Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Chile: la sed infinita de los forestales

Lumaco (que significa “Agua de Luma”) es una comuna de paso dibujada en una gran zona de plantaciones forestales y comunidades empobrecidas. Ofrece muy poco para quedarse. Lumaco es parte de las comunas conocidas en Chile como forestales. La visión de futuro de la comunidad expresada en su Plan de Desarrollo Comunal 2000-2006 dice anhelar “una comuna con pobreza superada, limpia y ordenada, fructífera y progresista, con desarrollo y unidad, con expectativas, con educación intercultural, diversa, con buena calidad de vida para sus habitantes mapuche y no mapuche”. Pasemos breve revista a su historia.

Lumaco, ubicada en el centro sur del país, fue conocida como el “granero de Chile”. La degradación de décadas de agricultura intensiva, la transformación económica tras el golpe militar de 1973 que implementando el llamado “modelo exportador” hicieron que la actividad agrícola dejara de ser viable social y económicamente. Fue el contexto propicio para la imposición de un nuevo modelo productivo. La condiciones macroeconómicas más subsidios estatales alentaron el desarrollo de la industria forestal basada en monocultivos para exportación.

No obstante, Lumaco con una superficie de 111.500 hectáreas, en los últimos treinta años ha sufrido una importante reducción de su población; si en 1970 tenía 16.184 habitantes ya al 2002 eran solo 12.792, hecho que hay que comparar con un aumento en un 68% de la población nacional en general. Actualmente, el 68% es población rural y el 70% es indígena mapuche. Hay un intenso proceso migratorio vinculado a la búsqueda de mejores condiciones de vida y trabajo.

Lumaco también presenta elevados índices de pobreza, siendo una de las comunas más pobres de Chile. Así, el 60% de su población se encuentra bajo la línea de la pobreza y el 33% de ésta en extrema pobreza. Indicadores sociales relevantes son: el 23,7% de analfabetismo; el 26,3% de deserción escolar y una tasa de mortalidad infantil de 17,05 por mil. Esto pone en cuestión los supuestos beneficios del modelo forestal imperante en el país.

La expansión da las plantaciones ha sido un proceso explosivo. El 1988 el 14% de la superficie de la comuna tenía plantaciones, en tanto que al año 2003 ya llegaba al 52,5%, todo esto en desmedro del suelo de uso agropecuario y de bosque nativo. La transformación en las formas de utilización del suelo trajo como consecuencia cambios drásticos en la vida, la cultura y los ecosistemas.

Si se analiza la distribución de la tierra, nos encontramos con graves problemas en la desigualdad. El 50% de los predios ocupa el 10% de la superficie comunal donde habita el 80% de la población rural. En contraste, el 10% de los predios de mayor superficie representan el 55% de la superficie comunal. Si incorporamos al análisis la calidad de las tierras la desigualdad se incrementa aún más, el 85% de las pequeñas propiedades se encuentran en suelos con escasa aptitud agrícola y alta fragilidad ecológica.

Como en otras zonas de plantación intensiva, se puede observar los impactos ambientales severos que genera esta actividad: destrucción del bosque nativo (queda un 13% de la superficie original), disminución de la biodiversidad, problemas de salud en comunidades circundantes, contaminación del agua por plaguicidas y polen del pino, degradación de suelos entre otros. Un aspecto crítico es la desaparición de fuentes de agua en este sector. Las comunidades rurales se quedan sin abastecimiento de agua desde fines de la primavera hasta el inicio del otoño. Desaparecen las vertientes, los cursos superficiales, baja el nivel de los pozos; en definitiva las comunidades en el campo no tienen suficiente agua para sus actividades agrícolas y ganaderas y ni para el consumo humano. El gobierno y el Municipio, ante la situación de emergencia, se ven obligados a destinar gran cantidad de recursos públicos para distribuir y abastecer de agua para consumo básico a las familias vecinas a las plantaciones

En el caso de la comunidad indígena los efectos toman otras dimensiones en lo territorial, cultural y espiritual, pues el deterioro del mundo natural mapuche afecta la convivencia humana con lo espiritual. Cambios estructurales en la cultura mapuche, modifican el modo equilibrado de vivir y de solucionar los problemas.

La pérdida de espacio territorial, agravado por los fuertes impactos y degradación ambiental producida por la expansión de las plantaciones, han abierto un conflicto entre la comunidad mapuche, las empresas forestales y el gobierno. Los procesos de recuperación de tierras por parte del pueblo mapuche a partir de 1997 ponen en evidencia sus precarias condiciones de vida. También ha sido un espacio propicio para poner de relieve sus demandas político históricas, tanto territoriales como de reconocimiento como pueblo.

La respuesta del Estado ha sido propiciar condiciones jurídicas y sociales para que los empresarios forestales cumplan sus metas productivas y continúen con la expansión. Por un lado represión y criminalización: Por otro, resolver puntualmente algunos problemas que provocan que las comunidades se levanten y critiquen el modelo forestal. En esta dirección apunta la modificación del decreto Ley 701 que reorienta subsidios destinados antes a las grandes empresas forestales hacia pequeños propietarios agrícolas e indígenas, y el Programa Orígenes, de carácter asistencial, dirigido a la comunidad indígena y financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo. Adicionalmente, se promueven proyectos locales que desnaturalizan incentivos públicos y que obligan a la reconversión de antiguos agricultores a la actividad forestal. Así, esta estrategia de expansión se hace más compleja, opera a través del chantaje político y económico que no deja caminos alternativos. Se impone a la población la obligación de pensar su supervivencia y su futuro en el marco de las plantaciones.

En la actualidad la comuna de Lumaco vive bajo condiciones contrarias a los anhelos expresados por la comunidad al comienzo de este artículo. No obstante, en esta zona el pueblo mapuche ha puesto de manifiesto que el resguardo cultural puede ser una estrategia relevante para enfrentar al modelo forestal, defendiendo su derecho a pensar el paisaje y la naturaleza desde criterios propios, y al denunciar la presencia forestal como una invasión de sus territorios y de sus formas de vida.

Elaborado por Lucio Cuenca B. a partir del estudio de caso “Contexto económico y social de las plantaciones forestales en Chile: el caso de la comuna de Lumaco Región de la Araucanía”. WRM – OLCA, agosto 2005. Correo electrónico: l.cuenca@olca.cl