Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Sudáfrica: trabajadoras forestales bajo sistemas de subcontratación

Un estudio reciente llevado a cabo en el sector de plantaciones de árboles en Sudáfrica analiza el impacto de la subcontratación sobre las trabajadoras forestales. El informe señala que la subcontratación en la industria forestal está alineada con las tendencias comerciales globales y sirve para generar condiciones de empleo flexibles para beneficio de la industria. Por otro lado, la subcontratación ahorra en costos de equipos y gastos fijos que representan los empleados de tiempo completo, y evita tener que cumplir con las leyes laborales creadas por el Gobierno.

En Sudáfrica, el sector forestal emplea miles de trabajadores contratados, cuya mayoría son mujeres rurales, pobres, de color, con pocas fuentes de ingreso alternativas. Para evaluar hasta qué punto los empleos por contrato contribuyen a la reducción de la pobreza en el sector forestal, se entrevistó a un grupo de mujeres contratadas por empresarios forestales para trabajar en plantaciones pertenecientes a una empresa en KwaMbonambi.

La entrevista tuvo lugar en la “aldea forestal” de la empresa de plantación, donde fueron alojadas. La aldea está compuesta por sólidas casas de ladrillos e instalaciones comunes de cocina y lavado, ubicadas en lugares atractivos y bien mantenidos. Sin embargo, dentro de estas casas, da la sensación de tratarse más de un espacio para dormir que para vivir, ya que los únicos elementos que se encuentran dentro son colchones o trozos de cartón en el piso cubiertos con una frazada o un trozo de tela. Todo parece indicar que el hogar para estas mujeres es el lugar donde están sus hijos, en el pueblo rural con el resto de la familia. Los niños están autorizados a visitarlas pero no a vivir en la aldea de la plantación. Todas las mujeres son solteras, tienen entre 19 y 40 años y un promedio de cuatro hijos cada una. Son el único sostén para los niños y los otros miembros de la familia que han quedado en las zonas rurales.

El trabajo de todas las mujeres consiste en quitar la corteza de los árboles derribados. El descortezado requiere una gran resistencia física e implica un alto riesgo de accidentes. Comienzan a trabajar a las seis de la mañana y regresan a las tres o cuatro de la tarde. El jornal (en Rands, la moneda sudafricana) está actualmente en R42,50 de los cuales R6,50 se descuentan por concepto de alojamiento, dejando un ingreso diario de R36,00. Para ganar dicho jornal, deben completar su tarea, que consiste en pelar 35 árboles. Si no lo logran, deben hacerlo al día siguiente. Muchas de las mujeres comentaron que no llegan a completarla y que entonces utilizan los cuatro sábados del mes para hacerlo. Al final del mes, su recibo de pago refleja el equivalente al trabajo diario realizado y no la cantidad real de días trabajados. Las mujeres entrevistadas dijeron que ganan entre R500 y R700 por mes. Luego de comprar las provisiones para la familia les queda muy poco margen para comprar comida o ropa para ellas. La mayoría depende del crédito del almacén general local para poder alimentarse. Hacen una sola comida formal por día, de noche.

Los gastos mensuales incluyen una lista de alimentos básicos, el transporte a casa al terminar el mes, el transporte a la escuela para los niños; a esto se agrega la matrícula anual de la escuela y los uniformes escolares. Las mujeres gastan, en promedio, el 60% de sus ingresos en alimentos, aproximadamente R400 por mes.

Las mujeres no están sindicalizadas y no existen estructuras de representación de los trabajadores. No tienen acceso a jubilación, crédito ni seguro de salud. Si se enferman deben presentar un certificado médico para tener derecho a licencia por enfermedad. Una visita médica cuesta R100, lo cual está fuera del alcance de la mayoría. Si se accidentan durante el trabajo, el contratante les paga un número limitado de días libres y a partir de allí la trabajadora debe recurrir al seguro de desempleo. Si una trabajadora tiene un rendimiento insuficiente y se retrasa constantemente en sus tareas, o si falta por una semana, es despedida. Las trabajadoras despedidas tienen 10 días para desocupar su alojamiento. Con un porcentaje de infección por HIV/Sida que se estima en un 45% entre l@s trabajador@s forestales, el panorama es desolador: gran cantidad de trabajador@s sin dinero, enferm@s y mal alimentad@s, regresan a morir a las zonas rurales, sin beneficio alguno por sus años de trabajo.

Antes de comenzar la subcontratación, la mayoría de los trabajadores forestales pertenecía a sindicatos reconocidos que se hacían cargo de sus dolencias, asegurando una indemnización en caso de accidentes de trabajo y encargándose de las negociaciones salariales anuales. Pero el cambio a la subcontratación hizo desaparecer los sindicatos forestales. Cuando la cantidad de trabajadores fue reducida, los sindicatos perdieron miembros, los aportes bajaron, y se encontraron con poco dinero en efectivo. Los trabajadores contratados son mucho más difíciles de organizar que los trabajadores de tiempo completo, ya que están dispersos entre varios empleadores y muchos de ellos no tienen un lugar de trabajo fijo.

Hoy en día la mano de obra forestal está desmoralizada y vulnerable. Los trabajadores no tienen una vía para dar a conocer sus problemas o reclamar una compensación. No hay canales de negociación colectiva en lo referente a niveles de remuneración o condiciones de servicio. El único poder que tienen es su trabajo. Pueden trabajar y recibir una paga por el trabajo realizado, o pueden irse y unirse a la masa de desempleados.

El estudio concluyó que la industria forestal no es capaz de sacar de la pobreza crónica a la gran mayoría de los trabajadores forestales, sobre todo mujeres, ni de evitar que se empobrezcan aún más. Los ingresos son inseguros e inadecuados, no hay redes de seguridad financiera como los seguros por enfermedad o las jubilaciones, y los trabajadores están expuestos a un riesgo de incapacidad permanente que podría comprometer sus posibilidades de conseguir un trabajo en el futuro.

Extraído y adaptado de: “What role for forestry in reducing poverty in South Africa? Case studies of contractors in the forestry sector”, Jeanette Clarke and Moenieba Isaacs, Mayo 2004, http://www.wrm.org.uy/countries/SouthAfrica/Final_Report.pdf, enviado por Wally Menne, TimberWatch Coalition, correo electrónico: plantnet@iafrica.com.