Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Sri Lanka: la política en los bosques

Los bosques son árboles. Los bosques son biodiversidad. Los bosques son flora y fauna. Los bosques son tierra. Sin embargo, los bosques son también política. El desarrollo implica la tala de los bosques. La conservación significa más y más consultorías. La protección significa una brecha cada vez mayor entre el bosque y las comunidades. En relación con la temática forestal, el contexto imperante en Sri Lanka no es muy diferente de esta realidad.

Las recientes iniciativas de desarrollo promovidas por el gobierno tendientes a abrir la economía del país, serán muy destructivas para el bosque en general. Los proyectos de desarrollo de la acuicultura ya han destruído casi 4.000 hectáreas de nuestros manglares desde 1989. De acuerdo con un estudio llevado a cabo en 1982, en ese entonces teníamos sólo 8.000 hectáreas de manglares. Si bien no pudimos parar la acuicultura en la provincia de Noroeste, desde 1994 hemos logrado al menos frenar dicho desarrollo en la provincia del Sur.

Una serie de proyectos de “desarrollo”, que hubieran implicado la corta de 8.000 hectáreas de bosques para dar lugar a plantaciones de maíz enano en Balaharuwa, en la provincia Uva en 1998; la tala de 25.000 hectáreas de bosques similares en el distrito de Monaragala en la misma provincia en 1997; la destrucción de 5.000 hectáreas de otro bosque para instalar una plantación de piña (ananá) en Bibila en Madagama, también en la provincia de Uva en 1991, y la corta de 2.000 hectáreas de bosque para la plantación de “rambutan”, fueron frenados como consecuencia de las exitosas protestas llevadas adelante por grupos ambientalistas y por el público en contra de estas actividades destructivas.

En la actualidad hay intentos de asignar tierras localizadas en parques nacionales a simpatizantes del gobierno, en el marco de las próximas elecciones presidenciales. La subdivisión de 1.200 hectáreas de bosque en el Parque Nacional Lunugamwehera, de 800 hectáreas en el Parque Nacional Wasgomuwa, y de 500 hectáreas en la Reserva Natural Estricta de Ritigala son casos de ese tipo,que han generado acaloradas protestas.

El gobierno que rigió el país entre 1970 y 1977 es responsable de la corta de bosques tanto en la zona seca como en la húmeda, proceso que afectó a 77.000 hectáreas de las selvas vírgenes de Sinharaja. Como consecuencia de las protestas que desencadenaron estas acciones, el proyecto fue frenado, pero la infraestructura ya establecida para la destrucción del bosque permitió a los agentes implicados seguir con sus actividades hasta el año 1988, contando para ello con el apoyo del gobierno.

En 1986 la agencia de “cooperación” finlandesa FINNIDA preparó un Plan Maestro para el sector forestal. El mismo proponía que todos los bosques de la zona seca, cuyas edades alcanzaban los 800 a 1.000 años, fueran cosechados. Se señalaba asimismo que muchos de los bosques de la zona húmeda no jugaban un papel de protección esencial, sosteniéndose que las lluvias del monsón igual llegarían a Sri Lanka dos veces al año, aún sin la presencia del bosque. Grupos ambientalistas, entre los cuales la Environmental Foundation, protestaron fuertemente y lograron frenar el apoyo financiero que el Banco Mundial iba a dar a ese emprendimiento. Lo que es más, en 1988 el gobierno incluso declaró una veda a la corta de bosques que está todavía vigente.

En 1991 se inició el proceso del segundo Plan Maestro Forestal, a partir del cual se publicó un documento cinco años después. Pero hoy en día se ha vuelto un elefante blanco. Si bien se adoptó una nueva política forestal en 1995, las actividades actualmente en curso muestran que la realidad difiere completamente de lo que figura en el texto de la ley.

En una reciente propuesta del Banco Asiático de Desarrollo se recomienda el establecimiento de plantaciones forestales en una superficie de 1.000 hectáreas y la creación de joint-ventures para realizar madereo comercial. Estas joint-ventures disfrutarán de todo tipo de concesiones, incluyendo facilidades para importar equipos de última generación para la corta y maquinaria para procesamiento de la madera, tales como nuevos aserraderos. De acuerdo con esta propuesta, alrededor de una tercera parte de los fondos de dicha institución fueron asignados al componente de manejo forestal comercial, que comprende tanto bosques como plantaciones. Es ésta la iniciativa más reciente para la promoción de la forestación comercial en Sri Lanka.

La veda a la corta establecida por las autoridades está siendo burlada por actividades ilegales de madereo. Políticos, burócratas y mucha gente poderosa están detrás de la mafia que maneja la situación. Todos los días salen del Distrito de Monoragala -donde se encuentra la mayoría de los bosques del país- más de 75 camiones transportando rollizos. Esta mafia opera con el apoyo de funcionarios del gobierno local y del Departamento Forestal.

Cada tanto el gobierno reacciona y adopta absurdas medidas para solucionar el problema de la tala ilegal, tratando de hacerla legal. Por ejemplo el árbol “jack” -una especie frutal- se encuentra protegido por ley, de manera que su corta fue siempre considerada un delito. Sin embargo el año pasado el gobierno eliminó esta norma. Tras dicha medida, en el plazo de un mes fueron cortados más de 100.000 de esos árboles. Cuando el gobierno reaccionó y puso en vigencia nuevamente la legislación derogada, el daño ya estaba hecho.

Para muchos políticos y burócratas los bosques no son más que árboles y tierras. Pero para las comunidades, los bosques son agua, aire, alimento, protección, medicinas y fuente de satisfacción de sus necesidades básicas. De modo que lo que Sri Lanka necesita es un sector forestal que respete a las comunidades y su estilo de vida. Para poder llegar a esto, debemos deshacernos de la burocracia, los políticos y las consultorías que hasta ahora han dominado la escena.

Por Hemantha Withanage; Environmental Foundation, Sri Lanka;