Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Diez años sin Chico Mendes

La destrucción de Acre, en el oeste de la amazonia Brasileña, comenzó en 1877, con el arribo de los campesinos provenientes del Nordeste, que escapaban de la sequía y la miseria. Ellos eran traídos a la selva como mano de obra barata para explotar el caucho, en beneficio de los llamados “seringalistas”, constituídos por poderosos grupos económicos brasileros y extranjeros. Se vieron incluso forzados a pelear contra los pueblos aborígenas de la zona: solamente diez de las sesenta naciones indígenas que viván en el valle del Jurua, en Acre, pudieron sobrevivir, y su población descendió drásticamente. Conforme fue pasando el tiempo, los “seringueiros” –trabajadores en la extracción del caucho- tuvieron que adaptarse a su nuevo ambiente, aprendiendo de las ancestrales tradiciones de los indígenas cómo vivir en la selva.

Francisco (Chico) Mendes, así como su padre, era uno de ellos. El nació en 1944 en Pote Seco, en el “seringal” de Porto Rico. Fue capaz de sobreponerse al ambiente de miseria y analfabetismo en que vivía, gracias a Euclides Fernandes Tavora, un refugiado político que vivían en la Amazonia, quien le enseñó a leer a la edad de nueve años, en una tierra sin escuelas. Por ese entonces, luego de la Segunda Guerra Mundial, la producción de caucho en el Brasil estaba sufriendo una severa crisis debido a la competencia de la producción en el Sudeste de Asia. Para la Amazonia lo peor todavía no había llegado.

En 1965, el Gobierno brasilero empezó a promover el “desarrollo” de la región amazónica, tratando de atraer inversores del Sur industrializado del país mediante programas de colonización. La propaganda decía que en Acre la tierra era abundante y barata. A comienzos de los setenta, empezó a construirse la carretera Transamazónica, con la cual se aceleró la desintegración de toda esa región. Entre 1970 y 1975 los “fazendeiros” –grandes terratenientes- adquirieron 6 millones de hectáreas de tierra en Acre, con apoyo del Estado. Impusieron el terror para intimidar a las mil familias de seringueiros que allí vivían: sus casas fueron incendiadas, su ganado matado, sus mujeres violadas. Al mismo tiempo, el bosque fue rápidamente destruido. Hacia 1975 desaparecieron 180.000 “seringuieras” (árboles de caucho) y 80.000 “castanheiras” (castaños) a causa del madereo y del fuego, realizados con el fin de liberar tierras para la agricultura comercial y la ganadería. Los recién llegados recibieron títulos ilegales de posesión de las tierras ocupadas por los seringueiros o ancestralmente habitadas por población indígena.

Los seringueiros empezaron a organizar la resistencia contra tal depredación. Se generaron los famosos movimientos de “empate” y Chico Mendes fue uno de los líderes de su pueblo. Estos consistían en que grupos de seringueiros y sus familias se trasladaban a diferentes lugares, donde había amenaza de corta o de incendio de la selva, oponiendo resistencia pacífica. Considerando sus fuerzas materiales, los “empates” resultaron ser un gran éxito, ya que 15 de un total de 45 realizados entre 1977 y 1987 resultaron victoriosos y en esos lugares la selva fue salvada. Sin embargo, el mayor impacto del movimiento se dio a nivel internacional. Lo que parecía ser tan sólo una lucha para la supervivencia a nivel local comenzó a ser percibido como un amplio movimiento ambientalista, que abarcada aspectos políticos, sociales y económicos. Se denunció públicamente la política del gobierno brasileño, que promovía un modelo de desarrollo insustentable, basado en la destrucción de la selva y en la miseria de los más pobres, así como el apoyo de la banca multilateral, que financiaba la apertura de carreteras en la región, por ejemplo, la BR 364 Porto Velho-Rio Branco, construida con dinero prestado por el BID.

Chico Mendes y los seringueiros promovieron entonces la idea de las llamadas reservas extractivistas. Estas son áreas donde se complementa la producción de caucho con la recolección de frutas, hierbas y otros productos. “Nosotros, los seringueiros, no queremos transformar la Amazonia en un santuario; sólo queremos que la selva no sea destruída. A la pregunta de cuál es nuestro propósito, respondemos que, además de discutir sobre nuestra lucha para frenar la destrucción, hemos empezado a pensar en una propuesta alternativa para la conservación de la selva amazónica. Esta propuesta se basa en la creación de reservas extractivistas. Los seringueiros no estamos interesados ni queremos títulos de propiedad, no queremos ser dueños de nuestra tierra . . . Estamos presentando una alternativa económicamente viable, que da prioridad a los productos extractivistas que existen en la Amazonia, los que hoy en día están amenazados y que nunca fueron tenidos en cuenta por el Gobierno brasilero” decía Chico en 1990.

Mientras tanto la violencia en Acre iba en aumento. Tras la muerte de uno de los líderes de los seringueiros en 1988, el Gobierno Federal estableció las primeras reservas extractivistas en Cachoeira y Sao Luis do Remanso. La furia de los fazendeiros alcanzó su punto máximo y el 22 de diciembre de 1998 Chico Mendes fue muerto por uno de ellos, mientras estaba en su casa en Xapiru. En un discurso pronunciado unos pocos días antes de su muerte Chico ya manifestó saber lo que le esperaba. Dijo: “Sólo quiero que mi muerte contribuya a terminar con la impunidad de los matones, los cuales cuentan con la protección de la policía de Acre, y que ya han matado a 50 personas como yo, líderes seringueiros, dispuestos a salvar la selva amazónica y a demostrar que el progreso sin destrucción es posible”.

Diez años después de ese trágico día algunas cosas han cambiado. Jorge Viana, estrecho colaborador de Chico, ha sido elegido gobernador de Acre. Pero el precio internacional del caucho sigue bajando, desestimulando su producción. Algunos de los seringueiros se han visto forzados a debastar bosque para plantar arroz, maíz y “feijao”. Se trata no sólo de que la destrucción de la Amazonia continúa, sino que se ha acelerado: en 1978, se llevaban deforestadas 13 millones de hectáreas, y esta cifra alcanzó los 37 millones in 1988 y 41 millones en 1990. No obstante, el nuevo gobierno de Acre está pensando en promover la diversificación de la producción en las reservas extractivistas, como forma de hacerlas viables, para así salvar a la selva y a los seringueiros. Eso es por lo que Chico vivió y murió.

Fuentes: Chico Mendes, “A luta dos Povos da Floresta”, Geografia, Pesquisa e Pratica Social, Terra Livre 7, 1990; Rodrigo França Taves, “O Acre dez anos depois da morte de Chico Mendes”, O Globo, 29/11/1998; Fundacion Proteger, “¿Quien era Chico Mendes?”, 4/12/98.