Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Sudáfrica: la definición de bosques de la FAO es una amenaza para la biodiversidad

Wally Menne, miembro de la Coalición sudafricana Timberwatch, envió el siguiente mensaje a Magnus Grylle de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO):

“La información proporcionada [por la FAO] sobre la superficie total cubierta por bosques en Sudáfrica es engañosa, ya que hay probablemente más de 3 millones de hectáreas de plantaciones industriales de monocultivos de árboles y de áreas invadidas por especies forestales exóticas en su cifra total de 8,9 millones de hectáreas. De hecho, una cifra más precisa de bosque real sería 4,5 millones de hectáreas. Las plantaciones de industriales para madera son un cultivo temporal con rotaciones de entre 7 y 20 años y un promedio de unos 10 años. Destruyen la cultura indígena y la biodiversidad, desplazan comunidades y degradan la tierra en forma irreversible. Es deshonesto pretender que son bosques”.

Magnus Grylle contestó:

“Gracias por su aporte. Por supuesto que tenemos información sobre las plantaciones en Sudáfrica. Para el recuento general, las incluimos en el término “Bosque” que tiene, en ese contexto, una definición precisa. Consultar: http://www.fao.org/forestry/fo/fra/defin.jsp?lang_id=1&parent=978 and http://www.fao.org/forestry/fo/fra/index.jsp

Esa definición no toma en cuenta la calidad (que se puede percibir en formas muy diferentes según el punto de vista). Es simplemente un valor en bruto para “áreas con árboles”, usando una explicación muy amplia. Este valor en bruto se puede usar tal cual es, por ejemplo para cálculos de balance de carbono, o puede ser desglosado para efectuar un análisis más especializado. Los temas de esos análisis más especializados pueden ser “naturalidad”, “capacidad de suministro de madera”, o cualquier otro. Para cada objetivo, el área total de Bosque puede ser desglosado en categorías más precisas. La denominación de esas categorías dependerá del analista.

Espero que esto aclare nuestra postura. Las plantaciones son áreas con árboles, y por lo tanto un (tipo de) bosque. Saludos cordiales, Magnus Grylle”

Parecería ser que, para la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), incluso cuando se haya destruido hasta la última porción de bosque, no tendremos por qué preocuparnos, siempre que haya plantaciones forestales que ocupen su lugar.

Incluso, parece no ser importante que las áreas previamente cubiertas por bosque se dejen degradar hasta convertirse en eriales cubiertos de especies invasoras exóticas. Tampoco parece importar que grandes áreas de tierra que anteriormente fueran praderas, humedales y fincas productoras de alimentos se hayan convertido en plantaciones industriales de árboles para madera.

Después de todo, lo que importa es que haya árboles suficientes sobre la tierra, para poder mostrar a la plebe y a los políticos que no ha cambiado nada; que todavía quedan las mismas áreas de “bosque”, que la “deforestación” ha disminuido (no le digan a la gente que queda poco para deforestar). “De hecho, en muchas partes del mundo ha habido un aumento de la cubierta boscosa!”

En Sudáfrica existe una preocupación creciente con respecto al punto de vista simplista adoptado por la FAO. Nuestros bosques están entre los más complejos y diversos del mundo, a pesar del abuso histórico que han sufrido por la ocupación humana del territorio. Los bosques que han sobrevivido son aquellos ubicados en las áreas más remotas, donde la presión humana está en equilibrio con su capacidad de regeneración. Pero esto está cambiando rápidamente en tanto crece la presión de la población local combinada con la demanda de recursos de los países del primer mundo.

Paradójicamente, las plantaciones de árboles para madera, que se esperaba que fueran la salvación de los bosques de Sudáfrica (brindando fuentes de madera alternativas a los consumidores locales y quitando la presión sobre las especies nativas), se ha convertido en la amenaza más grande contra la biodiversidad del país. Esto no es decir que las plantaciones para madera no cumplan un papel importante en la economía local. Existe una causa legítima para el cultivo de especies de árboles exóticos en Sudáfrica, y se puede argumentar que han jugado un rol en evitar una mayor explotación de nuestros recursos boscosos. Esto está muy bien en el contexto de cumplir las demandas locales de productos de madera, pero lo que sucedióes que la producción se expandió a un nivel muy por encima de la demanda local. Cifras recientes muestran que las exportaciones de productos de plantaciones forestales (principalmente troncos sin procesar, astillas y celulosa) ahora están más o menos a la par con el consumo local (principalmente productos finales como madera para la construcción, muebles, papel y tableros).

Las formas en que las plantaciones han contribuido a la degradación del medio ambiente natural son muchas y complejas. Algunos impactos negativos sobre la biodiversidad se hacen sentir mucho tiempo después, y muy lejos del evento que produjo el impacto. Los llamados impactos “en cadena” generalmente son ignorados al evaluar costos ambientales, aunque pueden causar acumulativamente una devastación mucho mayor de los ecosistemas naturales.

El bosque Dukuduku, que forma parte del Sitio Patrimonio de la Humanidad “Greater St. Lucia Wetland Park”, es un ejemplo adecuado. Se estima que 30.000 personas se instalaron en el bosque entre 1990 y 2000, al mismo tiempo que las compañías forestales expandieron agresivamente sus intereses en el área. No sólo compraron fincas que previamente realizaban actividades agrícolas diversas, y las combinaron en grandes fincas madereras, sino que llevaron a cabo un movimiento concertado para promover el establecimiento de “parcelas forestadas” en tierras tribales cercanas de propiedad comunitaria. Esas dos formas de aumentar el suministro de madera para sus voraces aserraderos de celulosa y papel condujeron al desplazamiento de miles de trabajadores rurales y habitantes pobres del campo.

Para empeorar aún más las cosas, las compañías madereras comenzaron a aplicar programas de “racionalización” que condujeron al despido de miles de trabajadores de las plantaciones. En un solo día, SAPPI redujo el personal en sus operaciones en Kwa-mbonambi en más de 600. Los trabajadores permanentes fueron reemplazados por contratistas, que pueden tomar personal en forma temporal sin brindar los beneficios sociales normales del empleo. Muchos inmigrantes ilegales de países como Mozambique fueron atraídos por este tipo de empleos, ya que les permitían llevar dinero a sus familias sin que se les hicieran demasiadas preguntas. La combinación de todos los factores anteriores creí una situación en que los trabajadores contratados pobres (a los que se pagaba aproximadamente 1 dólar por día) quedaron con muy poco margen de opción salvo establecer sus hogares dentro del bosque, y complementar sus magros ingresos cortando o quemando bosque para abrir claros en donde cultivar alimentos o Cannabis.

Los impactos directos más fáciles de medir de las plantaciones forestales son a menudo los que son menos tenidos en cuenta, especialmente en el caso de las tierras comunitarias, donde las compañías obtienen en forma efectiva el uso gratuito de la tierra, sin adquirir ninguna de las responsabilidades que implica la propiedad. La pérdida de vegetación de praderas y humedales para dar lugar a las plantaciones conduce a la pérdida de pasturas para el ganado bovino y ovino. A esa pérdida se agrega el efecto negativo de las plantaciones de crecimiento rápido sobre la napa de agua. Fuentes de agua como arroyos, manantiales y estanques estacionales, con frecuencia desaparecen después de que se establecen las plantaciones. Esto no sólo afecta a los pobladores y su ganado, sino que tiene consecuencias graves para la diversidad de especies naturales de la zona.

En la medida en que las zonas de humedales se secan, las especies de los humedales se extinguen a nivel local. Hay muchas áreas que no han sido investigadas en profundidad y sin embargo están siendo transformadas antes de que eso ocurra. Es muy posible que especies que todavía no han sido registradas se están perdiendo sin que lo sepamos.

El desplazamiento de los pobladores de sus tierras crea una situación a la que se debe encontrar alternativas. En el mismo período en que las plantaciones se han difundido en las zonas rurales, ha habido un aumento marcado del número de personas que dejan sus hogares en el campo para intentar encontrar trabajo en las ciudades, y vivir en cualquier lugar en que haya tierra vacía para levantar allá un hogar temporal. Para muchos que no estaban preparados para renunciar a su estilo de vida tradicional, esta situación ha significado tener que llevar su ganado a zonas donde los animales puedan, si no pastar, al menos ramonear, lo que generalmente significa zonas ribereñas sensibles, a lo largo de ríos y cursos de agua. Para obtener agua para beber, el ganado abre senderos en las riberas escarpadas, lo que a su vez produce problemas de erosión del suelo.

Los efectos indirectos de las plantaciones en las áreas naturales cercanas nunca han sido investigados y cuantificados en forma adecuada. Quizás la FAO podría considerar la posibilidad de brindar fondos para realizar esta investigación.

Se podrían llenar varios tomos con los impactos directos de las plantaciones forestales sobre la biodiversidad, pero el espacio y el tiempo disponibles exigen que mencionemos aquísólo los más importantes.

El efecto más obvio de las plantaciones, y probablemente el peor, ha sido su tendencia a expandirse fuera de sus áreas originales, o a reaparecer en áreas en que se habían abandonado. La tendencia invasiva de las especies de árboles exóticos de las plantaciones ha tenido efectos devastadores sobre grandes áreas de este país. El peor es el de la Acacia negra australiana (Acacia mearnsii), pero las especies de eucaliptos y sus híbridos también han contribuido en forma importante al problema. Si bien existen programas coordinados por el gobierno para erradicar árboles exóticos, especialmente en áreas sensibles, el daño a la biodiversidad ya se produjo. El rociamiento con herbicidas y otras aplicaciones forman parte sustancial del procedimiento utilizado, y no se conocen bien los efectos del uso de estos productos químicos sobre las especies nativas. Se ha informado que estos esfuerzos han fracasado en algunos lugares debido al mal manejo o al uso de métodos incorrectos, y también debido a un seguimiento inadecuado.

De lo anterior surge que las plantaciones causan daños directos e indirectos al medio ambiente natural. Por extensión, se debe extender ese daño a una pérdida sustancial de biodiversidad.

En nuestro país, las plantaciones bajo manejo representan un área de más de 1,7 millones de hectáreas. Y la mayoría de ellas se establecieron sobre praderas y humedales con una gran diversidad de especies. Se ha estimado que la tierra invadida por especies exóticas, o que ha quedado abandonada después de haber sido utilizada para plantaciones asciende a más de 1,5 millones de hectáreas, principalmente en áreas de praderas, pero también significativamente en humedales y áreas ribereñas.

¿Es correcto llamar “bosques” a esas imposiciones artificiales sobre el paisaje? No importa qué argumentos presente la FAO, resulta claramente difícil inferir que las plantaciones de árboles son un “tipo de bosque”. Con el mismo argumento se podría afirmar que las langostas son un “tipo de pájaro” o que los campos de maíz son un “tipo de pradera”. Resulta por lo menos ridículo. Entonces ¿por qué la FAO está empeñada en ocultar la naturaleza real de las plantaciones para madera?

La razón más obvia es política. Los países del sur supuestamente son independientes, y tienen soberanía sobre sus pobladores y recursos. ¿O no la tienen?

Unida a la farsa neocolonialista está la necesidad percibida de mantener los “estándares” en el primer mundo. ¿Tiene tanto sentido poder denominar a los productos de madera de plantaciones industriales como “productos de bosques manejados en forma sustentable”!

Muchas gracias, países desarrollados del Norte, pueden conservar sus eufemismos y sus plantaciones. Nosotros queremos nuestras praderas y nuestros bosques.

Por: Wally Menne