Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Venezuela: la lucha contra las plantaciones de Smurfit

Smurfit Cartón de Venezuela, una subsidiaria de la transnacional irlandesa Jefferson Smurfit, que recientemente se fusionó con la norteamericana Stone Container (convirtiéndose así en la mayor productora mundial de papel y cartón), está tanto creando como enfrentando graves problemas en Venezuela.

Una fusión anterior con la también norteamericana Container Corporation en 1986, resultó en que la Jefferson Smurfit se convirtiera en la principal accionista de Cartón de Venezuela, cambiando su nombre al actual de Smurfit Cartón de Venezuela. Hasta ese momento, la planta de la empresa había producido pulpa de papel a partir de bagazo de caña de azúcar. En 1994 convirtió su planta para producir pulpa a partir de madera, a ser abastecida de sus plantaciones e inicialmente de madera de bosque tropical.

Las operaciones de la compañía en el Estado de Portuguesa han resultado en confrontaciones abiertas u ocultas con las comunidades locales, cuyas vidas y medios de sobrevivencia han sufrido (y continúan haciéndolo) a resultas de sus actividades. Al origen de toda esta problemática se encuentra el hecho de la concentración de tierras y poder en manos de una transnacional, bajo un trasfondo de carencia de tierras por parte de campesinos pobres locales.

La empresa comenzó adquiriendo tierras en 1986 y en la actualidad es propietaria de quince fincas, con un total de unas 27.000 hectáreas en el Estado de Portuguesa y de otras 7.000 en los Estados Lara y Cojedes. Al menos la mitad de dichas tierras han sido clasificadas como de prioridad agrícola. De acuerdo con la legislación venezolana, dichas tierras no podrían haber sido plantadas con árboles. Sin embargo lo han sido y gran parte de las mismas se encuentran hoy cubiertas de eucaliptos, pinos y melinas.

En 1997, la relación entre la Smurfit y las comunidades campesinas locales se encontraba ya en un nivel crítico a consecuencia de una fumigación aérea con herbicidas realizada por la empresa, que destruyó 190 hectáreas de cultivos de los campesinos e incluso provocó la intoxicación de escolares en la población de Tierra Buena. Súbitamente, la situación hizo explosión. Ese año, la Smurfit había adquirido una extensa finca de 2.700 hectáreas (La Productora), que hasta ese momento había estado dedicada a la producción agrícola comercial y a la cría de ganado. Los campesinos de dos comunidades adyacentes (Morador y Tierra Buena) habían estado a la espera de que se les adjudicara tierras de dicha finca en el marco del programa de reforma agraria del gobierno. Smurfit cambió totalmente la situación, no sólo por la plantación de árboles en esas tierras que los campesinos necesitaban para sus cultivos, sino también porque modificó la relación que los campesinos habían mantenido hasta entonces con el anterior propietario, que les autorizaba el libre acceso a la finca, incluyendo actividades de pesca y de caza. En ese contexto, la Smurfit cercó todo el predio con alambre de púas y contrató guardias para impedir el ingreso de gente a su propiedad.

El 14 de julio de 1997, los campesinos ocuparon La Productora, solicitando que el gobierno les asignara parte de dichas tierras. Como respuesta, se envió a la Guardia Nacional. La represión fue despiadada y cientos de hombres, mujeres y niños fueron brutalmente apaleados, baleados y arrestados. Muchos de ellos aún sufren de los daños físicos sufridos y aquellos sospechados de haber dirigido la operación todavía tienen sus movimientos restringidos y deben presentarse regularmente ante las autoridades. Pese a existir sobrada evidencia de las torturas infligidas a la gente (incluyendo fotografías y testimonios escritos), los responsables no han sido condenados y se mantienen impunes. Por el contrario, la represión continúa presente en la zona y el terror es la herramienta básica para intentar mantener a la gente alejada de las propiedades de la empresa. Se han traído desde Colombia perros especialmente adiestrados (incluyendo sus correspondientes perreros); se disparan ametralladoras durante la noche; el área es patrullada por vigilantes a caballo con sus rostros cubiertos con pasamontañas; se registran casas sin orden judicial; se efectúan disparos contra la gente frente a sus propias casas; las personas son detenidas en la carretera y son golpeadas si se les encuentra una caja de fósforos en sus bolsillos (algo considerado por la empresa como sinónimo de intento de incendio).

Para peor, las plantaciones no sólo están ocupando tierras que los campesinos necesitan desesperadamente, sino que también están impactando sobre otros recursos de los que dependen, tales como el agua, la caza y la pesca. La empresa ha sido tan despiadada con el medio ambiente como lo ha sido con la gente local. Sus impactos sobre los bosques y el agua son una consecuencia directa de sus actividades, en tanto que sus impactos sobre la biodiversidad son un subproducto del modelo de plantaciones industriales.

La deforestación forma parte de la política de la compañía. A pesar de disponer de extensas plantaciones, su planta de pulpa ha sido hasta ahora fundamentalmente alimentada con madera tropical, extraída tanto de sus propias propiedades como de predios de terceros. Aunque tal actividad es ilegal, la empresa logra “legalizarla” con la ayuda de algunos funcionarios públicos. Existe amplia evidencia de que la compañía ha deforestado en muchas de sus fincas. En el caso de la finca La Productora, obtuvo un permiso del gobierno para deforestar 600 hectáreas de bosque tropical altamente diverso. En otras de sus fincas, la tala de bosques se ha llevado a cabo ilegalmente. Además, cualquier persona puede observar camiones cargados de “leña” (designación genérica utilizada para evitar el control de especies legalmente protegidas de la corta), desplazándose de noche por las carreteras en dirección a la planta de pulpa Mocartel (propiedad de Smurfit) en el Estado Yaracuy.

Los impactos sobre el agua no sólo son el resultado (como sucede en el resto del mundo) del elevado consumo de agua por estas plantaciones de rápido crecimiento; en este caso son también el resultado de la destrucción de cursos de agua con bulldozers, que aplanan el terreno para poder así plantar más árboles (en particular melinas). Cada centímetro de tierra debe ser plantado. Los impactos sobre el agua son también consecuencia de la destrucción de los bosques ribereños que protegen los cursos de agua.

Animales, peces y plantas locales, que proveían muchos de los recursos alimenticios de la gente local también están desapareciendo a pasos agigantados a medida que sus hábitats naturales son sustituidos por desiertos verdes de árboles y a medida que se talan más bosques para alimentar la planta de pulpa.

Pese a todos los problemas que está causando, la compañía no parece estar teniendo éxito en cuanto a doblegar la determinación de la gente de oponerse a sus actividades y se abre un gran signo de interrogación respecto a cuanto tiempo podrán sobrevivir sus plantaciones (aún protegidas por alambrado de púas, perros y hombres armados), estando al mismo tiempo rodeadas de cientos de personas que odian a esos árboles y a la empresa que ellos representan. Si las plantaciones forestales son insustentables en general, en este caso parecen ser más insustentables que nunca.