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Sudáfrica: ¿Sappi Saiccor a punto de expandir su contaminante fábrica de celulosa?

Sappi, empresa sudafricana de la celulosa y el papel, tiene planes de ampliar la capacidad de su fábrica Sappi Saiccor en más de 200.000 toneladas anuales. Sappi Saiccor es la mayor productora de celulosa química (pulpa que puede disolverse) del mundo. Su fábrica en Umkomaas, unos 50 kilómetros al sur del puerto de Durban, produce actualmente cerca de 600.000 toneladas de celulosa química por año. La celulosa química se utiliza en productos como filtros de cigarillo, envoltorios de caramelos, un aditivo del jabón en polvo que impide que la suciedad se adhiera a la ropa y la sustancia para unir las tabletas de vitaminas. Casi toda la celulosa de Saiccor se exporta.

Saiccor (South African Industrial Cellulose Corporation Ltd) comenzó sus operaciones en 1955 y fue la primera fábrica que produjo celulosa química a partir del eucalipto. En 1988 Sappi compró esta empresa a Courtaulds (empresa química del Reino Unido) y a South Africa’s Industrial Development Corporation.

Sappi ha contratado a la firma consultora WSP Environmental para que lleve a cabo la evaluación del impacto ambiental de la ampliación que se propone. En noviembre de 2005, WSP elaboró un informe preliminar del alcance del proyecto (Draft Scoping Report) como parte del proceso de evaluación del impacto ambiental. Sappi espera que la construcción del proyecto, que costaría unos 300 millones de dólares, comience en enero de 2007 y finalice en octubre de 2008.

La oposición local a la expansión que Sappi se propone cuenta con el apoyo de ONGs ambientales y sociales, entre ellas de TimberWatch, groundWork y la alianza South Durban Community Environmental Alliance.

En su informe preliminar, WSP declara que luego de la expansión Saiccor necesitará otras 2.200 toneladas de madera por día. Durante una reunión pública realizada en agosto, Vicki King, de la consultora WSP, declaró que no habrá más plantaciones a consecuencia de la ampliación. Sappi propone cubrir esta demanda destinando a Saiccor la madera que hoy le vende a las fábricas de astillas. Esta declaración no es sincera. La expansión de Saiccor aumentará la demanda total de madera en Sudáfrica. Este aumento de la demanda conllevará nuevas plantaciones, aunque no sean propiedad de Sappi.

El 10 de noviembre de 2005 participé en una reunión pública organizada por WSP. Viajé hasta allí acompañado de Wally Menne de TimberWatch y Desmond D’Sa de South Durban Community Environmental Alliance.

Cuando llegamos, René Abrahams, de WSP, estaba en medio de una presentación en powerpoint. Más o menos dos minutos más tarde Menne preguntó si se podían hacer preguntas durante la presentación o si habría que esperar hasta el final. Shirleigh Strydom, el moderador contratado por Sappi, respondió que no habría preguntas durante la presentación pero que al terminar los expertos de Sappi podrían responder en forma individual las preguntas que se desearan formular.

Desmond D’Sa lleva muchos años luchando contra la propuesta de Mondi de expandir su fábrica de papel en Merebank. Esto ha llevado a que su umbral de tolerancia de la estupidez sea muy bajo: “Esto es una estupidez. ¿Cómo puede ser ésta una reunión pública si el público no puede hacer preguntas en público?”.

Strydom no tuvo otra opción que aceptar este argumento. Nos permitió hacer preguntas.

Una de las dispositivas de la presentación de Abrahams indicaba que las emisiones de CO2 de Sappi Saiccor “no se medían”. Sin embargo su conclusión fue que, después de la expansión, se esperaba que las emisiones de CO2 disminuyeran. Sentí curiosidad y quise saber más de las suposiciones subyacentes de esta conclusión, sobre todo porque otra de las diapositivas de Abrahams indicaba que aumentaría la cantidad de camiones, trenes y automóviles de paso por la fábrica. Por ejemplo, la cantidad de camiones transitando de y hacia el lugar aumentaría en 35%. Le pregunté si había tenido en cuenta el tránsito adicional al calcular las emisiones de CO2 y otros gases.

Abrahams no hizo mención en su presentación al aumento de los embarques necesarios para exportar la producción aumentada de Saiccor. Pregunté por qué se estaban omitiendo esos datos.

Abrahams respondió que las reducciones de las emisiones de CO2 tenían que ver solamente con las emisiones en el lugar mismo y que WSP esperaba que las emisiones disminuyeran a causa de la reducción de la combustión de carbón luego de la ampliación de la fábrica. Confirmó que los cálculos de WSP no tenían en cuenta ningún tipo de emisión causada por el aumento del transporte carretero o marítimo, tanto para Sudáfrica como para el resto del mundo.

Strydom, el moderador de Sappi, explicó que el informe preliminar de WSP era un estudio documental y que si Sappi no proporcionaba los datos sobre las emisiones de CO2 la consultora no podía incluir los números en el informe. Se harían más investigaciones durante la fase siguiente de la evaluación del impacto ambiental.

Después de la presentación conversé con Andrew Hall, director de proyectos de Sappi. Me dijo que en realidad Sappi había entregado a WSP las cifras correspondientes a las emisiones de CO2 y que la decisión de no incluirlas en el informe había corrido por cuenta de WSP.

Las emisiones de CO2 pueden no ser el peor problema causado por Saiccor. Pero, como señaló Desmond D’Sa durante la reunión, el hecho de que aparentemente WSP haya manipulado los resultados sobre las emisiones de CO2 en su informe preliminar no inspira confianza en el resto del informe.

Terminada la reunión una residente local me agradeció por haber participado. Me habló de su tos, que no terminaba de curar. Su esposo sufría de lo que llamaba fiebre del heno a lo largo de todo el año. Y hacía poco le había preguntado a su hijo, que trabaja en el campo no lejos de la fábrica de Saiccor, si la fábrica tenía mal olor ese día. Él le respondió que no sabía. Ya no podía percibir ningún olor.

En nuestro camino de regreso pasamos por la fábrica de Saiccor. En el aire del atardecer se elevaban doce columnas de humo. El viento soplaba en la dirección opuesta y sin embargo de la fábrica salía un olor espantoso. Aunque Sappi y sus pistoleros pagos de WSP Environmental declaren que la expansión reducirá las emisiones, no están tan dispuestos a considerar el prontuario de Saiccor, con más de 50 años de contaminación. En lugar de ampliar sus operaciones, Sappi Saiccor debería tal vez pensar en dar una compensación por los daños a la salud y a las formas de vida y sustento ocasionados por sus actividades comerciales.

Por Chris Lang, correo-e: http://chrislang.org, www.chrislang.blogspot.com