Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Algo huele mal en el sur de Chile

Transcurridos 22 meses de construcción y con un retraso de casi cinco años de acuerdo a lo programado por Celulosa Arauco y Constitución (Celco), filial forestal del Grupo Angelini, el pasado 30 de enero Alejandro Pérez, Gerente General de Celco, anunciaba el inicio de la producción de su “Histórica Inversión”: la Planta Valdivia en la Región de los Lagos. El retraso se debió a la resistencia de organizaciones ciudadanas, ecologistas, indígenas, campesinas y particularmente de los habitantes de la localidad costera Mehuin, quienes por mas de tres años se movilizaron exitosamente para impedir que Celco llevara sus desechos líquidos a la Bahía Maiquillahue.

No había transcurrido un mes de iniciado el funcionamiento y las comunas cercanas alzaron su voz por los insoportables olores que provenían de la Planta de Celulosa: San José de la Mariquina por el Oeste (a cerca de 10 Km de la planta), Lanco y Loncoche por el Norte (cerca de 30 Km) y Valdivia por el sur (cerca de 60 Km), dependiendo de la dirección de los vientos se sentían agredidas por la fetidez del monstruo de Arauco.

El proyecto original contemplaba la construcción y operación de una planta industrial para la obtención de 550 mil toneladas anuales de celulosa Kraft blanqueada de pino radiata y eucaliptos que requerirá 2,24 millones de m3 y 563.000 m3 respectivamente, equivalentes a aproximadamente 5.000 hectáreas por año. El sistema de blanqueo es el ECF (Elemental Chlorine Free o libre de cloro elemental), que se promociona en forma engañosa tratando de hacer creer que el proceso no usa cloro (en este caso se usará Dióxido de Cloro), que no es el Sistema TCF (Total Chlorine Free o totalmente libre de Cloro). La vida útil del proyecto es de más de 20 años, considerando una inversión de US $ 1.045 millones.

El volumen de los impactos de acuerdo a los datos del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) se pueden apreciar en la información que entrega la propia empresa. En emisiones a la atmósfera se lanzarán al aire 2,4 ton/día de Material Particulado; 3,04 Ton/día de Dióxido de Azufre (SO2); 4,69 Ton/día de Óxidos de Nitrógeno (NOx) y 0,25 Ton/día de Compuestos de Azufre Reducido (TRS) responsables del olor característico del proceso de producción de celulosa. En descarga de Residuos Líquidos, 900 Litros/Seg. (RILES) y 250 lit/sg de Aguas de enfriamiento; en total, 1.145 Litros/Sg descargados al río Cruces. Adicional a esto se generan 1450 m3/mes de lodos provenientes del tratamiento terciario de Riles y 40.100 m3 /año de otros residuos sólidos.

El problema no se reduce a malos olores. Lo que comenzó con denuncias de la comunidad afectada por los olores nauseabundos arrastrados por el viento, terminó con una serie de irregularidades. Con lentitud y cierta tardanza las autoridades ambientales y sanitarias iniciaron acciones de fiscalización ante las reiteradas protestas ciudadanas. Las evidencias fueron tajantes y se determinó que la empresa no tenía sistema de control, abatimiento y monitoreo de los gases, al tiempo que inició sus faenas en febrero pasado sin contar siquiera con la recepción municipal de obras, pago de patentes y autorizaciones sanitarias, infringiendo de manera flagrante la resolución ambiental del proyecto.

Además, la empresa fue sorprendida con ductos adicionales que descargan residuos industriales líquidos que no fueron incluidos en el EIA. Cabe mencionar que los residuos industriales líquidos de la planta son vertidos al cauce del río Cruces el cual constituye el principal cuerpo hídrico del Santuario de la Naturaleza del Río Cruces, sitio protegido por la convención RAMSAR y a cuyo cuidado ambiental el gobierno de Chile se ha comprometido.

La empresa sigue vendiendo ilusiones. Lo siguiente forma parte de las promesas ambientales de Arauco frente a la oposición que desde 1995 han sostenido organizaciones ciudadanas. “La planta utilizará la más moderna tecnología para producir celulosa blanqueada” o “La tecnología utilizada resuelve los problemas de efluentes líquidos, residuos sólidos y gases”. En otros pasajes es más específica: “el color del efluente no será perceptible” y será “una planta sin problemas de olores”. “Las emisiones de TRS no serán detectables por el olfato humano en los lugares poblados aledaños al sitio del proyecto”. (Estudio de Impacto Ambiental. Proyecto Celulosa Valdivia, Agosto de 1997). “El proyecto Valdivia usará la última y mejor tecnología ambientalmente disponible, lo que la convierte en una de las tres mejores plantas de celulosa del mundo”. (Mario Urrutia gerente de ingeniería del proyecto. Diario Estrategia 1996).

Transcurridos cinco meses de funcionamiento, los hechos revelan la falta de seriedad de las promesas asumidas por la empresa. El Servicio de Salud abrió dos sumarios que terminaron con la sanción de multa máxima por 1000 UTM (US$ 48.000 aprox.) por infracciones al Código Sanitario, mientras que la Comisión Regional del Medio Ambiente (COREMA) le cursó dos multas, una por 500 UTM (US$ 24.000) y otra por 400 UTM (US$ 19.000 aprox.) por no cumplimiento de la Resolución Ambiental. Por otro lado, la Municipalidad de San José de la Mariquina, comuna donde está ubicada la planta, clausuró las instalaciones por no tener recepción municipal de las Obras, ni tampoco la patente industrial que la habilita para funcionar en ese territorio. La medida duró solo una semana. Personas y organizaciones ciudadanas presentaron además un Recurso de Protección en los tribunales de Valdivia, donde se solicita la paralización de las faenas de dicha planta, hasta que se den garantías a los recurrentes y en general a los habitantes de la provincia de Valdivia, que la recurrida dará fiel cumplimiento a las medidas de mitigación y monitoreo de la contaminación ambiental comprometidas en la Resolución de Impacto Ambiental. A la fecha, el fallo aun está pendiente.

De todo lo anterior se pueden extraer algunas conclusiones:

– Celco sigue mintiendo, ya que el proyecto que fue evaluado y resuelto por las autoridades era de 550 mil toneladas/año y al momento de iniciar su operación se anuncia una planta de 700 mil toneladas/año sin mediar modificación de la calificación ambiental.

– La única forma de legitimar política y socialmente proyectos de esta envergadura es sobre la base de la desinformación y haciendo ofertas engañosas respecto a los impactos ambientales y sociales.

– El poder de Empresas como Celco es tan grande, que actúan con total impunidad haciendo funcionar una inversión de más de US$ 1000 millones sin tener los permisos correspondientes y sin respetar los compromisos y normas ambientales. Las Multas son tan irrisorias que las incorporan en los costos de operación. Por otro lado está el Estado que permite y facilita la instalación de estas mega inversiones y no tiene capacidad técnica ni voluntad política para poner reales límites a estos proyectos.

– El conjunto de factores económicos y políticos que rodean a estos mega-proyectos nos indican que una vez instalados no es posible mitigar impactos ambientales y sociales que son consustanciales al negocio.

– Experiencias como éstas, demuestran que en Chile los grandes proyectos de inversión ponen en riesgo al ambiente, la salud de las personas y la sustentabilidad. Por su parte la población ya no confía en este tipo de inversiones, cuyos efectos se corroboran con el inicio de las operaciones de cada uno de ellos. La creciente oposición a estos proyectos se manifiesta en sucesivos conflictos ambientales que confrontan intereses económicos ambientalmente inescrupulosos y comunidades que no aceptan ser víctimas de nuevas injusticias ambientales.

Por: Lucio Cuenca Berger, Coordinador Nacional del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales OLCA, correo electrónico: l.cuenca@olca.cl