Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Sudáfrica: ¿cuál es el verdadero costo de los lotes forestales?

¿Qué es un lote forestal? ¿Se trata de un trozo de terreno donde se plantan árboles para satisfacer las necesidades de leña y madera de las comunidades rurales? ¿O es en cambio una pequeña fracción de una gigantesca plantación industrial, para cubrir las necesidades de pulpa y papel de la sociedad industrial del Primer Mundo?

Una respuesta exacta a esa pregunta ayudaría a eliminar la incertidumbre que hay en mi mente. Sin embargo, no ha llegado ninguna respuesta clara y en los últimos veinte años en que he vivido en Zululandia he llegado a las siguientes conclusiones.

La conversión de tierras de pasturas y agrícolas en plantaciones de eucalipto ha sido llevada a cabo por las dos mayores compañías plantadoras de la zona. En su ansiedad por tener el control de tierras aptas para el crecimiento del eucalipto, a fines de los ’80 tanto SAPPI como Mondi se embarcaron en un proceso de adquisición de tierras. Vastas superficies que algunas vez fueron cientos de granjas independientes en manos privadas fueron adquiridas a precios que en la época se consideraron excesivos. Tales precios se debían a la competencia entre ambos gigantes, que procuraban que no quedaran brechas en ese proceso de tranformación de las granjas en enormes predios con monocultivos forestales. Ello aumentó las ganancias de los pocos granjeros que pudieron resistir hasta el final, como consecuencia de la lucha entablada entre SAPPI y Mondi por mantener sus fuentes de materia prima.

Tras comprar las tierras, estas empresas comenzaron un proceso que comprendió, antes que nada, la remoción de todos los trabajadores de las granjas y la destrucción de sus viviendas. Incluso casas habitación y edificios de alto valor, así como talleres y galpones fueron destruídos por los bulldozers para dar lugar a interminables plantaciones de eucalipto.

¿Dónde fue a parar la gente que vivía en esas granjas? Bueno, los propietarios blancos, quienes recibieron grandes sumas de dinero, pudieron mudarse a confortables casas en las tierras medias de KwaZulu-Natal o de Western Cape (dos provincias de Sudáfrica) o bien a Australia. Lo que sucedió con los trabajadores de los establecimientos constituye una incógnita. El hacinamiento en las tierras tribales hacía imposible retornar a ellas. Supongo que a la mayoría no le quedó otra opción que dirigirse a los barrios marginales de Durban (el principal puerto del país) o a Dukuduku (un área de bosque subtropical adyacente al Sitio Patrimonio de la Humanidad de Greater St.. Lucia), donde a duras penas habrán podido sobrevivir.

Una vez resuelto el problema de los trabajadores indeseados y de las instalaciones de las granjas, ambas compañías se vieron enfrentadas a otra cuestión. Se trataba de la gran cantidad de personal que habían heredado a partir de la adquisición de la empresa Watertin Timbers y de Shell Forestry (una subsidiaria de Royal Dutch Shell) por parte de SAPPI y Mondi respectivamente. De un plumazo, SAPPI aplicó una “racionalización” y redujo en 600 el número de sus trabajadores en Kwa-Mbonambi. Ello significó que la compañía se ahorró una gran cantidad de dinero al no tener que pagar beneficios sociales a sus empleados permanentes. Los riesgos de sindicalización y de huelgas fueron pasados a los contratistas, a quienes se asignó la tarea de proveer fuerza de trabajo y otros servicios a bajísimos niveles salariales. Los trabajadores, que hasta entonces habían disfrutado de los beneficios normales de su condición como empleados permanentes, ahora se vieron forzados a suplicar o sobornar por un trabajo de base diaria. Para empeorar aún más las cosas, debían competir con trabajadores inmigrantes desesperados llegados de Mozambique. Mucha gente de las poblaciones locales sencillamente se rehusó a trabajar por el salario que ofrecían, de aproximadamente U$S 2 por día.

¿Qué tiene todo esto que ver con los lotes forestales, en especial con los lotes en tierras comunitarias pertenecientes al Ngonyama Trust, representante de Su Majestad el Rey Goodwill Zwelethini, monarca del pueblo Zulú?

Los lotes forestales, cuya superficie totaliza miles de hectáreas, y que nunca requirieron de solicitudes de permiso de plantación exigidas por la ley.
Lotes forestales que son de hecho propiedad de las grandes empresas plantadoras, pero que se encuentran en tierras que nunca fueron adquiridas ni arrendadas.
Lotes forestales que crecieron a partir de plantines suministrados por esas compañías forestales, pero que se niegan a asumir toda responsabilidad en relación con los problemas sociales y ambientales que generan.

En el área tribal de Sokhulu, situada al norte de la Bahía Richards, es bien claro que el uso dominante del suelo es la plantación de eucaliptos. ¿Cómo sucedió esto? Bueno, la respuesta es muy sencilla. Mondi compró toda la tierra que pudo perteneciente a propietarios blancos, localizada entre los poblados de Gingindhlovu, Babanango y Hluhluwe, pero aún así no pudo satisfacer las necesidades de materia prima de su fábrica de Bahía Richards. Tuvieron que echar mano a las tierras comunitarias de la ex-zona de apartheid de Kwa-Zulu.

El denominado Proyecto de Reconstrucción y Desarrollo en base a lotes forestales llevado adelante por Mondi ha sido tan “exitoso”, que prácticamente toda el área de Sokhulu ha sido plantada con eucaliptos. La “pobre” Sappi, desesperada por no poder mantener el suministro de materia prima para sus fábricas de Mandeni y Mkomazi, se vio forzada a dirigirse al norte, a la zona costera de praderas de Maputaland. Tan desesperada estaba, que incluso intentó probar suerte en el sur, en Mozambique, afortunadamente sin éxito.

La Reconstrucción y el Desarrollo no habrán de alcanzarse privando de sus medios de vida a la gente del medio rural.

Entonces, ¿qué está pasando? Poco a poco pero de manera ininterrumpida, más y más tierra está siendo ocupada por plantaciones de eucalipto. Más y más agua está siendo bombeada de la Tierra para producir fibra de exportación con destino a Japón y a Europa, vendida a un precio que es apenas una parte de su costo. Aparentemente sólo una minoría “privilegiada” se beneficia de la venta de madera a Mondi y SAPPI, al tiempo que para la gran mayoría de los miembros de las comunidades tradicionales ello significa el fin de los recursos naturales de los que dependían para su supervivencia. Con la expansión de las plantaciones han desaparecido las pasturas para alimentar el ganado y las cabras. La pérdida de agua superficial ha arruinado las perspectivas de establecer cultivos alimentarios y el estilo de vida tradicional ha quedado hecho jirones. ¿Dónde terminará toda esa gente? Bueno, podrán mudar a los asentamientos marginales de los poblados de la zona, pero la mayoría seguramente acabará en los suburbios irregulares que rodean a Durban.

Allí la gente podrá disfrutar de los beneficios de la “sociedad civilizada”.
Respirar el aire contaminado por las fábricas, las autopistas y los basurales.
Deambular por las calles, hurgar en los tarros de basura y drogarse inhalando pegamento por placer.
Volverse económicamente activos en la lucrativa industria del delito y la prostitución.
Darle a sus hijos Coca Cola y papas fritas manipuladas genéticamente para el almuerzo.

¡Gracias SAPPI, gracias Mondi por vuestra gran contribución a la Reconstrucción y el Desarrollo de Sudáfrica!

Debe admitirse que hay otros culpables. El Departamento de Aguas y Forestación de Sudáfrica ha sido incapaz de reconocer los monstruosos problemas emergentes de la proliferación de los así llamados lotes forestales, para los que se ha usado bonitos nombres como “forestación comunitaria”, aunque en la realidad no tengan nada que ver con ello.

Por Wally Menne, Timberwatch Coalition, 8/12/99,