”, Chris Talbot, 26/10/2002, http://www.wsws.org/articles/2002/oct2002/cong-o26.shtml ; “The Trouble With Coltan”, Kofi Akosah-Sarpong, http://www.expotimes.net/issue020116/AAbusiness2.htm