Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Sudáfrica: donde se acepta como un hecho que las plantaciones de árboles impactan sobre el agua

El establecimiento de monocultivos de árboles de rápido crecimiento siempre está acompañado por un debate sobre el tema del agua. La gran mayoría de los expertos forestales niega que las plantaciones tengan impactos sobre el agua, utilizando en general el argumento de la ausencia de estudios científicos para contrarrestar las denuncias de los pobladores locales sobre el agotamiento de los recursos hídricos ocasionado por las plantaciones.

En ese contexto, Sudáfrica representa una excepción, porque nadie aquí niega que las plantaciones afectan los recursos hídricos, y lo que resulta todavía más interesante es que esa unanimidad se basa en investigaciones realizadas a lo largo de muchos años.

Dado que la mayor parte de las plantaciones forestales de Sudáfrica se han establecido en las principales zonas de captación de agua de la región, esto ha producido graves consecuencias en la disponibilidad de agua, más específicamente para los usuarios corriente abajo. La preocupación sobre el impacto de esas plantaciones de árboles sobre las fuentes de suministro de agua existente fue articulada por primera vez a comienzo del siglo XX. La extensión y la naturaleza pública del debate eventualmente condujo en el año 1936 a la creación de un programa de investigación hidrológica auspiciado por el estado. A pesar de la cantidad cada vez mayor de evidencia que ilustraba en forma bastante clara que los suministros de agua se redujeron ante la presencia de plantaciones comerciales de árboles, fue recién en 1972 que se creí un régimen regulatorio, el Sistema de Permiso de Forestación (Afforestation Permit System). El estado buscó entonces regular las plantaciones comerciales de árboles a través de la emisión de permisos, para mitigar así el impacto negativo que estas plantaciones tienen sobre las fuentes de suministro de agua.

En los años posteriores las deficiencias del régimen regulatorio de 1972 se hicieron evidentes. Aunque se habían introducido una serie de recomendaciones basadas en el creciente cuerpo de evidencias recogido por investigación adicional, se realizaron apenas unos pocos cambios sustanciales. Fue recién durante el clima político de evolución y cambios de los años 90 cuando se introdujeron cambios significativos en la regulación del sector de cultivo de árboles. El motivo subyacente para la intervención del estado en el sector fue asegurar que las escasas reservas hídricas de Sudáfrica se utilizaran en forma más equitativa, eficiente y efectiva. Se dispuso que cualquier actividad, incluso el cultivo de árboles, que tuviera por resultado la reducción de las reservas de agua debía registrarse como actividad de Reducción de los Cursos de Agua, y se debía obtener un permiso para continuar con esa actividad. También se tomaron en consideración otros problemas como el impacto de las plantaciones comerciales de árboles de crecimiento rápido sobre la biodiversidad, la sustentabilidad ecológica y la estática.

Aunque los resultados de la investigación hidrológica utilizados para establecer el marco legislativo para las actividades de plantación de árboles han sido a menudo cuestionados, todas las disputas se han centrado más en las cantidades de agua que se alega que consume la industria, que en el hecho que las plantaciones comerciales son los usuarios principales del agua y especialmente de las aguas subterráneas. La esencia del debate “plantación-agua” existente en Sudáfrica entonces se caracteriza principalmente por una industria que argumenta a favor de su derecho económico de competir en pos de un recurso escaso, a saber, el agua, y no por una negación de esta industria de que las plantaciones comerciales de árboles consuman una cantidad significativa de agua. En otras palabras, esto último es aceptado como un “hecho” y no como una “falacia”.

Los expertos forestales y los gobiernos de otros países en los que se promueven y desarrollan plantaciones de árboles de crecimiento rápido deberían seguir el ejemplo de Sudáfrica en vez de continuar negando lo que es cada vez más obvio: que estas plantaciones agotan los recursos hídricos.

Artículo basado en información obtenida de: Harald Witt, resumen de su exposición ante el Seminario Internacional sobre los Impactos del Eucalipto, Brasil, Espirito Santo, 21-23 de agosto de 2001.