Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Ruanda: desposeído pueblo Twa presiona para lograr reconocimiento

Los habitantes indígenas de Ruanda son los Twa, un pueblo “pigmeo”, que originariamente vivían como cazadores y recolectores en los bosques de gran altitud alrededor de los lagos del área de Albertine de África Central, hoy en territorio de los países de Ruanda, Burundi, Uganda y República Democrática de Congo (RPD). En algunas partes de la RDC, los Twa todavía pueden vivir una existencia basada en el bosque. Sin embargo, en la mayoría de las demás áreas los Twa han tenido que abandonar su estilo de vida tradicional porque sus bosques han sido destruidos por el madereo, la agricultura y los proyectos de “desarrollo”. Las áreas de conservación de la fauna y la flora, establecidas para proteger las cuencas hídricas y las poblaciones de gorilas, implicaron el desalojo de comunidades Twa en Ruanda, la RDC y Uganda, a pesar de que los Twa tradicionalmente no cazan gorilas y sus actividades no afectan las funciones de las cuencas. Al igual que en el caso de muchos otros pueblos pigmeos, los derechos de los Twa a los territorios y recursos de los bosques no son reconocidos ni por las leyes escritas ni por las leyes tradicionales, y los desalojos se realizan sin compensación ni entrega de tierras alternativas.

Los bosques de Ruanda comenzaron a ser talados hace cientos de años cuando los agricultores Hutu y los pastores Tutsi que llegaban a la región despejaban las tierras para dedicarlas a la agricultura y el pastoreo. Ruanda no sufrió la devastación producida por el comercio árabe y europeo de esclavos y su población aumentó en la medida en que otros pueblos buscaban refugio allí. Los jefes locales fomentaron el establecimiento de nuevos pobladores en sus tierras porque su poder e ingresos aumentaban al crecer el número de “clientes” que tenían. La población de Ruanda creció de 1 millón a 7 millones entre las décadas de 1940 y 1980. Durante el período colonial, los territorios en poder de los clanes fueron redistribuidos, y a partir de la década de 1960 la política gubernamental alentó a los agricultores a expandir su actividad hacia zonas de pasturas, humedales y bosques, como los alrededores del Parque Nacional de los Volcanes, y a emigrar hacia el este a tierras de pastoreo con menor densidad de población. Entre 1970 y 1986, la superficie de tierra cultivada aumentó 56%, en tanto que el promedio de superficie de las parcelas sufrió una disminución progresiva, pasando de 3 hectáreas por familia en 1949 a 0,7 hás en 1990. A mediados de la década de 1980, casi toda la tierra disponible para la agricultura ya había sido utilizada, con excepción de las áreas comprendidas en los parques nacionales.

Se considera que hasta fines de la década de 1970, la distribución de tierras fue relativamente equitativa. Ruanda podía alimentar a su población; los pequeños productores eran más productivos que los grandes. Sin embargo, el método principal de los agricultores para aumentar la producción de las parcelas cada vez más pequeñas fue reducir el período de barbecho, lo que determinó el agotamiento de la fertilidad del suelo.

Actualmente, Ruanda tiene 8,3 millones de habitantes, con un promedio de densidad de población de 315 personas por kilómetro cuadrado (800 por km2 en el noroeste), siendo el país más densamente poblado de África. El noventa por ciento de la población depende de la agricultura de subsistencia para sobrevivir. La falta de tierras y la desigualdad en la distribución de la tierra empeoró después de mediados de la década de 1980 cuando el gobierno expropió tierras para la construcción de viviendas para la clase media, para proyectos paraestatales y para el desarrollo industrial. La tierra también se concentró en manos de una nueva elite rica con ingresos no provenientes de la agricultura o empleadas en los numerosos proyectos extranjeros de asistencia, que podía comprar tierras a los pequeños agricultores endeudados o hambrientos.

Los bosques de Ruanda se redujeron drásticamente, pasando del 30% aproximadamente a comienzos del siglo XX a 7% de la superficie total del país en la actualidad. En 1934, el complejo de bosques Mukuru-Gishwati-Volcans en el norte de Ruanda era un macizo boscoso compacto de 833 kilómetros cuadrados. Hacia 1955, ya se había dividido en tres masas boscosas separadas, y para 1998, solamente quedaba en pie el 18% del bosque original. Nyungwe, el bosque más grande del sur del país, perdió 26% de su superficie durante el mismo período. Actualmente, su superficie es de apenas 87.000 hectáreas. A su vez, el 49% de los bosques de montaña de Ruanda desapareció entre 1934 y 1998.

El desmonte para la agricultura y el pastoreo ha contribuido a la reducción de la cobertura boscosa, al igual que la cosecha de leña y madera para la construcción de viviendas y la minería en pequeña escala. La producción de cultivos para la exportación también es un factor que incide en la destrucción de los bosques: la mitad de los bosques alrededor de los volcanes del norte fue despejada para el cultivo de piretro en la década de 1960, y las zonas lindantes con los bosques de Nyungwe fueron taladas para instalar plantaciones de té. Después del genocidio de 1994, en el que 800.000 Tutsis y Hutus moderados fueron asesinados por extremistas Hutus, el proceso de depredación de los bosques se agudizó con el establecimiento de campos de refugiados con gran necesidad de consumo de combustible justo en la frontera con la RDC y la necesidad de rehabilitar a miles de refugiados que volvían a Ruanda después de largos períodos de exilio. Los refugiados fueron ubicados principalmente en las zonas de lo que eran antes áreas protegidas, incluida la Reserva de Mutara, dos tercios del Parque Nacional de Akagera y el bosque Gishwati.

La pérdida de recursos biológicos afecta a la totalidad de Ruanda, pero especialmente a los Twa que dependían originalmente del bosque. Los derechos tradicionales de los Twa a los bosques nunca fueron reconocidos ni por los gobernantes locales ni por las leyes coloniales, lo que ha determinado que en la medida en que se han talado los bosques, los Twa se han convertido en ocupantes ilegales sin tierras propias, con la excepción de unas pocas familias que recibieron tierras de los Mwamis, los antiguos reyes de Ruanda. Los Impunyu, el último pueblo Twa habitante de los bosques, fueron desalojados del bosque Gishwati en las décadas de 1980 y 90 para dejar lugar a proyectos financiados por el Banco Mundial, cuyo objetivo era mitigar la presión humana sobre los bosques aumentando la oferta de productos forestales mediante plantaciones industriales de eucalipto y el desarrollo de una industria láctea productiva utilizando pasturas de las áreas de bosque degradado. Irónicamente, estos proyectos que pretendían proteger los bosques tuvieron el efecto contrario: hacia fines de 1994, dos tercios del bosque original se habían convertido en zonas de pasturas, casi todas las cuales fueron asignadas a amigos y relaciones del Presidente. Durante todo este proceso, no se instrumentó ningún tipo de medida de reparación ni compensación para los Twa ni tampoco estuvieron incluidos entre los miles de pobladores empleados por los proyectos. Los refugiados que retornaron y se instalaron en el área, despejando tierras para la agricultura de subsistencia, ahora han destruido completamente el bosque.

Los proyectos de conservación expulsaron a las comunidades Twa de Ruanda de la reserva de bosques de Nyungwe en 1998 y del Parque de los Volcanes (el parque más antiguo de África, creado en 1924 con el nombre Parque Nacional Albert). Los Twa más ancianos que habitan en la parte sur de Ruanda recuerdan que cazaban búfalos y elefantes en el bosque de Nyungwe y llevaban los cuernos y colmillos a los Mwami como tributo. Hoy apenas unos pocos Twa tienen trabajo en los parques como mano de obra ocasional o rastreadores; no tienen participación en la administración ni en la toma de decisiones sobre el parque. Si bien algunas agencias de conservación están realizando proyectos de desarrollo que incluyen a las comunidades Twa que habitan alrededor del Parque de los Volcanes y el bosque Nyungwe, éstos no abordan en general el problema central de la tierra y el acceso a los recursos del bosque.

El problema de la tierra en Ruanda es grave, y la situación de los Twa de Ruanda es muy precaria. En 1991 se informó que a nivel nacional sólo entre 50 y 57 % de los hogares contaban con la extensión mínima de tierra (0,7 há.) necesaria para alimentar a un núcleo familiar promedio de 5 personas. Pero la situación de los Twa es mucho peor, sólo 1,5% de los hogares Twa encuestados en 1993 y 1997 por el Forest Peoples Programme y las organizaciones Twa, disponían de tierra suficiente para alimentar a sus familias. Desde la época de la colonia virtualmente no ha habido distribución de tierras a los Twa: en 1995, 84% de los Twa con tierras todavía vivían en parcelas que les fueran entregadas por los Mwamis. La debilidad política de los Twa les hace vulnerables a la expropiación de las tierras que poseen actualmente por parte de agricultores vecinos o autoridades locales. Los pantanos que suministran arcilla para la alfarería tradicional de las comunidades Twa a menudo son asignados por las autoridades locales a otros grupos para actividades agrícolas.

Los Twa son el grupo más pobre de la sociedad ruandesa, carecen de acceso a la educación formal, vivienda y atención médica. Muy pocos de ellos saben cultivar, y la mayoría vive de la alfarería, trabajos ocasionales y de pedir limosna. Los Twa son marginados y discriminados debido a su identidad, y prácticamente no tienen representación en la administración local o nacional de Ruanda, ni en los procesos de toma de decisiones. Fueron víctimas del genocidio de 1994, en el que según las estimaciones perdieron 30% de su población, en comparación con el 14% de la población general. Las pérdidas de los Twa nunca han sido reconocidas por el gobierno rwandés posterior al genocidio. Sienten que han sido olvidados en la reconstrucción post-genocidio de la sociedad ruandesa.

Sin embargo, en los últimos años se han producido hechos positivos. Los Twa de Ruanda se han organizado, y crearon ONGs para presionar y lograr mejorar su situación. Estas organizaciones han presentado una petición al Presidente de Ruanda y a la Comisión encargada de revisar la constitución de Ruanda, exigiendo una acción positiva sobre la tierra y la educación, y solicitando medidas especiales para su representación en los procesos gubernamentales. La ONG Twa “CAURWA” está trabajando con 70 asociaciones Twa locales, ayudándolas a obtener tierras, aprender a cultivar y a practicar actividades generadoras de ingresos que no estén vinculadas con la agricultura, como la fabricación de baldosas, la cestería y la alfarería. Estas actividades se complementan con trabajo de apoyo a nivel local, nacional e internacional, y la generación de capacidad para permitir que los Twa jueguen un rol activo en procesos nacionales como la Estrategia para la Reducción de la Pobreza de Ruanda, las cortes gacaca tradicionales que juzgarán a los miles de prisioneros acusados de crímenes relacionados con el genocidio y el proceso de unidad y reconciliación nacional, que busca cerrar las heridas causadas por la larga historia de luchas étnicas de Ruanda.

Por: Dorothy Jackson, Forest Peoples Programme, correo electrónico: djackson@gn.apc.org