Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Sri Lanka: los Wanniyala-Aetto hacen uso de su derecho a regresar a su bosque

Los Wanniyala-Aetto (“seres de la selva”) son el pueblo indígena de Sri Lanka; apacibles cazadores y recolectores que han vivido en una relación sustentable con el medio ambiente de su bosque tropical por los pasados dieciocho mil años.

Después de haber sobrevivido a 2.500 años de colonización de su isla, primero por emigrantes cingaleses y luego por tamiles provenientes de la India, a cinco siglos de colonización portuguesa, holandesa y británica y a dos guerras mundiales, los Wanniyala-Aetto fueron desalojados de lo que quedaba de sus bosques ancestrales por el gobierno de Sri Lanka.

Sri Lanka logró su independencia en 1948, y el nuevo gobierno emprendió la reorganización del país. En 1955, con fondos del Banco Mundial, comenzó la construcción de la represa Gal Oya, que inundó las mejores tierras de caza y recolección de los Wanniyala-Aetto, donde estaban los mejores sitios para recolectar miel y sus cuevas favoritas.

La mayor parte de la población fue reubicada en aldeas de readaptación, en zonas agrícolas. Pero su “guardián del saber” y portavoz, Uru Warige Tissahamy, condujo a mucha de su gente a internarse en lo profundo del bosque. En 1977, el Banco Mundial otorgó al gobierno los fondos necesarios para la construcción de un enorme proyecto hidroeléctrico y de irrigación que afectaría al mayor sistema fluvial del país, el Mahaweli Ganga. El agua del río fue desviada para producir energía hidroeléctrica y para alimentar reservorios y canales de irrigación. Se realizaron actividades de madereo en grandes superficies del bosque tropical, y se hizo tala rasa en 11.000 hectáreas de los últimos territorios de caza de los Wanniyala-Aetto. Miles de colonos cingaleses y tamiles se instalaron en la zona.

Luego, el 10 de noviembre de 1983, a medianoche, el gobierno desalojó a los Wanniyala-Aetto de la última porción de su bosque natal, declarando que esa era la cuenca hidrográfica que alimentaría tres nuevos reservorios financiados con asistencia oficial para el desarrollo de varios organismos extranjeros financieros, entre ellos la USAID. Dichos reservorios se crearon con la finalidad de disponer del agua necesaria para el riego de los arrozales ubicados en los límites del bosque, destinados a la producción intensiva de arroz en el marco de la llamada “revolución verde”. El área de bosques que quedó entre estos reservorios fue designada por el gobierno como Parque Nacional de Maduru Oya, el cual fue creado en el marco de la Estrategia Mundial para la Conservación (en inglés WCS), manejada conjuntamente por WWF Internacional (Fondo Mundial para la Naturaleza), IUCN (Unión Mundial por la Conservación de la Naturaleza) y PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente).

Los Wanniyala-Aetto fueron forzados a reinstalarse en tres distritos diferentes, lo cual dividió su comunidad y destruyó la estructura social fuertemente integrada de la que siempre dependieron. Estas áreas de reinstalación se encuentran fuera del bosque, en zonas de arrozales totalmente desconocidas para ellos e inadecuadas para su agricultura itinerante, la cual se han visto imposibilitados de realizar. Por otro lado, les cuesta mucho cultivar suficiente alimento en las diminutas parcelas que les asignaron. La caza y la recolección en la selva también les están vedadas. En la actualidad, algunos hombres tienen permiso para cazar en una pequeña zona del parque, pero los que no lo tienen se arriesgan a ser multados o encarcelados si se les sorprende cazando. En los últimos años tres cazadores, todos ellos con permisos, murieron por los disparos recibidos por parte de guardaparques.

Actualmente solo quedan 2,500 indígenas Wanniyala-Aetto. Su antigua cultura, sus tradiciones espirituales, su conocimiento médico etnobotánico y su pericia en el manejo ecológico de la fauna y la flora del bosque tropical están a punto de perderse para siempre. A pesar de haber sido reubicados, no han perdido el recuerdo de su tierra. “Yo nací en el bosque. Mis ancestros vienen de aquí. Somos los seres del bosque, y quiero vivir y morir aquí. Y aunque renaciera como una mosca o una hormiga, estaría feliz de saber que volvería a vivir aquí, en el bosque” (Uru Warige Tissahamy, 97 años, anciano Wanniyala-Aetto “guardián del saber”).

Es por eso que, más de veinte años después de haber sido expulsados, cien indígenas Wanniyala-Aetto han hecho uso del derecho legal de regresar a su propia tierra. Los guardaparques han amenazado con llevar ante los tribunales a aquéllos que regresen al parque, en un intento de obligarles a marcharse una vez más.

Desde diversas organizaciones se exhorta a apoyar al pueblo Wanniyala-Aetto, y proponen escribir a la presidenta de Sri Lanka pidiendo a su Gobierno que permita inmediatamente a los Wanniyala-Aetto que así lo deseen regresar a su tierra, cazar para su consumo personal y recolectar frutos del bosque dentro del parque, sin temor a su posterior expulsión, acoso o violencia. (Dirigir la carta a: Her Excellency the President of Sri Lanka, Mrs. Chandrika Bandaranaike-Kumaratunga, Presidential Office, Colombo 1, Sri Lanka, Fax: +94 112 4333 46)

Artículo basado en información obtenida de: “Los wanniyala-aetto regresan a la selva”, 21 de octubre de 2005, http://www.survival.es/news.php?id=1114; “The Wanniyala-Aetto”, Global Vision, http://www.global-vision.org/srilanka/