Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

“Bosques plantados” en el camino a Johannesburgo

Algunos errores conceptuales son difíciles de erradicar. Es lo que ocurre con el concepto de “bosques plantados”. Aun cuando es una definición cuya credibilidad se debilita cada vez más, el Proyecto de Plan de Implementación acordado en Bali durante la última Conferencia Preparatoria de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, insiste en llamar “bosques” a las plantaciones.

Y más importante aún, el Proyecto de Plan insiste en asignarles los mismos beneficios sociales y ambientales que brindan los bosques. La realidad demuestra que las plantaciones de árboles en gran escala generan pobreza, aumentan la desigualdad, afectan la seguridad alimentaria, agotan el agua y los recursos de la tierra, reducen drásticamente la biodiversidad, por mencionar tan solo los impactos más obvios. Desconociendo totalmente las pruebas existentes, el Proyecto de Plan dice que “El manejo forestal sustentable, tanto de bosques naturales como de bosques plantados … es crucial para lograr el desarrollo sostenible y es un medio fundamental para erradicar la pobreza, reducir significativamente la deforestación y detener la pérdida de biodiversidad forestal y de bosques así como la degradación de los recursos, y mejorar la seguridad alimentaria y el acceso a agua potable segura y energía asequible, destaca los múltiples beneficios de bosques y ñarboles tanto naturales como plantados, y contribuye al bienestar del planeta y la humanidad”.

Es obvio que lo anterior no augura nada bueno para los bosques, dado que las plantaciones son en la mayoría de los casos una causa directa de deforestación. Tampoco augura nada bueno para los pueblos de los bosques, cuya vida depende de los bosques y para quienes las plantaciones no ofrecen nada y en la mayoría de los casos son las causantes de que los expulsen de sus tierras tradicionales. Al utilizar esa definición, si se destruye un bosque para sustituirlo por un “bosque plantado” parecería que no se ha hecho nada perjudicial y que la “cubierta forestal” no ha cambiado en absoluto, escondiendo así el hecho de que el bosque –y las formas de vida de los pueblos del bosque– ha sido destruido definitivamente. Lo mismo se aplica a escala mundial: si se destruyen diez millones de hectáreas de bosques en un lugar y se plantan diez millones de hectáreas de eucaliptos en otro lugar, entonces parecerá que la cubierta forestal no ha cambiado en absoluto, escondiendo así la destrucción que efectivamente tuvo lugar.

Es tan difícil entender que un bosque es mucho más que un conjunto de árboles? Es tan difícil darse cuenta que la flora y fauna increíblemente rica que –conjuntamente con los árboles– conforma el ecosistema bosque, no puede ser “plantada”? Y qué pasa con los millones de seres humanos que habitan los bosques? También serán “plantados”? En realidad, el tema es tan sencillo que cualquiera puede entenderlo: las plantaciones no son bosques. Tan simple como eso. Por lo tanto, no es una cuestión de estupidez sino de intereses creados. Quiénes se benefician de que las plantaciones sean incluidas como “bosques”? Por qué no pueden aceptar discutir por separado los bosques y las plantaciones? A qué le temen? Aquí no se trata de cuestiones académicas o gramaticales, sino de que la definición puede determinar la conservación o destrucción de los bosques, la supervivencia o la desaparición de los pueblos de los bosques.

Por lo tanto, es crucial que los activistas que luchan por la defensa de los bosques y que concurran a la próxima Conferencia Cumbre de Johannesburg, presionen a los delegados gubernamentales para que adopten una redacción diferente que distinga claramente los bosques de las plantaciones. Esto sería una herramienta útil en la lucha contra la propagación de las plantaciones de monocultivos de árboles y a favor de la conservación de los bosques.